Kierkegaard, filósofo danés: «La vida debe comprenderse hacia atrás, pero debe vivirse hacia adelante»
El filósofo danés defendió que mirar atrás puede ayudarnos a entender quiénes somos
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Hay una reflexión de Kierkegaard que resume en pocas palabras una de las grandes paradojas de la existencia, ya que necesitamos mirar al pasado para comprender nuestra historia, pero estamos obligados a avanzar porque la vida continúa. «La vida debe comprenderse hacia atrás, pero debe vivirse hacia adelante» es una de las frases más conocidas del filósofo danés y plantea una pregunta que sigue siendo actual, ya que ¿cómo podemos aprender de lo que hemos vivido sin permitir que aquello que ya ocurrió determine nuestro futuro?
Mirar atrás para comprender
Kierkegaard escribió esta reflexión en sus diarios en 1843, cuando todavía estaba desarrollando algunas de las ideas que terminarían convirtiéndolo en uno de los grandes pensadores de la filosofía contemporánea. En el texto original explica que la vida debe comprenderse hacia atrás, pero añade inmediatamente que también debe vivirse hacia adelante. La referencia se encuentra en uno de sus diarios, dentro de los escritos conservados del filósofo.
La primera parte de la frase tiene que ver con la necesidad de interpretar nuestra propia historia. Las experiencias, las decisiones y los errores permiten descubrir por qué hemos llegado hasta el presente. Sin embargo, comprender el pasado no significa que podamos regresar a él para modificarlo. Kierkegaard introduce precisamente ahí la segunda parte de su reflexión, ya que mientras intentamos comprender nuestra existencia, tenemos que seguir viviendo y tomando decisiones.
Mirar atrás para comprender
El propio Kierkegaard desarrolla esta idea en el mismo pasaje. Señala que, cuanto más se piensa en esa paradoja, más evidente resulta que la vida nunca puede comprenderse completamente mientras está sucediendo. El motivo es sencillo, ya que una persona no puede detener el tiempo y colocarse fuera de su propia existencia para observarla como si ya hubiera terminado.
Más de 180 años después de que Kierkegaard escribiera estas palabras, su mensaje continúa resultando especialmente reconocible. Todos tenemos acontecimientos que nos gustaría cambiar, decisiones que cuestionamos y etapas que nos cuesta dejar atrás. Sin embargo, ninguna de esas experiencias puede vivirse de nuevo exactamente de la misma manera.