Petróleo

La liberalización de Delcy en Venezuela aumenta en 3.600 millones los beneficios de la segunda mayor petrolera de EEUU

Chevron ha sido una de las compañías más beneficiadas de la intervención estadounidense para capturar a Nicolás Maduro

Delcy, Venezuela
Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela (EP).
  • Julio de Manuel
  • Redactor de Economía en OKDiario especializado en actualidad internacional, defensa y geoeconomía

Chevron ha sido la compañía estadounidense más beneficiada del giro copernicano que ha dado el Gobierno de Venezuela. La liberalización decretada por Delcy Rodríguez debido a la presión de Estados Unidos ha abierto las reservas del país con más petróleo del mundo, lo que ha incrementado los beneficios de la firma estadounidense en más de 3.600 millones de dólares, equivalentes a 3.200 millones de euros.

Según los últimos datos publicados por la compañía norteamericana, Chevron aumentó sus beneficios derivados de la exploración y extracción de crudo (upstream en la jerga) un 69% durante los nueve primeros meses. La segunda mayor petrolera de Estados Unidos pasó de 5.229 millones de dólares de ganancias de la división internacional (excluido EEUU) durante los nueve primeros meses de 2025 a 8.946 millones de dólares este año.

La propia compañía reconoce en sus cuentas que este salto se debe, fundamentalmente, al aumento de la inversión y explotación de Venezuela y a los precios del mercado. «Los ingresos internacionales del sector upstream fueron superiores a los del año anterior, debido principalmente al aumento de los precios de venta y de las extracciones en Venezuela».

Tras la detención de Nicolás Maduro, Washington obligó al régimen chavista a liberalizar sus reservas a las compañías petroleras y supervisarlas. En particular, la Casa Blanca quiso beneficiar a sus compañías mediante la promulgación de leyes favorables a la inversión extranjera e incluso reunió a la mayor parte de los empresarios a una cumbre improvisada en Washington para aliarse con ellos.

En ese cónclave estuvieron todas las compañías que habían tenido o mantenían relaciones con el país sudamericano. Entre ellas, destacó la presencia de Repsol, cuya prospección en el campo de Perlas, compartida con Eni, ha sido una fuente de estrés durante años para la firma capitaneada por Josu Jon Imaz.

La corrupción del régimen chavista provocó el colapso de todo el aparato productor y exportador de petróleo de Venezuela. Para las empresas occidentales asentadas allí que no habían sido expropiadas, suponía contar con proyectos deficitarios y cautivos de la voluntad de Caracas.

La intervención estadounidense ha dado la vuelta a la tortilla y ha generado un clima de confianza en un momento en el que los mercados mundiales se encuentran sin suministro por la guerra en Oriente Medio y Ucrania.

Repsol ha señalado en sus últimas cuentas que «se mantiene orientado en contribuir al incremento de la producción del país y en la monetización de la producción correspondiente». Eni, por su parte, quiere centrarse en Venezuela, «reforzando nuestra presencia de larga tradición en el país» con tres prospecciones.

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