Según la psicología, las personas que dicen palabrotas a menudo no es por mala educación: son mentalmente más fuertes
Las personas que no hablan por los grupos de WhatsApp no lo hacen por desprecio
No eres rara, eres más inteligente que la media y lo dicen los psicólogos
Las personas que buscan un diagnóstico en la IA no son irresponsables
Decir una palabrota tras golpearse el dedo, perder los nervios en un atasco o fallar una tarea complicada no es, según la psicología, un simple signo de mala educación. Diversos estudios científicos relacionan el uso de groserías con la resiliencia mental, la honestidad y una inteligencia verbal superior a la que se suele atribuir a quienes recurren a este lenguaje.
Un estudio titulado «Don’t Hold Back: Swearing Improves Strength Through State Disinhibition», firmado por Richard Stephens y su equipo de la Universidad de Keele junto con Nicholas Washmuth, de la Universidad de Alabama en Huntsville, y publicado en la revista American Psychologist en 2025, confirma este mecanismo con datos concretos.
Los investigadores sometieron a 300 participantes en total a una prueba de resistencia física, la flexión sostenida sobre una silla, mientras repetían en voz alta una palabra neutra o una palabrota de su elección.
Entonces, ¿es bueno decir palabrotas?
La respuesta de la ciencia es afirmativa, aunque con matices importantes. En el estudio de Stephens y su equipo, los participantes que decían una palabrota resistieron significativamente más tiempo en la prueba física que quienes repetían una palabra neutra. El análisis reveló que este efecto se explica por tres factores psicológicos: un mayor estado de flujo mental, más autoconfianza y menor distracción por pensamientos ajenos a la tarea.
Los propios investigadores describen el fenómeno como un estado de «desinhibición», en el que la persona deja de contenerse y da lo mejor de sí misma sin las barreras mentales habituales.
El beneficio no se queda en lo físico. Un estudio conjunto de la Universidad de Cambridge y otras instituciones halló que las personas que usan más profanidades suelen mentir menos, ya que no filtran su lenguaje para sonar políticamente correctos y, por extensión, tampoco filtran tanto sus opiniones reales. A esto se suma el trabajo de los psicólogos Kristin y Timothy Jay, que vincula un catálogo amplio de palabrotas con un vocabulario general más rico, derribando el mito de que se recurre a ellas por falta de palabras.
El matiz, según los expertos, está en el contexto. El efecto positivo aparece cuando la palabrota funciona como válvula de escape ante el dolor, el estrés o la frustración. Insultar directamente a otra persona o convertir la grosería en una muletilla constante anula estos beneficios y termina dañando las relaciones personales.
Qué recomiendan los psicólogos para usarlas a tu favor sin afectar tus relaciones
Los psicólogos comparan las palabrotas con un remedio de emergencia: funcionan bien en dosis controladas, pero pierden su efecto y generan problemas si se abusa de ellas. La primera recomendación es practicar el desahogo en solitario, expresando la frustración en voz alta cuando no hay nadie cerca, ya sea al golpearse con algo o al fallar una tarea. De esta forma se obtiene todo el alivio emocional sin afectar a otras personas.
La segunda clave consiste en separar la emoción del objetivo. Decir «este día es una mierda» en lugar de dirigir la grosería contra una persona concreta evita que el interlocutor se ponga a la defensiva y mantiene la conversación en un terreno menos hostil.
También conviene leer el contexto social antes de soltar una palabrota: solo genera cercanía cuando existe un código de complicidad previo entre quienes están presentes, y provoca el efecto contrario en ambientes formales o con desconocidos.
Los expertos añaden dos matices finales. Conviene evitar los términos discriminatorios o especialmente ofensivos, ya que el cerebro se desahoga igual con una grosería genérica que con una expresión hiriente. Y es importante no convertir las palabrotas en una muletilla constante, porque el factor sorpresa es precisamente lo que activa la liberación de endorfinas que produce el efecto calmante.
Lo último en Curiosidades
-
La reflexión de Gonzalo Bernardos sobre la vivienda que aplaude media España: «La mayoría considera que el piso es suyo por llevar muchos años de alquiler»
-
Después de 4.300 años una montaña turca de 157 metros podría sacar a la luz el verdadero paradero del Arca de Noé
-
Joan Manuel Serrat, cantautor español (82 años), sobre su jubilación: «El éxito fue hermoso, pero la libertad de elegir qué hago con mi tarde es, posiblemente, el mayor premio de mi carrera»
-
Las chinches de cama llegan en otoño, pero podemos mantenerlas alejadas con algunos métodos caseros y sencillos
-
Federico García Lorca, poeta: «Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro»
Últimas noticias
-
Sánchez se ríe del Congreso: no asiste al control por una «reunión preparatoria» de su encuentro con Macron
-
Victoria Luengo cuenta en ‘El Hormiguero’ una de sus peores experiencias laborares: «Casi poto»
-
Así queda la clasificación del grupo de España en la Liga de Naciones tras su victoria contra Croacia
-
Sevilla fue un clamor: “¡Ceuta no se vende, Ceuta se defiende!”
-
Resultado de España – Croacia: resumen online, goles y cómo ha quedado el partido de la UEFA Nations League (4-1)