Psicología

Los expertos en psicología coinciden: los humanos somos la única especie que sigue viviendo con sus padres tras la adolescencia

Imagen generada con IA.
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Aitana Pascual
  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

La adolescencia termina, pero para muchas personas la vida adulta no comienza de golpe. Diferentes estudios de psicología identifican una etapa de transición en la que los jóvenes siguen construyendo su identidad, tomando decisiones y, en muchos casos, viviendo todavía con sus padres. España lleva esta tendencia al extremo, ya que la edad media de independencia en los jóvenes ronda ya los 30 años.

Una etapa entre dos mundos

Cumplir 18 años no significa que una persona se convierta automáticamente en un adulto completamente independiente. Durante las últimas décadas, la psicología ha prestado especial atención a un periodo conocido como adultez emergente, situado aproximadamente entre los 18 y los 29 años. El concepto fue desarrollado por el psicólogo y profesor de la Universidad Clark, Jeffrey Jensen Arnett, para describir una etapa marcada por la exploración de la identidad, los cambios laborales y educativos y la búsqueda de independencia.

En estos años se produce una curiosa contradicción, ya que una persona puede haber alcanzado la madurez física y tener capacidad para tomar sus propias decisiones, pero continuar dependiendo parcialmente de su familia. Estudiar, encadenar trabajos temporales, compartir vivienda o regresar al hogar familiar después de una etapa fuera son situaciones cada vez más habituales. La independencia, por tanto, deja de ser un acontecimiento puntual y se convierte en un proceso progresivo.

España es un caso llamativo

Los datos europeos muestran hasta qué punto ha cambiado la forma de llegar a la edad adulta. Según diferentes estudios, los jóvenes de la Unión Europea abandonaron el hogar familiar en 2024 con una edad media de 26,2 años. En España, esa cifra ascendió hasta los 30 años, casi cuatro años por encima de la media comunitaria. Sólo unos pocos países europeos presentan edades de emancipación todavía superiores.

La diferencia tampoco se explica únicamente por una supuesta falta de madurez. El mercado laboral, el precio de la vivienda, los salarios, los estudios y las propias normas familiares influyen directamente en cuándo una persona puede vivir por su cuenta. En España, el coste de acceder a una vivienda independiente se ha convertido en uno de los principales obstáculos para los jóvenes, retrasando decisiones que en otros países europeos llegan mucho antes.

No somos los únicos que permanecen en casa

La idea de que los seres humanos somos la única especie que continúa viviendo con sus padres después de la adolescencia necesita una explicación. En el mundo animal existen ejemplos sorprendentes de vínculos familiares muy largos. Las orcas residentes, por ejemplo, viven en grupos familiares estrechamente ligados a las madres y, en determinadas poblaciones, tanto machos como hembras permanecen junto a ellas durante toda su vida.

Esto convierte la convivencia familiar en algo mucho más complejo de lo que parece. En algunas especies, permanecer junto a la madre aporta protección, conocimientos y ventajas para sobrevivir, ya que en los seres humanos, además, la familia puede proporcionar apoyo económico, emocional y social durante una transición que se ha alargado considerablemente.

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