Las claves de un destrozo histórico: así despedazó Simeone a un Flick temerario
El plan del Cholo pasó por atacar los espacios para generar superioridades por los costados
Flick buscó sin éxito un volantazo con los cambios, pero fue superado de principio a fin
Llorente abarcó todo el centro del campo y Griezmann dio una exhibición de inteligencia táctica
Nada puede salir mal cuando los teloneros de la ópera magna son Sabina y Leiva, pero el Atlético quería rock and roll. AC/DC irrumpió en la megafonía con el mismo vigor que los rojiblancos sobre el terreno de juego y Simeone por la banda. El Cholo dirigió la orquesta a su manera. Mientras daba órdenes, gesticulaba, protestaba, aplaudía… Todo en uno, como los productos de limpieza. Resulta imposible desvincular al técnico de la matanza del Atlético al Barcelona. Dibujó un planteamiento estrangulador que dejó sin respuesta a Flick y su defensa adelantada -un suicidio en el Metropolitano- y pone a su equipo con pie y media en la final de Copa del Rey.
Hubo retoques previos en ambas plantillas, huérfanas de sus respectivos faros en el eje. Ni Pedri ni Barrios. Tiró Flick de Casadó -sustituido a la media hora de naufragio azulgrana- y envidó Simeone con Llorente junto a Koke. Ganó omnipresencia el Atlético. Una silenciosa, como todo lo que hace Llorente. El suyo es un trabajo que no acapara focos, pero sí méritos. Sumó 9 recuperaciones y tuvo un 95% de acierto en el pase. Abarcó todo el centro del campo y más para liberar a Koke y facilitar la creación ofensiva, siempre por los costados.
El Atlético fue un martillo por las bandas. Siempre con la misma idea, atacar los espacios y generar superioridades. La secuencia se repitió en incontables ocasiones. Balón a Giuliano, futbolista de profesión y velocista de vocación y cambió a la banda contraria a la espera de un jugador que llegue desde segunda línea. Así ocurrió en los goles de Lookman y Julián Álvarez. Asistiendo el primero al segundo y más tarde el argentino le devolvió el regalo al nigeriano. Se liberó Julián y Ademola reprodujo su impacto inmediato en el Atlético.
Recital de Griezmann, el guardia pretoriano de Simeone
El desconcierto era tan evidente en el Barcelona que Flick agitó el banquillo a los 36 minutos de partidos. Para entonces, el Atlético había picado tres veces, le quedaba un picotazo en la recámara y había perdonado otras tantas. La banda de Balde fue un latifundio para Giuliano y Nahuel Molina, titular tan inesperado como sobresaliente. Mientras que Ruggeri, aplicado en la defensa con Lamine Yamal, también se prodigaba junto a Lookman cuando la ocasión lo mostraba.
El Atlético fue una máquina ejecutora del plan de Simeone, que tiene en Griezmann el cerebro pensante. El galo fue brújula de cabeza y puñal con el pie. Marcó, asistió y engrasó el juego rojiblanco con y sin balón. Fue indetectable. Sus movimientos atraían azulgranas y generaban espacios a sus compañeros. Ya suma cinco goles en Copa, su Copa. Simeone le situó como interior, algo más retrasado que de costumbre. A sus 34 años el físico le ha menguado, no así el toque, pues sigue siendo el jugador con mejor pie de la plantilla rojiblanca.
Fue sustituido con más de media hora por jugar, pero un rato suyo sigue siendo mucho. Griezmann fue sujeto y predicado en la histórica puesta en escena del Atlético. La última vez que el Barcleona se fue 4-0 abajo al descanso fue cuando el Bayern terminó endosando ocho goles. Flick fue el técnico de aquel Bayern y ahora, en el banquillo del equipo al que doblegó, se quedó sin respuesta ante la libreta táctica del Cholo Simeone. No encontró el volantazo por más que lo intentó. Acuchilló el Atlético y hundió al Barcelona.
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