Sinner despierta del sueño a un Rafa Jódar que cae con honores en Madrid
El español lleva al límite al número uno del mundo, pero claudica en cuartos de final
Jódar se lleva el cariño de Madrid un varias lecciones para el esplendoroso futuro que le espera
Hubo un día, hace poco más de un mes, que Carlos Alcaraz describió a Rafa Jódar como «irrespetuoso». Se refería, claro está, a lo estrictamente deportivo. A ese ímpetu con el que Jódar sale a pista a batirse con quien sea. Ocupe el puesto que ocupe en el ranking y tenga el nombre que tenga. El de este miércoles se llama Jannik Sinner y descansa en la cúspide del tenis mundial. Supongo que les suena. Impuso su ley e hizo claudicar (6-2, 7-6) a un Rafa Jódar que llevó al límite al italiano durante casi dos horas. El español pierde, pero se lleva aprendizajes valiosos.
El de Sinner y Jódar fue un reto en lo desconocido. Apenas se conocen entre ellos. De hecho, el primero espió al segundo durante su partido contra Fonseca. Cualquier pista era buena. Y uno suele temer lo inexplorado; conviene ser fiel a uno mismo. Eso hizo Jódar, el irrespetuoso, que tiene la flecha hacia arriba. Está en ese punto en el que todo le va de cara, todo le acompaña. Con esa inercia retuvo sus primeros servicios, con dos bolas de rotura salvadas incluidas.
Jódar fluía en una Manolo Santana convertida en su coto privado de juerga. «¡Vamos, Rafa!», brama la grada, abonada al grito de guerra de las últimas décadas. Sinner le niega un punto de break a Jódar y retiene el saque. El español, que hace seis meses se batía en el circuito universitario estadounidense, estaba tuteando al número uno del mundo, que no andaba cómodo. Hasta que se ajustó los machos y descifró al español.
Notó su abuso del juego de fondo y le castigó a base de dejadas, que a su vez confirman la evolución de Sinner hacia un tenista más completo. Es la última esencia que ha añadido a su tarro y Jódar poco a poco fue claudicando hasta el punto de no ganar ningún juego más en todo el set. Ahora el reto con lo desconocido le tocaba a él. A saber gestionar cuando el viento viene en contra, cuando los golpes propios no entran y los ajenos son quirúrgicos.
Del diván salió Jódar enseguida, tal vez sea ese el mayor aprendizaje que le deja el enfrentamiento contra Sinner. La toalla ejerció como acicate. Emergía con más clarividencia cada vez que se frotaba el rostro. En el tenis, quien consigue salir antes de la frustración, tiene mucho ganado. Así que Jódar, que anda en esa lección, volvió a lo suyo. Una mezcla entre el orden y el ataque. No especula ni espera; ataca y ataca.
Pero Sinner despeja el peligro como el campeón que es. Jódar da lo mejor de sí mismo para levantar tres bolas de rotura y encender la Manolo Santana, techada para la ocasión. A Sinner poco a poco se le va haciendo largo el partido. Mira la tierra, el techo, la grada… Pero se rehace enseguida para dar una lección de campeón en el tiebreak. Sin opción para Jódar, que cae con honores en Madrid. «¡Qué jugador!», se rinde el italiano al joven de 19 años. El futuro está en su mano.