Los bomberos advierten cuando llega el frío: «Si hay olor a gas en nuestro bloque, hay que avisar a los vecinos pero sin usar el ascensor, los timbres ni las luces»

Un olor a gas en el rellano, de esos que se perciben al salir del ascensor o al bajar la basura, genera dudas inmediatas. ¿Viene de una vivienda concreta, de la instalación común o de la calle? La mayoría de las personas reacciona por intuición, y esa intuición, según los servicios de emergencia, no siempre coincide con lo más seguro en un bloque de pisos.
El riesgo crece en los meses fríos, cuando las calderas y los calentadores trabajan más horas y las ventanas permanecen cerradas. Por eso, los cuerpos de bomberos insisten cada otoño en una serie de pautas que distinguen entre lo que conviene hacer dentro de casa y lo que procede en la escalera, dos escenarios que exigen respuestas diferentes.
¿Qué hay que hacer si percibimos olor a gas en el bloque?
El sargento Abel Allende, del Servicio de Extinción de Incendios de Palencia, resume el protocolo para cuando el olor procede de fuera de la vivienda, pero dentro del edificio. Según explica, primordialmente, hay que ventilar la caja de escalera y alertar a los vecinos, aunque sin pulsar los timbres, sin llamar al ascensor y sin encender las luces del portal ni de los rellanos.
Y esto último es muy importante, pues la explicación radica en la electricidad. Cualquier interruptor, pulsador o motor puede generar una pequeña chispa al ponerse en marcha, y esa chispa basta para provocar una explosión si el gas acumulado está dentro de su rango de inflamabilidad.
En el caso del gas natural, ese margen va del 5% al 15% de concentración en el aire, una proporción que se alcanza con facilidad en espacios cerrados.
De ahí que el aviso a los vecinos deba hacerse golpeando las puertas con los nudillos o de viva voz, y que las ventanas de la escalera se abran a mano. Una vez fuera de la zona afectada, el siguiente paso es llamar al 112, que coordina la llegada de bomberos, sanitarios, policía o el técnico de la compañía distribuidora.
¿Cómo debemos actuar ante el olor a gas dentro de la vivienda?
Cuando el olor se percibe dentro de casa, la secuencia es parecida, aunque con alguna diferencia. El objetivo sigue siendo el mismo: diluir el gas acumulado y apartar cualquier elemento capaz de prenderlo. A continuación, estas son las pautas que recogen los bomberos:
- Abrir las ventanas para ventilar cuanto antes.
- Comprobar si algún aparato de gas tiene la llave de paso abierta y cerrarla.
- Alejar las fuentes de ignición: llamas, estufas de resistencia, teléfonos móviles y otros dispositivos electrónicos.
- Si es posible, cortar la corriente desde el cuadro general de la vivienda, bajando el interruptor principal.
- Salir y avisar al 112.
Conviene recordar que el gas natural y el butano no huelen por sí mismos. Las compañías les añaden un compuesto odorizante (en el gas natural suele emplearse el tetrahidrotiofeno) para que cualquier escape se detecte con rapidez. Ese olor característico, parecido al de huevos podridos o col cocida, es por tanto una señal de alarma diseñada a propósito.
Olor a gas o monóxido de carbono: el riesgo que no se huele
Allende insiste en que una fuga y una mala combustión de la caldera son dos incidentes completamente distintos. El olor a gas indica un posible escape de butano, propano o gas natural.
En cambio, el monóxido de carbono (CO) es incoloro e inodoro, y aparece cuando un aparato quema mal el combustible sin que nadie en la casa lo perciba.
Y no debemos dejar pasar por alto que sus efectos son graves. La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) estima que este gas causa una media de 125 muertes al año en España, con más casos en invierno.
Según datos que recoge la Consejería de Salud de la Región de Murcia, cada año hay entre 5.000 y 10.000 afectados en todo el país, y el CO es el tóxico químico más frecuente en urgencias.
Por su parte, las calderas atmosféricas (que toman el aire de la propia estancia) son, según el sargento, «las más peligrosas». Ya no pueden instalarse, pero muchas siguen en uso. Las estancas, en cambio, captan el aire del exterior.
Para detectar un mal funcionamiento basta con fijarse en la llama: azul si la combustión es correcta, amarillenta si produce monóxido.
Revisiones y detectores que podemos implementar para evitar sustos con el olor a gas
Los síntomas de una intoxicación por monóxido (mareo, náuseas, somnolencia, pesadez y dolor de cabeza) se confunden con facilidad con los de una gripe. Ante cualquier sospecha, los bomberos aconsejan ventilar la casa y cortar el suministro de gas a la caldera.
Si se cree que el aparato falla, conviene cerrar la puerta de la estancia donde está y dejar una ventana entreabierta.
La prevención empieza por una revisión periódica a cargo de un técnico autorizado, por mantener libres las rejillas de ventilación aunque haga frío y por comprobar los conductos de humos cuando la caldera lleva tiempo parada.
También cuentan los detectores, pequeños aparatos a pilas que avisan de fugas, de monóxido o de humo y que se venden a bajo precio en ferreterías.
Para finalizar, Allende, en declaraciones recogidas por la agencia ICAL, apunta un dato llamativo: estos aparatos son obligatorios en buena parte de Europa, pero no en España. Se fijan en el techo o en puntos altos incluso con velcro, sin necesidad de obras. La excepción es el butano, más pesado que el aire, cuyos detectores deben colocarse cerca del suelo.