La psicología afirma que quienes tienen fantasías con otras personas no es por problemas en su relación: solo quieren conocerse mejor
Que la imaginación se cuele durante el sexo no es algo exclusivo de parejas con problemas. Las fantasías con otras personas aparecen tanto en relaciones satisfechas como en las que atraviesan momentos difíciles, y su presencia no distingue entre quienes se llevan bien y quienes no. Lo que señala la investigación psicológica es que lejos está de ser lo que muchos suponen.
Y es que, durante años, se las ha asociado a la insatisfacción de pareja o al deseo de cambiar de vida. Pero la investigación reciente plantea otra lectura, respaldada por datos concretos.
Fantasear con otras personas no refleja problemas en la relación
Un estudio publicado en 2026 en la revista Archives of Sexual Behavior, a cargo de las investigadoras Aki M. Gormezano y Sari van Anders, analizó los patrones de fantasía de 546 adultos en relaciones estables de al menos seis meses. El objetivo era comparar qué imagina la mente durante la masturbación y durante el sexo en pareja.
Los resultados mostraron que el 38% de los participantes admitió tener fantasías con otras personas durante el sexo con su pareja, frente al 35% que se concentró únicamente en quien tenía al lado.
El dato más relevante, sin embargo, no fue ese porcentaje: no se encontró ningún vínculo entre fantasear con terceros y la insatisfacción relacional, el desapego afectivo ni el deseo de separarse.
Las autoras concluyen que la mente humana tiene capacidad para separar el afecto real del territorio de la imaginación. Estar comprometido con alguien y fantasear con otra persona no son fuerzas que se excluyan entre sí.
¿Qué cambia en la imaginación cuando hay una pareja presente?
Los mismos datos del estudio revelan un contraste llamativo. Durante la masturbación solitaria, el 56% de las fantasías se orientaban hacia personas ajenas a la relación, mientras que solo el 26% pensaba en su pareja.
Durante el sexo en pareja, esas cifras se reorganizan: las fantasías con terceros bajan al 38% y las centradas en la pareja suben al 35%. La mente adapta su imaginario al contexto.
Este comportamiento sugiere que fantasear con otras personas no refleja un deseo sostenido, independiente de lo que ocurre en el momento.
Una revisión publicada en Current Opinion in Psychology en 2023 por Lehmiller y Gormezano, que recogió décadas de investigación sobre fantasías sexuales, llegó a una conclusión similar: muy pocas son realmente inusuales.
Lo que la sociedad percibe como tabú resulta, en general, mucho más extendido de lo que las personas están dispuestas a reconocer en público.
¿Por qué las fantasías con otras personas se vinculan al autoconocimiento?
Más allá de lo que dicen o no dicen sobre la relación, las fantasías sexuales tienen un papel bien documentado como herramienta de autoconocimiento.
Funcionan como un espacio de exploración interna donde afloran preferencias, miedos o curiosidades sin consecuencias reales. No es raro que alguien fantasee con situaciones que en ningún caso querría llevar a la práctica.
La sexóloga Lydia Parrilla ha señalado que las fantasías son «un espacio seguro para explorar», una forma de deseo que no implica ninguna intención de actuar.
Por eso, cuando una persona se pregunta si sus fantasías con otras personas son una señal de alarma, la respuesta que da la psicología es casi siempre la misma: no son un síntoma, sino una herramienta para conocer mejor el propio deseo.
Las fantasías también tienen efectos documentados sobre el bienestar. Estas mantienen activo el deseo, reducen la tensión acumulada y estimulan la creatividad erótica dentro de la pareja.
Según datos europeos señalados por el portal Ethic, el 63% de la población ha tenido este tipo de fantasías, y el 67% de ese grupo ha llegado a materializar alguna. La mayoría, sin embargo, no necesita convertirlas en realidad para que cumplan su efecto.