Gijón diseña una barrera nunca vista para frenar la llegada de las carabelas portuguesas y la ciencia avisa de un problema inesperado: pueden soltar más veneno
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La aparición de carabelas portuguesas en las playas se ha vuelto habitual durante los últimos veranos, obligando a los bañistas a extremar las precauciones. Con el objetivo de reducir este problema, un grupo de investigadores del Acuario, el Oceanográfico y la Universidad de Oviedo ha puesto en marcha un proyecto piloto en la costa de Gijón.
El catedrático de Ecología de la Universidad de Oviedo, José Luis Acuña, durante una entrevista concedida al programa «Mediodía COPE» en Gijón, ha explicado que esta actuación forma parte de varios proyectos complementarios. Uno de ellos está dirigido al conjunto de las playas asturianas, mientras que otro responde a un acuerdo específico con el Ayuntamiento de Gijón. Entre los principales objetivos se encuentran «proporcionar un protocolo de acción ante la llegada de carabelas» y «coordinar la información de los grupos de salvamento y también de la ciudadanía».
Barreras contra la carabela portuguesa en Gijón
El propósito de este experimento es «analizar la factibilidad de utilizar barreras para impedir el paso de carabelas portuguesas a determinadas zonas de la costa, con el objeto de poder asegurar un baño en condiciones», según ha explicado Acuña.
Contener a las carabelas resulta relativamente sencillo, ya que se desplazan flotando en la superficie del agua; sin embargo, estas medusas pueden desprender fragmentos de tejido, pólipos e incluso sustancias urticantes que siguen suponiendo un riesgo para los bañistas. Por ese motivo, la investigación analizará «hasta qué punto las barreras impiden o, por el contrario, ayudan o promueven la liberación de esos pólipos urticantes».
Experimento
El ensayo se llevará a cabo en la dársena situada entre el Acuario y las instalaciones de Indra. Allí se instalará un cerramiento de quince metros de barreras anticontaminación, en cuyo interior se introducirán ejemplares de carabela portuguesa capturados vivos en la costa asturiana a medida que empiecen a aparecer. Con esta prueba, los investigadores podrán evaluar el comportamiento de estos organismos y la eficacia del sistema para contenerlos.
«La impresión que tenemos es que este tipo de medios de protección sería muy complicado de aplicar en playas muy abiertas y con mucho oleaje, como la de San Lorenzo, porque la turbulencia hace que se desprendan los pólipos y gonodendros», comenta el investigador.
El aspecto decisivo del experimento será comprobar si las barreras evitan que los fragmentos urticantes de las carabelas portuguesas escapen de la zona delimitada. A partir de los resultados obtenidos, los investigadores y los responsables de los equipos de salvamento valorarán si este sistema puede implantarse en playas resguardadas, como Poniente y El Arbeyal, en Gijón.
Para desarrollar el estudio será necesario capturar ejemplares vivos de la primera llegada de carabelas, prevista habitualmente para mediados de julio. Una vez recogidas, se mantendrán inicialmente en los tanques del Acuario antes de ser trasladadas al recinto instalado en la dársena. El seguimiento del ensayo se realizará mediante un dron submarino equipado con cámara, que permitirá observar el comportamiento de los organismos. Además, se recogerán muestras de agua para realizar análisis químicos y genéticos, aún en fase de diseño, con el objetivo de evaluar diferentes métodos de detección de restos urticantes presentes en el agua.
Carabela portuguesa
La carabela portuguesa es muy fácil de identificar por su característico flotador de color azul violáceo, que sobresale de la superficie del agua como una pequeña vela. Sin embargo, el verdadero riesgo se encuentra bajo la superficie, donde despliega largos tentáculos que pueden extenderse varias decenas de metros y están cubiertos por miles de células urticantes con un potente veneno neurotóxico.
Los especialistas recuerdan que el peligro no desaparece cuando el animal muere. Sus tentáculos, incluso separados del organismo, pueden seguir provocando picaduras durante horas e incluso días después de haber llegado a la playa.
Entre los síntomas más frecuentes tras una picadura se encuentran un dolor intenso, inflamación y enrojecimiento de la zona afectada, además de náuseas, vómitos y mareos. En personas especialmente sensibles también pueden producirse reacciones alérgicas graves y, en casos poco habituales, complicaciones que requieren atención médica urgente.
¿Qué hacer ante una picadura? Los servicios de emergencias recomiendan salir del agua de inmediato y limpiar la zona afectada únicamente con agua de mar, evitando el uso de agua dulce. También aconsejan no frotar la herida ni aplicar sustancias como amoniaco, vinagre o orina. Si quedan restos de tentáculos adheridos a la piel, deben retirarse con pinzas o utilizando guantes para evitar nuevas lesiones. Después, es conveniente aplicar frío, siempre sin contacto directo con la piel, y acudir a un puesto de socorro o a un centro sanitario si aparecen mareos y vómitos.
Las administraciones llevan años advirtiendo de un incremento en la presencia de carabelas portuguesas en el litoral cantábrico. Cada verano, comunidades como Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco registran un mayor número de avistamientos, una situación que en ocasiones obliga a restringir el baño o cerrar temporalmente algunas playas por motivos de seguridad.