España

Un candidato independentista dice que los hijos de inmigrantes andaluces son «basura blanca»

Los hijos de los inmigrantes andaluces que llegaron a Cataluña en los años 60 y 70 son nuestra «basura blanca», el principal freno para hacer realidad el plan independentista de ruptura con España. Esta es la tesis que defendía el candidato separatista a la Alcaldía de Barcelona Jordi Graupera, en un artículo publicado en septiembre de 2012 en La Vanguardia y titulado, precisamente, White trash («basura blanca», en inglés). Al menos no se le puede reprochar que no hable claro.

Aunque procede de las juventudes nacionalistas de Convergència, Graupera ha sido elegido candidato a la Alcaldía de Barcelona en un proceso de primarias celebrado al margen de los partidos, e impulsado por el sector más radical del independentismo que califica de tibio a Puigdemont. Jordi Graupera asegura que su victoria en las Elecciones Municipales del 26-M será el primer paso para que los catalanes puedan «librarse de España».

Pero el principal obstáculo para lograr este objetivo es lo que él denomina la «basura blanca», los hijos de los inmigrantes llegados desde el resto de España que aún se resisten a hablar catalán: los «millares de parados sin estudios que la crisis del ladrillo deja a la intemperie», que habitualmente votan al PSC o no se movilizan en las elecciones.

Jordi Graupera recuerda que el término white trash procede de la novela El tío Tom, de Harriet B. Stowe: «Explica que la esclavitud no sólo produce esclavos miserables, también blancos aún más pobres, porque deben competir, sin recursos, con los esclavos. Tanto los blancos como los negros desprecian a esta pobre basura blanca. Hoy, el término se aplica a los blancos que viven en roulottes, sin expectativas, que no participan políticamente. Su héroe es Eminem».

«Si tensamos la cuerda, se alzarán»

«El término, asquerosamente despectivo, ilumina un tabú», admite Graupera. Pero el actual candidato a la Alcaldía de Barcelona lo utilizaba para analizar la situación sociológica de Cataluña, partida en dos por el independentismo.

«Los inmigrantes de los sesenta fueron utilizados como carne de cañón por el régimen a fin de diluir la cultura catalana, y por la burguesía, como mano de obra barata», señala en su artículo, «no salió del todo bien: muchos se integraron y prosperaron. A los que no, el PSC los tenía como reserva moral. Y a través de la intervención pública y la red clientelar, creó un cordón ideológico en sus barriadas, con la connivencia del Estado».

«Llevan treinta años haciendo de ellos una amenaza, voten o no», añade: «si tensamos la cuerda se alzarán. Pero la amenaza sólo era creíble si permanecían impermeables a la cultura local. Por eso se adulaba el folklore nostálgico del exiliado y se excitaba la retórica social como problema único».

El candidato separatista remata su tesis: «Es así como los marginaron económicamente y condenaron a sus hijos al white trash: aislados, protegidos por el paternalismo, sin acceso a la cultura. Sacrificados en el altar de su ambición en España. Los que salieron adelante, sin embargo, ya no funcionan como argumento: muchos se han vuelto más catalanistas que el PSC, y los que no, ya no compran el discurso marginal».

Trabajó en la fundación del 3%

Jordi Graupera considera un éxito que parte de los hijos y nietos de inmigrantes se hayan integrado y «vuelto más catalanistas que el PSC», tras décadas sometidos al sistema educativo de inmersión lingüísticas y al pensamiento único de los medios de comunicación subvencionados por la Generalitat.

Y reserva el término «basura blanca» para el resto de hijos de inmigrantes, que se resisten a romper con sus raíces y hablar catalán, por lo que constituyen el mayor freno y «amenaza» para que el independentismo pueda consumar sus planes: «Si tensamos la cuerda, se alzarán». El candidato no se distancia mucho del pensamiento supremacista de la ex presidenta del parlament Nuria de Gispert, quien pregona su solución para estos últimos hijos de inmigrantes: «¡Que se vuelvan a Cádiz!».

Amamantado en las juventudes independentistas de Convergència y  doctorado en Filosofía en Nueva York , Jordi Graupera ha trabajado para la Fundación CatDem, que de dedicaba a cobrar a los contratistas de la Generalitat mordidas del 3% para el partido de Jordi Pujol y Artur Mas, camufladas en forma de «donaciones». En unas recientes declaraciones, el ex director de la Fundación CAtDem, Agustí Corominas, decía que hay que «hacer mear sangre» a los constitucionalistas.