Del Madrid de las remontadas, al de las goleadas
Si hay algo que ha caracterizado al Madrid de Zidane durante los últimos tiempos, ha sido su carácter guerrero y luchador de no rendirse hasta que el árbitro pita el final. Los partidos se complicaban con el paso de los minutos y lo que parecía un encuentro a priori fácil, acababa convirtiéndose en un dolor de cabeza, que terminaba -casi siempre- con un gol cerca del pitido final que daba la victoria a lo madridistas.
Unas veces se adelantaba el rival aprovechando la caraja blanca. En otras, se adelantaban y, pese a controlar el partido de principio a fin, veían como éste se complicaba o bien por un gol tonto, en una jugada aislada o como un último arreón del contrario ponía en serio peligro los tres puntos. Entre los más recientes, claros ejemplos son los partidos frente al Valencia o al Betis, ambos en el Bernabéu.
Pues bien, el no cerrar los partidos a tiempo y darle esperanzas al rival con rascar algo en sus enfrentamientos al conjunto blanco parece haber terminado. Con la BBC en el terreno de juego, muchas eran las veces que el conjunto blanco terminaba dependiendo de su pegada, de un cabezazo de Ramos o del salvador de turno que le solucionara el duelo.
Después, con el ‘plan B’, Zidane encontró una fórmula menos rocosa del Madrid, pero más vistosa. Sus chicos daban espectáculo por los campos de España pero seguían sufriendo… hasta que llegó Riazor. Aquel 2-6 marcó un antes y después en este Real Madrid. Y es que desde aquel día, en el que empezaron a ganar sobradamente sus partidos, sólo el Valencia y el Atlético -en la vuelta de semis de Champions- han conseguido complicarle algo la vida a los madridistas.
Con la magia de Isco y los goles de su pandilla, los blancos cerraron ante el Deportivo el partido antes del descanso. Con 1-3 en el marcador, el espectáculo no acababa, pues en el segundo acto caerían otros tres más. Ese desparpajo de la segunda fila, pareció contagiar a todos en Valdebebas, pues en el duelo de ida de las semifinales europeas contra el Atlético de Madrid, los de Zizou sellaron más de medio pase con un 3-0.
Desde entonces, son un vendaval. El conjunto blanco ha sacado el rodillo, sea quien sea el contrincante. Da igual que el Cholo quiera su Champions o jugartela con un Granada ya descendido. Juegue Cristiano o juegue Coentrao, el Real Madrid ha aprendido a solventar sus partidos con autoridad, a dar un golpe encima de la mesa y dejar claro que no se andan con titubeos y que van a por todas.
La victoria frente al Sevilla en la penúltima jornada de Liga y el aplazado ante el Celta eran dos claros escollos en el camino del Madrid hacia el título liguero y desde el pitido inicial del colegiado salieron a por los tres puntos. El Madrid ya no remonta, ahora golea. Ha pasado de sufrir a deleitarse, con el claro objetivo de conseguir un ansiado doblete que sería histórico y que cada vez ven más cerca en el Bernabéu. Sólo dos batallas separan a los guerreros de Zidane de él: Málaga y Juve.
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