Psicología

La psicología lo confirma: las personas que siguen escuchando las canciones de tu adolescencia tiene una razón y esto es lo que ocurre en tu cerebro

Psicología y canciones
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Todos conservamos un vínculo especial con las canciones que escuchamos durante la adolescencia. Normalmente, este fenómeno se atribuye única y exclusivamente a la nostalgia, pero psicológos y neurocientíficos señalan que  la explicación es mucho más compleja. Para comprender este fenómeno es necesario observar cómo funciona el cerebro cuando somos adolescentes; en esta etapa, aumenta la capacidad para aprender y las emociones se viven con mayor intensidad. Al mismo tiempo, las regiones cerebrales relacionadas con la identidad, los vínculos sociales y las emociones siguen desarrollándose, lo que hace que la música quede profundamente asociada a los recuerdos, las vivencias y la construcción de la personalidad.

A partir de los 25 años, el cerebro empieza a funcionar de manera diferente. En lugar de crear nuevas conexiones, se centra en reforzar y optimizar las que ya existen. Por eso, aunque podamos disfrutar mucho de la música que descubrimos en la edad adulta, es más difícil que llegue a tener el mismo impacto emocional que las canciones de nuestra juventud.

¿Por qué seguimos escuchando las canciones de la adolescencia?

Durante la adolescencia y los primeros años de la adultez coinciden dos procesos fundamentales: la formación de los recuerdos más significativos y la construcción de la identidad personal. Los científicos denominan «pico de reminiscencia» al periodo comprendido, aproximadamente, entre los 10 y los 30 años, cuando acumulamos una gran cantidad de recuerdos. Escuchar una canción de esa etapa puede despertar sensaciones, lugares o incluso aromas que parecían olvidados.

En 1989, los investigadores Holbrook y Schindler observaron lo siguiente: «En particular, la música que escuchaban en su juventud tardía e inicios de la edad adulta, que es una fase importante en la formación de la identidad, tiene significados personales relevantes durante las etapas posteriores de la vida».

Pero ¿qué explica que los recuerdos de la adolescencia y los primeros años de la adultez sean tan intensos? ¿Por qué esa etapa permanece en nuestra memoria con más fuerza que la infancia? La respuesta se encuentra, en parte, en el desarrollo del cerebro. Durante los primeros años de vida, estructuras como el hipocampo, esenciales para formar y consolidar los recuerdos, todavía están madurando.

Además, el psicólogo Dan McAdams sostiene que es en la adolescencia cuando comenzamos a construir nuestra identidad: «Padres, maestros, hermanos, amigos, orientadores universitarios, el mundo empresarial, los medios de comunicación y muchos otros aspectos de la sociedad moderna instan explícita e implícitamente a los adolescentes y adultos jóvenes a «hacerse una vida». Es momento de tomar decisiones sobre el futuro, sobre la educación, los servicios militares, el trabajo y, para algunos, el matrimonio y la familia», según recoge Popsa.

Estudio

Para respaldar esta teoría, un grupo de investigadores de la Universidad de Jyväskylä, en Finlandia, llevó a cabo el estudio «Recuerdos que resurgen a lo largo de la vida con música de significado personal». En la investigación participaron cerca de 2.000 personas de 84 nacionalidades y los resultados mostraron que las canciones con mayor carga emocional eran, en la mayoría de los casos, las que habían escuchado alrededor de los 17 años.

A esa edad, la corteza cerebral todavía está en pleno desarrollo y la plasticidad neuronal alcanza niveles muy elevados. Esto facilita que la música quede profundamente integrada en la memoria y se relacione con experiencias especialmente significativas, como el primer amor, un viaje con amigos o momentos compartidos con la familia. Sin embargo, el poder emocional de esas canciones no depende solo de los recuerdos que evocan. También influye el papel que desempeñan en la construcción de la identidad y en el sentimiento de pertenencia a un grupo durante una etapa clave del desarrollo personal.

El cerebro adolescente

«Es una época de maduración en la que el cerebro vive las llamadas podas neuronales, en las que analiza conexiones que hasta el momento no utilizaba. Por esto los adolescentes pueden hacer cosas mucho más complicadas y abordar temas profundos que de niños no estaban preparados para afrontar. Esto es clave para comprender su comportamiento, tan variable e impredecible que muchas veces puede irritar a los adultos: en el mismo día pueden tener reacciones muy distintas y oscilantes», explica UNICEF.

Durante la adolescencia, el cerebro presenta una sensibilidad especialmente elevada a la dopamina, un neurotransmisor relacionado con el placer, la motivación y el aprendizaje. Otro elemento clave es la oxitocina, una hormona y neurotransmisor que potencia el valor de las relaciones sociales. Asimismo, la serotonina, neurotransmisor encargado de regular el estado de ánimo, el sueño y el apetito, puede presentar importantes fluctuaciones durante la adolescencia.

Los adolescentes tienen la capacidad de razonar, planificar y tomar decisiones de manera lógica. También son capaces de distinguir entre el bien y el mal. Sin embargo, estas habilidades pueden verse fácilmente condicionadas por la intensidad de sus emociones y por la influencia del entorno social. En situaciones de estrés, excitación o presión del grupo, es más probable que actúen de forma impulsiva o asuman riesgos que normalmente evitarían.

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