La psicología dice que los padres que siguen ayudando a sus hijos incluso cuando son adultos no lo hacen por interferir en sus vidas, sino que es un mecanismo para sentirse útiles
Expertos en psicología han explicado en los últimos años el motivo por el que los padres siguen ayudando a los hijos incluso cuando son adultos y tienen independencia económica
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Los expertos en psicología han puesto el foco en los últimos años en la figura de los padres que siguen ayudando a los hijos en su etapa de adultos, incluso en casos en los que tienen independencia económica. Uno de los principales motivos de que esto suceda no tiene que ver con la necesidad de interferir en sus vidas, sino que es un mecanismo para sentirse útiles en edades más avanzadas. Consulta en este artículo lo que dice la psicología sobre los padres que siguen ayudando a sus hijos cuando entran en fase adulta.
Esto es un clásico que ocurre en nuestro país y más con los problemas que tienen muchos jóvenes para acceder a un salario digno o a una vivienda: la figura del padre que sigue ayudando a los hijos incluso en su fase adulta. Los últimos estudios apuntan a que el 85% de los jóvenes de entre 16 y 29 años sigue viviendo con sus padres en nuestro país y esto se explica por los precios del alquiler y la precariedad económica de los adultos jóvenes de España. Esto es algo que también ocurre en el resto del mundo.
En esta situación es normal que los padres sigan ayudando a sus hijos, pero la psicología también ha puesto el foco con varios estudios en los progenitores que siguen ejerciendo una ayuda incluso cuando sus hijos están en fase adulta y tienen una independencia económica. Es decir, son capaces de apañárselas en el día a día sin la necesidad del apoyo de sus mayores. ¿Y por qué ocurre esto? Los expertos hablan de la necesidad de los padres de sentirse útiles.
Los padres que ayudan a los hijos
Pew Research Center publicó un informe el pasado 2024 con el titular «Padres, hijos adultos jóvenes y la transición a la edad adulta», en el que se pone de manifiesto que «la independencia financiera es un proceso en constante evolución» y que «pocos jóvenes adultos afirman que sus padres estén demasiado involucrados en su vida cotidiana». Este estudio deja algunas reflexiones importantes sobre la relación entre los padres y los hijos adultos.
«Al ver a sus hijos jóvenes adultos afrontar la transición a la edad adulta, los padres se sienten más orgullosos y esperanzados que decepcionados o preocupados», es una de las primeras ideas que expone este informe en el que también se publican datos: «La mayoría de los padres de jóvenes adultos (71%) afirma que los éxitos y fracasos de sus hijos reflejan su labor como padres».

De todos los padres encuestados, un 73% confesó comunicarse por mensaje de texto o por teléfono (54%) con sus hijos al menos varias veces por semana. Esto tiene el visto bueno de los hijos, ya que los jóvenes adultos están conformes con este nivel de participación y el 69% afirma que sus padres participan en su día a día tanto como les gustaría.
«La mayoría de los jóvenes adultos afirma que recurren a sus padres en busca de consejo, al menos ocasionalmente, sobre sus trabajos, finanzas e incluso su salud física», se puede leer en este estudio que también destaca que «la mayoría de los jóvenes adultos que son padres dicen buscar consejos sobre crianza en sus propios padres». En general, el 77% de los padres afirma que su relación con sus hijos adultos jóvenes es excelente o muy buena y «el 41% de los padres afirma que sus hijos adultos jóvenes dependen mucho o bastante de ellos para obtener apoyo emocional».
La necesidad de sentirse útil
El psicólogo Erik Erikson da explicación a este hecho en uno de sus trabajos más importantes: la Teoría del Desarrollo Psicosocial. En este estudio se pone de manifiesto que la necesidad de sentirse útil es el motor central de la adultez y este es el verdadero motivo por el que los padres se siguen involucrando en la vida de sus hijos aun siendo adultos.
Esta necesidad de sentirse útil, dentro de las ocho etapas que establece como predeterminadas a lo largo de la vida de toda persona, se vincula con la etapa de la generatividad frente al estancamiento de las personas que tienen entre 40 y 60 años. O lo que es lo mismo: la necesidad de trascender para dejar un legado a sus futuras generaciones. La generatividad y el hecho de sentirse necesitado por los demás luchan contra el estancamiento al que temen nuestros mayores. En la última etapa, que llega en la fase de la vejez, se produce la dicotomía entre la integridad de las personas que logran encontrar el sentido de la vida y la desesperación de los que piensan que ya no pueden aportar nada al mundo.
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