Carlos V (Emperador del Sacro Imperio): «Hablo español con Dios, italiano con las mujeres, francés con los hombres y alemán con mi caballo»
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Gobernar buena parte de Europa en el siglo XVI implicaba algo más que tomar decisiones políticas y dirigir ejércitos. Carlos V tuvo que desenvolverse entre territorios con lenguas, costumbres y tradiciones muy diferentes, por lo que hablar varios idiomas se convirtió en una herramienta imprescindible durante su reinado. El propio emperador resumió su particular relación con las lenguas con una frase que ha sobrevivido durante siglos. «Hablo español con Dios, italiano con las mujeres, francés con los hombres y alemán con mi caballo». Una ocurrencia que refleja, con humor, la importancia que concedía a cada idioma.
Un emperador entre lenguas
Carlos V nació en Gante en 1500, en los Países Bajos de los Habsburgo, dentro de una familia cuya dimensión política le obligó desde muy joven a familiarizarse con diferentes culturas europeas. Su educación estuvo marcada inicialmente por el francés, una de las lenguas más importantes de la corte borgoñona. Con el tiempo incorporó el castellano y el alemán, además de desenvolverse en otras lenguas utilizadas en el ámbito diplomático y político.
Su situación era especialmente particular porque terminó acumulando títulos sobre territorios muy diferentes. Fue rey de Castilla y Aragón, además de emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, y sus dominios se extendían por Europa y América. En ese contexto, conocer diferentes idiomas no era simplemente una cuestión cultural, ya que era una herramienta fundamental para comunicarse, negociar y ejercer el poder.
Un rey políglota
La fama de Carlos V como hombre capaz de desenvolverse en varias lenguas no surgió únicamente de esta frase. Su trayectoria demuestra que necesitó utilizar diferentes idiomas durante décadas de actividad política. La documentación conservada sobre su reinado muestra además que la correspondencia de su corte podía redactarse en varias lenguas dependiendo del destinatario y del asunto tratado.
En una Europa dividida en numerosos reinos, principados y territorios, el idioma era también una herramienta diplomática. Carlos V tuvo que negociar constantemente con monarcas extranjeros, representantes religiosos y autoridades de sus propios dominios. Su capacidad lingüística le permitió moverse dentro de una realidad política extraordinariamente compleja.