Expertos celebran el milagro del oso y aplauden la increíble recuperación en la Cordillera Cantábrica

Después de haber estado a punto de extinguirse, la población de oso pardo en España ya supera los 400 ejemplares, estableciéndose con fuerza en la Cordillera Cantábrica gracias a una combinación de factores geográficos, biológicos y de supervivencia. Los expertos consideran su recuperación un «éxito de la conversación», permitiendo que regrese a zonas del noroeste peninsular; el núcleo occidental (Asturias, León y Lugo) es el más numeroso, pero el oriental (Palencia, Cantabria y León) es el que más rápido está creciendo proporcionalmente. Cabe señalar que en comarcas como Cabrera, Carballeda y Sanabria, no se registraba su presencia de forma estable desde hacía más de 150 años.
Bajo el título «El regreso del oso pardo a la Cabrera leonesa y sierras cercanas», los expertos han reunido hasta 85 pruebas del retorno de este mamífero al norte de España, todas documentadas entre 2012 y 2025. Estas evidencias incluyen avistamientos directos, rastros, huellas, registros de fototrampeo y daños en colmenas de abejas. Esto no solo confirma la presencia de osos, sino también su actividad y asentamiento estable en la zona. Según comentaba a EFE Carlos Javier Durá, primer autor del estudio (investigador Ramón y Cajal del CSIC), si se sigue la normativa de la Unión Europea deberían darse las condiciones para «una conservación favorable» del oso pardo, con la intención de que «se expanda hacia otras zonas».
Recuperación del oso pardo en la Cordillera Cantábrica
Según explican los expertos, la población de oso pardo cantábrico estuvo al borde de la extinción durante el siglo XX. Sin embargo, gracias a las medidas de protección, la recuperación del hábitat y la disminución de la persecución directa, el número de ejemplares ha aumentado. Como resultado, especialmente los machos jóvenes comienzan a explorar nuevos territorios en busca de recursos y oportunidades reproductivas, lo que podría explicar su presencia en áreas como La Cabrera o Sanabria, que funcionan como zonas de conexión entre distintos núcleos poblacionales.
«El área delimitada en los planes de recuperación de la especie solo cubre alrededor del 50% del área de distribución actual. Esto pone de manifiesto la importancia de actualizar de manera dinámica estas herramientas de gestión para que se adecúen a una población que se encuentra actualmente en expansión», afirma Manuel Díaz Fernández, investigador de la EBD-CSIC. «Es posible que en esas zonas fuera del área delimitada por los planes se estén destinando menos recursos y personal para la vigilancia de la población, para mejoras en el hábitat o incluso para la prevención y la compensación satisfactoria de los posibles daños ocasionados por la especie en propiedades humanas como las colmenas, el ganado o los cultivos», añade.
En la misma línea, la Oficina Francesa de Biodiversidad (OFB) ha informado esta semana de que la población de osos pardos en los Pirineos continúa aumentando en términos demográficos, con «un mínimo de 108 individuos diferentes» en 2025, aunque alerta sobre una preocupante reducción de su diversidad genética. En 2024, había al menos 107 osos en el macizo pirenaico, que abarca territorios de Francia, España y Andorra. Desde 2006, la población de osos en los Pirineos ha experimentado un crecimiento medio anual del 11,53 %. Sólo en el último año se registraron al menos seis camadas, sumando un total de ocho oseznos, según datos oficiales.
Pero no todo son buenas noticias, ya que actualmente, el principal desafío es gestionar la expansión de los osos hacia zonas más bajas y pobladas, debido a la escasez de alimento en las cumbres provocada por el cambio climático.
Características
El oso pardo, el mamífero terrestre más grande en estado salvaje de la fauna ibérica, es una especie realmente fascinante, cuya esperanza de vida supera los 20 años. Esta subespecie es de las más pequeñas del mundo, con machos que pueden superar los 180 kg y hembras que suelen pesar entre 100 y 140 kg, aunque su peso varía a lo largo del año.
Renuevan su pelaje cada verano, con tonos que van desde el pardo amarillento hasta el marrón oscuro. Su olfato es extremadamente agudo, lo que les permite localizar alimento y detectar posibles amenazas. Al igual que los humanos, son plantígrados, apoyando toda la planta de sus pies, y destacan por su habilidad para escalar árboles. Durante el invierno, una vez bien alimentados y preparados, eligen una osera y la acondicionan con materia vegetal. Mientras hibernan, reducen a la mitad su ritmo respiratorio, su ritmo cardiaco se vuelve cuatro veces más lento y su temperatura corporal desciende hasta 4 o 5 grados.
En enero, mientras hibernan, las osas paren entre una y tres crías ciegas, que permanecen en la osera mamando y creciendo hasta la primavera. Entre abril y mayo, salen al exterior con su madre. Al cumplir un año y medio, con la llegada de la época de celo, la familia se separa: las hembras suelen permanecer cerca del territorio materno si las condiciones lo permiten, mientras que los machos se dispersan en busca de nuevos territorios.
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