Nadal atraviesa el muro del ‘Middle Sunday’ hacia la final de Wimbledon
Dos años sin competir en hierba no han sido suficientes para tumbar a Rafael Nadal. El tenista manacorense, en plena ola favorable de juego y sensaciones, ha logrado superar uno de sus escollos particulares en Wimbledon, la fatídica primera semana de competición. Tres partidos y tres victorias por la vía rápida antes de medirse a Gilles Muller, un especialista que ya sabe lo que es derrotar a Rafa del grande londinense.
Una vez pasado el conocido como Middle Sunday, en el que no se juegan partidos en el All England Club, Nadal tiene un récord envidiable de cinco finales en las seis ediciones de Wimbledon en las que pisó la segunda semana. El dos veces ganador del tercer Grand Slam del año está lejos de ser un especialista puro en pistas de césped, pero el desgaste de la superficie –más incidente si cabe en 2017– y la tensión mental le hacen ser tan favorito como cualquiera cuando llegan las rondas finales.
Rafa solo conoció el sabor de la derrota antes del último partido en este periodo en 2014, cuando cedió frente al entonces emergente Nick Kyrgios en un partido nefasto para el balear, correspondiente a la cuarta ronda. En el resto de ocasiones, si la adaptación de Nadal a la hierba es propicia, como ha sido el caso de la presente edición, la final ha sido el resultado mínimo para su equipo.
Hasta en cinco ocasiones, con un balance de dos victorias y tres derrotas, ha pisado Nadal la pista central de Wimbledon en el último domingo de torneo. En cambio, nunca, en las 11 participaciones que acumula en el césped del All England, ha caído en los cuartos de final o en las semifinales, dos partidos que hasta ahora han ejercido de autopista hasta el encuentro por el título para Rafael.
Muller, el verdugo de 2005
Pero Nadal, en esta ocasión, debe andar con pies de plomo hasta soñar con su tercer Wimbledon. Primero, por la lógica inactividad en hierba, y segundo, por su escollo inaugural en esta segunda semana, un Gilles Muller que no solo es uno de los pocos especialistas en césped que quedan en el circuito, sino que ya sabe lo que es apartar a Rafa del tercer Grand Slam del año. Lo hizo en 2005, un mes después del primer Roland Garros del español, y ahora, con un enfrentamiento intermedio en el que el actual número dos del mundo se impuso para igualar la balanza, vuelven a verse las caras.
Las sensaciones no pueden ser mejores y de lograr una victoria frente al luxemburgués el lunes, ya sí que podremos apartar la inactividad en hierba y la precaución después de tantas alegrías del discurso precavido con Nadal. Rafa estará preparado para seguir haciendo historia. Lo dicen los números.
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