Gastronomía
Cierre Lavinia Madrid

Cierra la tienda Lavinia de Madrid y cae un mito

Este viernes se ha lanzado un comunicado que ha caído como un mazazo en el mundo del vino español. La tienda de vinos situado en la prestigiosa milla de oro del Barrio de Salamanca de Madrid, en la calle Ortega y Gasset 16, echará al cierre a principios de 2024. Rápidamente todos los medios de comunicación, las redes sociales y los iniciados en lo enológico han lamentado, la decisión de la empresa francesa de poner punto y final a esa aventura que empezó de manera fascinante como un nuevo concepto en una tienda de vinos frente a la tradicional monotonía del sector en España.

Thierry Servant

En 1999, Thierry Servant y Pascal Chevrot crearon en el viejo poblachón manchego un nuevo concepto de tienda de vinos que supuso un modelo de negocio radicalmente innovador. Al final fue Servant quien gobernó la empresa hasta 2015, cuando falleció a los 63 años en un accidente practicado senderismo. Heredó el cargo su hija, Charlotte Servant, junto a su marido, Matthieu Le Priol. Lo destacable de esta firma como marca de agua es una selección de vinos de mucha calidad y variedad, profesionales que defendían y seducía al cliente, amplitud y modernidad en la organización de la tienda, con un enganche gastronómico gracias a un restaurante de nivelazo en el corazón de Lavinia, “mucho más que una tienda de vinos”. De hecho, muchos de los viñadores nuevos han tenido escaño en los anaqueles de la tienda siempre abierta a la búsqueda del buen y raro productor.

Charlotte Servant

Su gran estandarte de esta revolucionaria casa que ha presentado en momentos cuentas de cifra de negocio superiores a los 35 millones de euros en sus tiendas, venta online y distribuidora, ha sido esta casa de Madrid, unida a la del centro de París, abierta en septiembre de 2002. La persiana se baja por unos confesados problemas con el precio del alquiler de un local en principio una zona muy cara. Ya hay un precedente con el cierre de la tienda Barcelona en 2011, cuando tras una década esos mismos problemas con el casero desembocaron en el chapazo catalán.

El comunicado difundido reflexiona: “ la empresa no contempla la apertura de una nueva tienda “flag ship” de características similares, puesto que el coste de la misma y las nuevas tendencias de consumo hacen más favorable un modelo con mayor peso de la actividad online combinada con tiendas de menor tamaño en zonas estratégicas como las que Lavinia instaló en la Moraleja o La Finca (esta última constituye uno de los proyectos más ambiciosos e ilusionantes del grupo y alineado con las nuevas demandas del mercado).”

La desaparición de una tienda que tiene una profunda carga simbólica seguramente obedezca a un consumo digital por el que se apuesta. La realidad es que el nivel de excelencia planteado por Lavinia, dirigida por el impagable Juanma Bellver, no ha sido seguido por el consumidor nacional de vino que, no nos engañemos, sigue siendo discreto respecto a otros países. Seguimos siendo el primer país en extensión de viñedo en el mundo, como ya proclamara Napoleón, el tercer productor después de Italia y Francia, pero la ratio de consumo de habitantes y año no nos deja en buen lugar. Aunque hay discrepancia en las cifras, la realidad es que no se alcanza ni de lejos la cifra de 30 litros por habitantes y año. Por no hablar por términos porcentuales del consumo del vino por encima de los 20 euros. Lavinia representa una cultura del vino que por encima de cualquier declaración y volumen de negocio está muy por encima del poco informado consumidor medio español. A lo que se une la incomprensión sobre su excelente selección de vinos franceses, los reyes del mundo.

No dudamos de las razones económicas esgrimidas en el alquiler de un local de 9 metros de fachada y casi 1000 metros en esa calle tan exclusiva, y que al parecer la propiedad no ha querido ni negociar. Pero en el fondo, la propia declaración de intenciones permite conjeturar que no se quiere seguir una tienda tan exclusiva, con tanta preparación en los sumilleres y con el privilegio de ser un oasis de buena vida en el corazón de Madrid. No solo cierra una tienda, sino que finaliza un sitio que será añorado por los enópatas.