El cuadro de Eduardo Naranjo que huele a verano, pan con mantequilla y cemento mojado
'En mi corral', el cuadro del artista Eduardo Naranjo, es un viaje al verano de los pueblos de Castilla
María Moreno, la discreta pintora de los Realistas de Madrid que compartió su vida con Antonio López
Este patio de Eduardo Naranjo encierra el aroma del verano. No el verano de la playa, sino el de la piscina municipal, las pipas y los polos de hielo en la plaza, y las bicis tiradas sobre cualquier acera a las cuatro de la tarde bajo la solana. ¡Qué nos importaba el calor si teníamos amigos!
Esa sombra de parra nos resguardaba del calor seco a los pueblos de Castilla, por poner un lugar (mi lugar), y nos protegía también del olvido de los recuerdos. En algún sitio de ese patio hay una puerta con cortina de tela gruesa, una opaca y de rayas, desde la que accedemos a una cocina pequeña con unos fogones sencillos de gas, una nevera con asa metálica y una alacena de madera ruda en color verde pistacho. Probablemente, en ese mueble haya platos de hierro esmaltados en blanco con el borde azul, tazones con adornos florales de alguna vajilla coleccionable de la tienda de ultramarinos de la vecina, vasos color miel de Duralex o cubiertos desparejados.
En el centro habría una mesa de madera o una de ese plástico blanco cubierta con un hule comprado en los lunes de mercadillo, de esos que tienen un estampado de granadas o membrillos. Un horror, la verdad; pero fáciles de limpiar. Ahí se come tortilla de patata muy hecha, con textura de cemento, cocinada con patatas de la tía Pilar y los huevos de las gallinas de la tía Vicenta. De postre, una sandía. Rodajas cortadas con cuchillos afilados aquella semana, que era cuando pasaba el afilador con su bicicleta y la armónica que avisaba de su llegada. Rodajas bien hermosas que las abuelas castellanas cortaban apoyadas en su pecho, protegidas por un mandil prendido con imperdibles. Casi siempre negros.
Ahí dentro huele a pan con mantequilla, a helado de corte con galleta, a vino de pitarra y a gazpacho hecho con los tomates y los pepinos del huerto de Juan. Huele a cemento húmedo recién mojado con la manguera para refrescar el ambiente, a juegos y a piscinas improvisadas en barreños de zinc. Huele a ganas de vivir sin artificios.
Lo cierto es que en este patio de Eduardo Naranjo no vemos nada. No hay nada, ¿verdad? No hay nada que podamos ver, pero tiene todo lo que podemos sentir.
¡Qué veranos!
La obra En mi corral, de Eduardo Naranjo, es de la Galería Leandro Navarro de Madrid.
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