La reina Isabel ‘sufre’ las consecuencias de la nueva crisis de la Monarquía
La monarca vuelve a aparecer en público con las manos amoratadas
Algo le ocurre a la reina Isabel, y va más allá de la compleja situación por la que está pasando la familia Windsor. Hace apenas unas horas, el príncipe Andrés anunciaba su retirada de la vida institucional a consecuencia de la polémica que había suscitado la entrevista que concedió el pasado fin de semana a la BBC para intentar aclarar su relación con el financiero Jeffrey Epstein. Unas declaraciones que, lejos de mejorar la imagen del duque de York, han dado al traste con su reputación, hasta el punto de que ha tenido que anular varios de sus compromisos oficiales y dejar de estar al servicio de la Corona.
Una ‘dimisión’ de la que la Reina ha estado al corriente desde el primer momento y con la que ha estado de acuerdo -dicen que no así con la entrevista-, pero que ello no es óbice para que la situación pueda afectar a su buena salud.
A sus 93 años, Isabel II puede presumir no solo de ser la monarca más longeva, sino también de tener un férreo sentido del deber, que antepone a cualquier otra cuestión. Lo volvía a demostrar ayer -fecha por cierto de su aniversario de boda- cuando asistía a la entrega de un premio a David Attenborough en Chatham House.
Aunque para esta cita la monarca lucía guantes -como en la mayoría de sus compromisos-, por la mañana ha recibido en audiencia a varios diplomáticos en Buckingham y ha llamado la atención un detalle en las manos de la Reina. Isabel II mostraba un color púrpura en ciertas zonas de la mano, especialmente en el área del dorso. Aunque se desconoce qué es lo que puede ocurrirle a la soberana, todo apunta a que puede tratarse de ‘púrpura senil’, un trastorno hemorrágico que se caracteriza por la presencia de hemorragias en los tejidos, especialmente bajo la piel y que se encuentra muy relacionada con los cambios degenerativos cutáneos que se producen en la piel de las personas mayores.
No es la primera vez que saltan las alarmas por el color de las manos de la monarca. De hecho, hace unos meses, durante una visita de los reyes de Jordania a Londres, todas las miradas se posaron en un hematoma de la Reina en el dorso de la mano.
Aunque Isabel II podía haber ocultado la lesión con cierta facilidad con unos guantes, lo cierto es que ni entonces ni ahora se ha molestado en hacerlo, lo cual indica que no es algo que tenga gravedad. Aún así, resulta difícil no pensar que la compleja situación por la que atraviesa la familia no esté generando quebraderos de cabeza a la monarca quien, a su avanzada edad, debería vivir un poco más tranquila.
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