Un yerno de Juan Roig transforma una central nuclear abandonada en una piscifactoría con 3.000 toneladas de lenguados
La operación se enmarca dentro de la estrategia de diversificación de Atitlan
El grupo Atitlan, controlado por Roberto Centeno (yerno del presidente de Mercadona, Juan Roig), ha puesto en marcha uno de sus proyectos más ambiciosos con la reconversión de la antigua central nuclear de Lemóniz (Vizcaya) en una gran instalación acuícola. La iniciativa contempla la producción anual de hasta 3.000 toneladas de lenguado y supone la entrada del holding valenciano en un enclave simbólico de la industria vasca.
La operación se enmarca dentro de la estrategia de diversificación de Atitlan, que amplía su presencia en el negocio agroalimentario mediante su filial especializada Sea Eight. El proyecto fue presentado con el respaldo institucional del lehendakari, Imanol Pradales, junto al consejero delegado y cofundador del grupo, Aritza Rodero.
De central abandonada a polo industrial
La planta de Lemóniz nunca llegó a entrar en funcionamiento como instalación nuclear y quedó paralizada hace más de cuatro décadas. Ahora, el complejo será transformado en una piscifactoría dentro de los planes del Gobierno vasco para dar una segunda vida a infraestructuras industriales sin uso.
El proyecto movilizará una inversión de 170 millones de euros bajo un esquema de colaboración público-privada y prevé la creación de unos 200 empleos. Los terrenos donde se desarrollará la actividad pertenecen al Ejecutivo autonómico, mientras que la explotación se canalizará a través de la concesionaria Aquacría Basordas, que pasará a integrarse en Sea Eight.
La futura instalación ocupará cerca de 46.600 metros cuadrados. Según el calendario previsto, las obras arrancarán el próximo año y la comercialización de los primeros ejemplares de lenguado se iniciará en 2030.
Apuesta por acuicultura sostenible
Sea Eight ya cuenta con presencia en el sector con centros productivos en Gijón, Cambados y varias localizaciones en Portugal, como Torreira y Póvoa de Varzim. La compañía basa su modelo en sistemas de recirculación de agua (RAS), una tecnología propia que permite controlar el proceso productivo, escalar la capacidad y reducir el impacto ambiental.
La firma defiende su posicionamiento en el segmento de «lenguado premium de acuicultura sostenible», con el objetivo de consolidarse como referente internacional en este nicho.
Más allá de la acuicultura, Atitlan mantiene una estructura diversificada con inversiones en inmobiliario, agricultura, industria y servicios. En el ejercicio 2024, el grupo alcanzó unos ingresos consolidados de 302 millones de euros, un 27% más que el año anterior, con un resultado operativo (ebitda) recurrente de 24 millones, lo que supone un incremento del 60%. Además, gestiona activos por valor superior a 1.500 millones de euros.
Ese mismo año, la compañía duplicó su beneficio, firmando los mejores resultados de sus dos décadas de trayectoria, en un contexto de expansión hacia nuevos negocios como el que ahora lidera en Lemóniz.
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