Los padres de Pedro Sánchez también estuvieron en Bristol en la graduación de Ainhoa
Los padres de Pedro Sánchez también estuvieron en Bristol en la graduación de su nieta Ainhoa. Pedro Sánchez Hernández y Magdalena Pérez-Castejón Barrios, padres del presidente del Gobierno, asistieron, entre otros, a la ceremonia en el Great Hall (Gran Salón) del Wills Memorial Building, el edificio más emblemático de la selecta universidad británica y de la propia ciudad de Bristol (495.000 habitantes), situado en la zona alta de Park Street.
Sánchez, Begoña Gómez y los abuelos de Ainhoa, junto a otras dos personas más, ocuparon la misma fila: un lugar preferente, junto al pasillo, en la primera fila reservada a familiares. Por delante de ellos, sólo los padres (musulmanes) del alumno elegido por sus compañeros para hablar en nombre de todos. Ainhoa Sánchez Gómez cruzaba miradas, de vez en cuando, con sus familiares. La casualidad —o no— quiso que se sentara en la misma fila, unos metros más allá, en los lugares reservados a los nuevos licenciados.
La graduación es muy solemne, pero el padre de Pedro Sánchez no lleva corbata. Va con una camisa abierta blanca. Aparentemente, desde atrás, se ve a Sánchez (traje azul veraniego y corbata) apoyarse en el brazo de su padre en varios momentos de la hora y cuarto larga que duró el acto. A su edad, 80 años, esa camisa sin más quizá sea lo más apropiado para aguantar una ceremonia muy emocionante pero larga y pesada con el Gran Salón convertido en un horno, aunque Pedro Sánchez Hernández es manchego de Anchuras (Ciudad Real), tierra acostumbrada a temperaturas extremas por un lado y por el otro. En el exterior, en Queens Road, nada que ver con La Mancha, el asfalto es fuego y los termómetros rondan los 30 grados.
Ni Pedro Sánchez, ni Begoña Gómez, ni los abuelos cayeron en la cuenta de llevar un abanico español, como sí hizo Ainhoa. La chica repartía abanicazos a diestro y siniestro a sus compañeros de asiento, dando vida a su melena larga y abundante de ondas naturales. Desde atrás del salón, casi, se la distinguía por ello.

A la madre de Pedro Sánchez, todo un carácter, es a la que más se le ha visto moverse, ajena al sofocón general. La abuela de Ainhoa no ha dejado de grabar en todo momento, levantando por encima de las cabezas un iPad enorme de color rosa que, ciertamente, desentonaba un poco entre tanto color oscuro para una ceremonia solemne. Desde la distancia, imposible distinguir, si la funda rosa (muy rosa) del iPad de Magdalena Pérez-Castejón Barrios llevaba alguna pegatina o distintivo. La madre de Sánchez no es manchega. Hija de un murciano y una madrileña, su barrio fue siempre Puente de Vallecas, en Madrid.
Aunque son dos personas mayores, Pedro Sánchez Hernández y Magdalena Pérez-Castejón Barrios no se han situado, arropados en el centro entre Pedro y Begoña, sino al revés. Los abuelos han arropado, sentados a ambos lados, a Sánchez y a Begoña Gómez. Pedro Sánchez Hernández ha tenido que apoyarse en el asiento delantero durante los momentos de la ceremonia en los que el público ha permanecido en pie.
Viejos conocidos del PSOE
El padre de Pedro Sánchez, como la madre, es un viejo conocido del PSOE en la época de Felipe González. Bajo el manto de Carlos Solchaga, trabajó en el Banco Cantábrico y, tras pasar por el Ministerio de Agricultura, terminó como director gerente del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM). Su paso por el INAEM coincidió con la polémica y larga rehabilitación del Teatro Real de Madrid entre 1991 y 1997. Pedro Sánchez Hernández fue director gerente del INAEM, organismo directamente implicado en las obras, entre 1991 y 1996. Tres ministros de Cultura socialistas se vieron implicados en el proyecto y las obras: Jorge Semprún, Jordi Solé Tura y Carmen Alborch.
Las obras del Teatro Real sufrieron un retraso de años y un escandaloso sobrecoste. El padre de Sánchez siguió al frente del INAEM durante las obras. El presupuesto inicial estimado del proyecto en 1986 era de 5.800 millones de pesetas. El coste final fue el triple, superando los 16.000 millones de pesetas.
Después de pasar por la administración, el padre de Sánchez se dedicó a los negocios. La empresa Playbol fabrica y explota envases y embalajes de plástico. El padre de Sánchez alquiló el negocio a terceros, percibiendo rentas por el arrendamiento de la nave donde opera la empresa. Durante la pandemia, Playbol recibió ayudas estatales en forma de créditos ICO —un millón de euros del ministerio de Nadia Calviño— a través de una sociedad constituida por un empleado de la confianza del padre de Pedro Sánchez.
La facturación de Playbol creció exponencialmente desde la llegada de Pedro Sánchez al poder. En 2018, Playbol facturaba 1,3 millones de euros. Desde entonces ha facturado más de 20 millones de euros.
Pero ayer no era el momento de los negocios en el caluroso Great Hall del Wills Memorial Building de la Universidad de Bristol para Pedro Sánchez Hernández y Magdalena Pérez-Castejón Barrios, los padres del presidente del Gobierno. Era el momento de Ainhoa, que empezó ADE mirando al mundo empresarial, pero lo dejó, según contó Sánchez en una entrevista en YouTube durante la campaña electoral de las elecciones generales de 2023. A la hija de Pedro Sánchez le tiraba más, claramente, la psicología y la neurociencia. Carlota, la hija pequeña de Pedro Sánchez y Begoña Gómez, sí parece seguir los pasos de los negocios de su abuelo paterno, de su abuelo materno, Sabiniano Gómez, y de su madre. Estudia en la exclusiva, carísima, privada y católica universidad ESIC de Pozuelo de Alarcón en Madrid.
Temas:
- Begoña Gómez
- Pedro Sánchez