Psicología

La psicología llega a la conclusión de que los nacidos en en las décadas de 1960 y 1970 tienen hábitos que hacen parecer a las generaciones jóvenes mucho más suaves

Niños de la década de 1960
Niños de la década de 1960
Laura Mesonero
  • Laura Mesonero
  • Laura Mesonero Ortiz (Madrid, 2002) Periodista especializada en SEO editorial y desarrollo de audiencias digitales, con experiencia en medios nacionales de referencia como La Razón (Grupo Planeta), The Objective media y ahora en OkDiario. Experta en estrategia de contenidos orientada a Google Discover y Google Search. Perfil híbrido entre redacción, análisis de datos y visión estratégica.

Las personas que crecieron durante el franquismo y en los últimos años de la dictadura desarrollaron una forma de afrontar la vida muy distinta a la de las generaciones actuales.

En una época marcada por las dificultades económicas, una educación mucho más estricta y una escasa atención a la salud mental, muchos niños y adolescentes aprendieron a adaptarse a las circunstancias con los recursos que tenían a su alcance. Lo que hoy puede considerarse todo un drama o razón suficiente para prestarle atención, entonces solía quedar eclipsado por otras preocupaciones que la sociedad consideraba más urgentes. La escucha emocional apenas existía y conceptos como la ansiedad, el estrés o el bienestar psicológico no ocupaban el espacio que tienen hoy, por lo que la adaptación se convirtió en una necesidad para seguir adelante.

Este contexto explica, en parte, por qué muchas personas nacidas entre mediados de los años cuarenta y mediados de los sesenta desarrollaron una personalidad más resistente frente a la adversidad.

La psicología señala que las experiencias vividas durante la infancia y la adolescencia influyen en la manera de gestionar las emociones y afrontar los problemas, aunque los expertos recuerdan que esto no significa que unas generaciones sean «más fuertes» que otras, sino que cada una desarrolla habilidades diferentes en función del entorno en el que crece.

Seguir adelante pese a las dificultades

Uno de los rasgos más comunes es la tendencia a continuar con las obligaciones incluso cuando aparecen molestias físicas o situaciones complicadas. Para muchas personas de estas generaciones, el dolor o el cansancio no eran motivos suficientes para detenerse, salvo que la situación fuera realmente grave.

Hoy, sin embargo, los profesionales sanitarios insisten en la importancia de escuchar al cuerpo y acudir al médico cuando aparecen síntomas persistentes, ya que actuar a tiempo puede evitar complicaciones.

Reparar antes que comprar

Quienes crecieron en aquellas décadas aprendieron que los objetos estaban hechos para durar. Antes de sustituir un electrodoméstico, una prenda de ropa o un mueble, lo habitual era intentar repararlo.

Más allá del ahorro económico, esta costumbre refleja una mentalidad basada en aprovechar los recursos disponibles y evitar el desperdicio. 

Resolver los conflictos hablando

Las conversaciones incómodas no se evitaban con un mensaje de texto ni se aplazaban indefinidamente. Si existía un problema con un vecino, un familiar o un amigo, lo habitual era solucionarlo cara a cara o mediante una llamada telefónica.

Este modo de afrontar los conflictos favorecía una comunicación más directa y obligaba a desarrollar habilidades sociales para gestionar desacuerdos.

El compromiso tenía un gran valor

Cumplir con la palabra dada era una norma profundamente arraigada. Si alguien aceptaba asistir a una reunión o se comprometía con una tarea, lo habitual era cumplirlo incluso aunque el día señalado surgieran pocas ganas o apareciera el cansancio.

La responsabilidad personal y el sentido del deber ocupaban un lugar destacado en la educación recibida por estas generaciones.

Decidir sin exceso de información

Mientras que hoy resulta habitual comparar decenas de opiniones, consultar reseñas o analizar múltiples alternativas antes de comprar cualquier producto, quienes crecieron en los años sesenta y setenta solían tomar decisiones de forma mucho más rápida.

La psicología del consumidor lleva años estudiando cómo el exceso de opciones puede provocar el llamado «parálisis por análisis», aumentando la indecisión y la sensación de arrepentimiento tras elegir.

La autosuficiencia como forma de vida

Arreglar una avería doméstica, mover muebles o realizar pequeñas reparaciones eran tareas que muchos intentaban resolver sin pedir ayuda.

Esta autonomía respondía, en gran medida, a la educación recibida y a una realidad en la que contratar determinados servicios no siempre era posible o estaba al alcance de todas las familias.

Ir a trabajar incluso estando enfermo

Durante décadas, acudir al trabajo pese a encontrarse mal era interpretado como una demostración de responsabilidad y compromiso profesional.

Sin embargo, este hábito ha cambiado considerablemente. Actualmente, tanto los especialistas en salud como las empresas recomiendan descansar cuando existe una enfermedad para favorecer la recuperación y evitar contagios en el entorno laboral.

Una resiliencia forjada por el contexto

Los psicólogos recuerdan que estos comportamientos no son fruto únicamente del carácter individual, sino del contexto histórico y social en el que crecieron estas personas. Haber vivido esa etapa favoreció el desarrollo de estrategias de adaptación que hoy siguen presentes en muchos adultos y carentes en las generaciones más jóvenes.

No obstante, los expertos también subrayan que comparar generaciones únicamente desde la idea de que unas son «más fuertes» que otras resulta simplista. Las generaciones actuales se enfrentan a desafíos diferentes, como la hiperconectividad, la incertidumbre laboral o una mayor presión social, y han desarrollado otras competencias, entre ellas una mayor conciencia sobre la importancia de la salud mental y el cuidado emocional.

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