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Ni en la panera ni en bolsas de plástico: el lugar que recomiendan los panaderos para guardar el pan en verano y evitar que se seque

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

El calor del verano seca el pan en pocas horas, y muchas personas intentan evitarlo guardándolo en bolsas de plástico o en la panera de toda la vida. La panadera Beatriz Echeverría, fundadora de El Horno de Babette, advierte que estas dos costumbres son precisamente las que más aceleran su pérdida de calidad.

Echeverría explica un método mucho más sencillo para alargar la vida del pan: envolverlo en un paño limpio de lino o algodón. Con este truco, la pieza puede mantenerse en buen estado hasta cinco días durante los meses más calurosos del año.

Por qué el pan se conserva mejor envuelto en tela

El paño actúa como una barrera transpirable. Deja salir la humedad justa para que el pan no se seque demasiado rápido, sin exponerlo al aire libre de forma excesiva. Echeverría recomienda además guardar la pieza en un lugar fresco y seco, alejado de la luz solar directa, de fuentes de calor y de alimentos con olores intensos que puedan alterar su aroma.

El tipo de pan también influye en su duración. Las hogazas de masa madre aguantan mejor que las barras pequeñas gracias a su tamaño y a una corteza más gruesa. Una vez empezada la pieza, conviene proteger la zona del corte para reducir su exposición al aire y frenar la pérdida de humedad.

La conservación empieza antes de guardar el pan. Echeverría desaconseja cortarlo cuando todavía está caliente o templado, porque la miga conserva en ese momento mucha humedad y esa humedad se pierde más rápido si se corta antes de tiempo.

Su recomendación es dejar que la pieza se enfríe por completo sobre una rejilla, un paso especialmente importante en las hogazas de masa madre, integrales o de centeno, que retienen más humedad y necesitan más tiempo de reposo.

Por qué el plástico arruina el pan en verano

El plástico corta por completo la circulación del aire y atrapa el vapor que el propio pan libera al enfriarse. Esa humedad regresa a la corteza, la ablanda y le quita su textura crujiente, mientras la miga se vuelve chiclosa y pierde la consistencia original.

El calor retenido dentro de la bolsa, además, crea un ambiente parecido a un invernadero que favorece la aparición de moho: en verano, un pan guardado así puede llenarse de hongos verdes o blancos en solo un par de días.

El papel y la tela funcionan de forma opuesta. Absorben el exceso de vapor pero retienen la humedad justa para que la miga no se endurezca, permiten que el aire circule y mantienen la corteza crujiente durante más tiempo. Como ventaja adicional, actúan como barrera frente a moscas y hormigas, muy habituales en la cocina durante los meses de verano.

Qué otros consejos ayudan a conservar el pan en verano

Cortar solo la cantidad que se va a comer y dejar el resto de la pieza entera protege la miga interna, porque la propia corteza actúa como escudo natural. Colocar la zona cortada hacia abajo, apoyada sobre una tabla de madera o sobre el paño, tapa la vía por la que escapa la humedad.

Quien no tenga un paño de tela a mano puede recurrir a las bolsas de papel de la panadería, que también dejan respirar al pan. Conviene además alejar la pieza de zonas calientes de la cocina, como el microondas, el horno, la nevera o una ventana con sol directo.

Para conservaciones más largas, la congelación en porciones sigue siendo la opción más fiable, cortar el pan en rebanadas, guardarlo en una bolsa bien cerrada y sacar solo lo que se va a tostar en el momento.

Si el pan ya se ha puesto duro, unas gotas de agua por encima y cinco minutos en el horno a 180 grados le devuelven parte de su textura crujiente. Y si ya no hay forma de recuperarlo, el pan seco todavía sirve para rallar, hacer picatostes, torrijas o migas, en lugar de terminar en la basura.