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Reflexión

José Saramago, premio Nobel de Literatura: «Es una estupidez perder el presente solo por el miedo de no llegar a ganar el futuro»

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

El ser humano se paraliza ante lo desconocido; es algo propio de nuestra especie. Esta tendencia a «hipotecar» los días en busca de una seguridad futura obsesionaba a un genio como José Saramago, quien plasmó en gran parte de su obra la necesidad de rescatar el presente. Su perspectiva se centraba en cómo el sistema y los temores íntimos deterioran la autenticidad del individuo en su rutina.

La famosa frase que invita a no perder el presente por el temor a no alcanzar el futuro sintetiza parte de este pensamiento. Esta reflexión alude a que desmontar esa estupidez colectiva consiste en sacrificar la única certeza temporal que poseemos. Marcado por un origen muy humilde y una trayectoria profesional tardía, Saramago defendió siempre la resistencia frente a los automatismos sociales que despojan la vida de su valor real.

La advertencia de Saramago contra el miedo a perder el porvenir

El pánico a la inestabilidad suele empujar a las sociedades hacia una parálisis emocional. Sobre esta premisa, la célebre cita atribuida al premio Nobel de Literatura recuerda que el coste de protegerse contra la incertidumbre es, casi siempre, la renuncia a la propia vida. Esa fijación con el mañana anula la capacidad de acción y confina al individuo en una espera eterna.

Hijo de campesinos sin tierra y forjado en la escasez, las dificultades marcaron la juventud de José Saramago. El propio escritor relata en su autobiografía oficial para los ganadores del premio Nobel, compartida por la Fundación Nobel, que la falta de recursos económicos le obligó a abandonar los estudios generales por una formación técnica como mecánico.

Sin libros en el hogar durante su adolescencia, su sensibilidad literaria se cultivó gracias a los textos de las bibliotecas públicas y a manuales escolares de carácter antológico. Esta experiencia directa con la precariedad dotó a su mirada de un pragmatismo ajeno a los consuelos teóricos, lo que explica su rechazo a que el miedo dicte las decisiones del día a día.

El reflejo existencial en «La Caverna»

La frase «Es una estupidez perder el presente solo por el miedo de no llegar a ganar el futuro», de José Saramago, aparece en La Caverna.  La alegoría platónica sirve para entender la crítica que el autor realiza en esta novela del 2000. La trama de la historia se enfoca en Cipriano Algor, un alfarero anciano cuya subsistencia se quiebra cuando el Centro, un macrocomplejo comercial masivo, rechaza sus vasijas de barro para sustituirlas por plástico.

A través de este conflicto, el texto expone dinámicas sociales destructivas como:

El desasosiego que genera la transformación del entorno empuja a los personajes a mudarse al corazón de esa urbe artificial, en donde la búsqueda de una falsa estabilidad dentro del engranaje consumista despoja a las personas de su autonomía. El temor a la exclusión económica obliga a aceptar una supervivencia deshumanizada.

La trayectoria del Premio Nobel de Literatura en 1998 demuestra que el mañana se construye desde la reafirmación del ahora. Su propio éxito llegó tras décadas de trabajos secundarios, traducciones de autores como Tolstói o Baudelaire para mejorar el presupuesto familiar y periodos de desempleo por motivos políticos.

Cuando optó por dedicarse por completo a las letras a mediados de los setenta, lo hizo tras quedarse sin trabajo y bajo la necesidad de comprobar su valía en ese contexto.