Según los expertos en psicología, los niños que empiezan un dibujo una y otra vez hasta que les parece «correcto» no sólo están demostrando perfeccionismo
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Los estudios distinguen entre querer hacer las cosas bien y la preocupación desmedida por cometer errores. Ésta última puede llevar a pensar que ningún resultado es suficientemente bueno y a sentir miedo ante la opinión de los demás. Una investigación publicada en 2026 en European Child & Adolescent Psychiatry apunta a que el problema no son las metas exigentes, sino la sensación de angustia cuando no se alcanzan.
La diferencia se puede apreciar entre un niño que intenta corregir un dibujo con tranquilidad y otro que rompe el papel, llora o abandona la tarea al detectar el más mínimo fallo. Aunque ambas situaciones puedan parecer similares, la reacción emocional es muy diferente. Mientras algunos niños consideran los errores una oportunidad para aprender, otros los interpretan como una señal de que no son capaces de realizar una actividad.
No es simple perfeccionismo
El contexto familiar juega un papel determinante en esta conducta. Un estudio realizado con 203 niños de entre 8 y 12 años observó que las expectativas de los padres estaban relacionadas con un perfeccionismo más orientado a conseguir objetivos. En cambio, la crítica de los progenitores se asociaba con una tendencia más autocrítica, vinculada a su vez con emociones negativas.
Los psicólogos relacionan estas conductas con la intolerancia a la incertidumbre, entendiendo como tal dificultad para aceptar situaciones cuyo resultado no es el esperado o no se puede controlar por completo. En un seguimiento de un año en el que participaron 754 niños de 8 a 14 años, una mayor intolerancia a la incertidumbre se relacionó con la aparición posterior de síntomas obsesivo-compulsivos. Sin embargo, esto no significa que un niño que repite un dibujo una y otra vez presente necesariamente un trastorno.
Por otro lado, una investigación publicada en Journal of Experimental Child Psychology encontró una relación entre el perfeccionismo de los padres y el de sus hijos. También observó que una actitud más relajada favorecía la precisión sin necesidad de aumentar las conductas perfeccionistas. Por este motivo, en vez de limitarse a decirle al niño que su dibujo está perfecto, puede ser más útil preguntarle qué cambiaría o qué es lo que le molesta, ayudándole a buscar soluciones sin tener que empezar desde el principio.
Los investigadores aconsejan prestar especial atención cuando este comportamiento aparece de forma repetida en los deberes, los juegos o la elección de la ropa, especialmente si provoca un malestar intenso por pequeños errores o lleva al niño a dejar de hacer actividades que antes disfrutaba.
‘El niño perfeccionista’
«El perfeccionismo ha sido definido por algunos autores como un rasgo de la personalidad multidimensional caracterizado por la búsqueda de la perfección y el establecimiento de estándares de desempeño extremadamente elevados, acompañados de evaluaciones demasiado críticas del comportamiento de uno mismo y del de los demás. Sin embargo, y aunque atendiendo a la definición podamos considerar que es una característica poco deseable, la sociedad suele considerarlo un rasgo positivo y encomiable», explican desde Isabel Moya Psicólogos.
El perfeccionismo consiste en imponerse estándares muy altos y mantener una fuerte autocrítica. Ahora bien, no todos los niños perfeccionistas tienen un problema: algunos se esfuerzan por mejorar, quieren hacer las cosas bien y aceptan que pueden equivocarse, lo que se conoce como «perfeccionismo saludable».
En cambio, cuando el niño vive los errores como fracasos personales, se exige demasiado y su bienestar depende de conseguir resultados perfectos, puede tratarse de un «perfeccionismo desadaptativo». La clave no está en querer hacer las cosas bien, sino en el malestar que siente cuando no consigue el resultado que esperaba.
- Una de las principales características de los niños perfeccionistas es su necesidad de hacer las cosas de manera impecable. Buscan obtener las mejores calificaciones y alcanzar el máximo rendimiento en cualquier actividad o tarea que realizan, sin conformarse fácilmente con un resultado que consideran inferior al ideal.
- Al fijarse objetivos demasiado exigentes y, en ocasiones, poco realistas, estos niños suelen experimentar frustración cuando no consiguen lo que esperaban.
- Los niños perfeccionistas tienden a juzgarse con dureza cuando cometen errores o consideran que una tarea no ha salido como esperaban.
- El temor a equivocarse es otro de los rasgos más habituales del perfeccionismo infantil. Para algunos niños, sacar un ocho en un examen puede interpretarse como un fracaso.
- stos niños suelen interpretar la realidad en términos absolutos: blanco o negro, bueno o malo, todo o nada. Desde esta perspectiva, sienten que solo existen dos posibilidades: hacer las cosas perfectamente o fracasar, sin reconocer los resultados intermedios ni valorar los pequeños progresos.
- Los niños perfeccionistas dan muchas vueltas a sus errores, a las tareas que han realizado o a aquellas situaciones en las que temen equivocarse.
- Para ellos, la realidad puede reducirse a ganar o perder. Aspiran a ser los mejores en todo lo que hacen y les cuesta aceptar que otros obtengan mejores resultados.
- El perfeccionismo también puede reflejarse en la forma en que los niños se relacionan con sus compañeros. Suelen esperar que los demás alcancen el mismo nivel de rendimiento que ellos y pueden mostrarse muy críticos cuando esto no sucede.