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Por qué un chorrito de aceite en el fregadero suele ser más efectivo que limpiarlo constantemente

Limpiar el fregadero
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

El fregadero es uno de los elementos que más utilizamos en la cocina. En él lavamos alimentos, vasos, platos, cubiertos y todo tipo de utensilios, además de estar constantemente en contacto con el jabón, el agua, la cal y los restos de comida. Como consecuencia, aunque lo limpiemos a diario, poco a poco el acero inoxidable va perdiendo su brillo y empieza a mostrar marcas de agua y manchas. Normalmente, solemos recurrir a productos específicos para acero inoxidable con la esperanza de recuperar su aspecto original, pero la mayoría contienen sustancias químicas que pueden ser perjudiciales para la salud a largo plazo.

Afortunadamente, existe un truco muy sencillo y efectivo que recomiendan los expertos en limpieza del hogar: aplicar un pequeño chorrito de aceite después de limpiar el fregadero. Aunque pueda parecer extraño, éste sencillo gesto ofrece mejores resultados que limpiar el fregadero una y otra vez. La clave no está en que el aceite limpie la superficie, sino en que actúa como una capa protectora que dificulta que las gotas de agua dejen marcas visibles, realzando el brillo natural del acero inoxidable y dificulta que las gotas de agua dejen marcas visibles.

El mejor truco para conservar el brillo

La composición del acero inoxidable hace que sea muy resistente a la corrosión pero, al mismo tiempo, puede mostrar manchas, marcas y arañazos superficiales con el paso del tiempo. Lo primero y más importante es conocer cuáles son los factores que hacen que el fregadero se vea apagado: restos de jabón, acumulación de cal, gotas que se secan sobre la superficie, grasa acumulada y arañazos provocados por estropajos o utensilios. Muchas veces, el fregadero no está realmente sucio; simplemente tiene una fina película de minerales o marcas de agua que hacen que refleje peor la luz.

Según los expertos en limpieza del hogar, limpiar constantemente es un error. Cada limpieza implica utilizar agua, jabón y, en ocasiones, estropajos abrasivos. Si además no secamos bien la superficie, el agua termina evaporándose y deja nuevos restos minerales. Es decir, el fregadero vuelve a estar sucio a los pocos minutos. Por suerte, es un problema que tiene fácil solución: atender al acabado final.

Después de eliminar la suciedad, llega el paso que solemos pasar por alto: secar el acero inoxidable, ya que la humedad es una de las principales responsables de las manchas visibles. Una vez seco,  entra en juego el aceite, que crea una película extremadamente fina sobre la superficie que disimula pequeñas marcas, reduce el aspecto de las huellas, aporta un brillo uniforme, hace que el agua resbale con mayor facilidad y retrasa la aparición de nuevas manchas visibles. Con apenas unas gotas se consigue que la superficie recupere un aspecto uniforme y brillante.

No se trata de dejar una capa grasa, sino de extender una cantidad mínima hasta que prácticamente desaparezca. Cuando se hace como es debido, el fregadero no queda aceitoso al tacto. ¿Qué aceite debemos utilizar? Muchas personas utilizan simplemente aceite de oliva o aceite de girasol. Los pasos a seguir son muy simples:

  1. Limpia el fregadero con agua caliente y un poco de jabón neutro.
  2. Aclara bien para eliminar cualquier resto de jabón.
  3. Seca completamente con un paño de microfibra. Este paso es fundamental.
  4. Pon unas pocas gotas de aceite sobre un paño limpio (No directamente sobre el fregadero).
  5. Extiende el aceite siguiendo la dirección del pulido del acero.
  6. Pasa otro paño seco para retirar el exceso.
  7. El resultado debe ser una superficie brillante, no aceitosa.

No es necesario repetirlo todos los días. En una cocina de uso normal es suficiente con una o dos veces por semana, aunque si el agua tiene mucha cal, se puede repetir el proceso hasta tres veces por semana.

Si las manchas blancas persisten incluso después de limpiar, probablemente se deban a depósitos de cal. En ese caso, primero conviene eliminarlos con una solución de agua y vinagre blanco a partes iguales. Tras aclarar y secar completamente, ya se puede aplicar el aceite para devolver el brillo. ¿Y si el fregadero está muy rayado? El aceite ayuda a disimular pequeños arañazos superficiales porque mejora el reflejo de la luz, aunque no elimina rayas profundas.

Errores que conviene evitar

Hay varios productos que pueden deteriorar el acabado del acero inoxidable con el paso del tiempo: lejía, lana de acero, limpiadores con partículas muy abrasivas y productos con cloro sin diluir. Todos estos pueden rayar la superficie o alterar la capa protectora del acero. Por otro lado, muchas personas utilizan papel de cocina para secar el fregadero. Si bien puede servir en un momento puntual, el mejor resultado se consigue con un paño de microfibra: absorbe mejor el agua, no raya la superficie, no deja pelusas y facilita un acabado uniforme.

En definitiva, el secreto para que un fregadero parezca nuevo no consiste en limpiarlo una y otra vez, sino en cuidar el acabado final.

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