Odiar las matemáticas es perfectamente científico
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Odiar las matemáticas es un clásico que todos los años escuchamos a nuestros hijos, y también a nuestros mayores. Pues, aunque parezca sorprendente, no es nada extraño, ya que la ciencia confirma que es perfectamente normal sentir aversión por esta materia. Veamos el motivo.
Lo cierto es que, aunque muchos consideran que las matemáticas solo sirven para personas de gran inteligencia, es una ciencia que usamos a diario en nuestra vida. Cada vez que pagas o compras, las estás usando, pues has de saber si adquieres dos filetes, tres bricks de leche o te devuelven bien la cuenta en un bar o supermercado.
Sin embargo, cuando comenzamos a complicar las operaciones matemáticas, aparece ese odio casi visceral a una materia tan necesaria en el mundo como vilipendiada por estudiantes y por todo tipo de personas.
Por qué es científico odiar las matemáticas
Cada vez que nos enfrentamos a una materia que no dominamos, nuestro cuerpo genera estrés y ansiedad. Y precisamente ahí radica ese odio a las matemáticas. No se trata de que no seamos suficientemente inteligentes, simplemente no tenemos los conocimientos suficientes para resolver los problemas, y esa generación de emociones negativas provoca que desemboquemos en un sentimiento de odio.
Así al menos lo afirma Karen Newtead, que ha publicado su estudio Aspects of Children’s Mathematics Anxiety tras años de trabajo desde su puesto en la Unidad de Educación Matemática de la Universidad de Stellenbosch.
Entre los motivos que podrían generar este estrés ante la incapacidad de resolver problemas matemáticos, podríamos encontrar cierta presión social por el dominio de la temática. Es decir, al no ser capaces de mostrar nuestra capacidad, entramos en estados de ansiedad que nos hace ‘odiar’ la temática.
También la falta de una comunicación clara hace que sintamos aversión ante la materia matemática. Es decir, si un profesor no dispone de las herramientas suficientes para motivar y explicar correctamente el tema, se está generando una mala comunicación que termina por lograr que los chicos odien esta asignatura y todo cuanto conlleva.
Así pues, ¿sería posible acabar con este tormento infantil y juvenil ante las matemáticas? Recordemos que es una materia que debemos dominar, pues toda la vida son matemáticas. No podemos vivir sin saber sumar, restar, multiplicar y dividir correctamente.
Obviamente, una solución pasa por tener buenos profesores que enseñen la materia desde perspectivas inspiradoras y motivadoras, y mostrar a los chicos la verdadera profundidad de la asignatura y su necesidad evidente en la vida diaria, entre otras muchas posibildades.
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