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Byung-Chul Han, filósofo: «La queja de ‘nada es posible’ solo sucede en una sociedad que piensa que nada es imposible»

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

La actual configuración de la sociedad occidental atraviesa una crisis silenciosa que nace, paradójicamente, de un exceso de libertad y positividad. El filósofo de origen coreano Byung-Chul Han, en su obra La sociedad del cansancio, sostiene que el individuo contemporáneo sufre bajo la presión de un imperativo de éxito constante. Este cambio de paradigma implica que el sujeto ya no se enfrenta a prohibiciones externas, sino a la coacción interna de tener que alcanzar metas infinitas.

El ritmo de vida que define a las metrópolis, desde Corea del Sur hasta Europa, sustituye la figura del deber por la del poder. Según el autor, esta transición hacia el «sí se puede» obliga a que el individuo, quien se convierte en un trabajador que se explota a sí mismo de manera voluntaria.

La libertad, en este contexto para Byung-Chul Han, se transforma en una herramienta de producción mucho más eficaz que cualquier sistema de vigilancia tradicional basado en el castigo.

¿Por qué nada es imposible en la sociedad del rendimiento para Byung-Chul Han?

¿Cuál es la raíz de ese agotamiento que paraliza a la población actual? La respuesta reside en la desaparición de los límites: en un entorno donde todo parece posible, la incapacidad para lograrlo se vive como un fracaso personal devastador. El filósofo explica que la queja ante la falta de salidas surge precisamente porque vivimos en una sociedad que vende la idea de que nada es imposible. Esa presión por la excelencia total anula la capacidad de descanso y reflexión.

Esta dinámica genera que la depresión brote cuando el ser humano se siente incapaz de cumplir con la exigencia de ser un proyecto de éxito permanente. En este escenario, el filósofo coreano advierte que el agotamiento no es un estado pasajero, sino una patología estructural del sistema de producción actual en donde «nada es imposible».

El impacto de Corea del Sur y la presión por lo posible

La perspectiva de Han, forjada desde su origen en Corea del Sur, apunta a que la hiperactividad destruye la vida contemplativa. Para el autor, la multitarea no representa un avance, sino una regresión hacia la vida animal, donde la atención se dispersa en mil estímulos de supervivencia. La sociedad de hoy castiga el silencio y la demora, elementos que el filósofo considera vitales para una existencia que no sea mera productividad.

El pensamiento de este autor coreano subraya que la creencia en que todo es posible elimina la negatividad del «no», que es necesaria para dar forma a la voluntad. Sin ese límite, el individuo flota en una masa de positividad que satura su psique. La noción de que nada es imposible termina por asfixiar al sujeto, quien termina por rendirse ante un sistema que ya no necesita una presión externa para exigir el máximo rendimiento de sus integrantes.

Lo que significa la renuncia a la hiperactividad para el filósofo coreano

Entender la trampa de la optimización personal es el primer paso para recuperar la soberanía sobre el tiempo propio. La relevancia de esta tesis estriba en que el sistema explota la libertad misma; el trabajador rinde más cuando cree que lo hace por su propio deseo de superación. El resultado de esta creencia es el «infarto del alma», un estado donde la persona pierde el sentido de su propia existencia fuera del ámbito del logro y la visibilidad.

Para escapar de esta rueda, Han propone rescatar la capacidad de aburrimiento y la lentitud. Una sociedad que solo valora lo que es posible medir y producir olvida que la libertad real incluye la posibilidad de no hacer nada. Solo cuando el ser humano acepte que muchas cosas son, en realidad, un imposible, podrá liberarse de la carga de la autoexplotación.