El descubrimiento que más inquieta a los astrofísicos: el lugar más peligroso del sistema solar no está lejos sino sobre nuestras cabezas
Toma nota de este descubrimiento que pone los pelos de punta
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El lugar más peligroso del sistema solar no está lejos sino sobre nuestras cabezas, este descubrimiento inquieto especialmente a los astrofísicos. Será mejor que empecemos a conocer con más interés un universo y un planeta que puede darnos alguna que otra sorpresa. Estamos ante una serie de cambios que pueden acabar siendo lo que nos acompañará en breve. Analizando y estudiando con todos los elementos que tenemos en nuestro poder un universo con muchas peculiaridades.
Estas incógnitas que van creando el puzle del mundo que nos rodea, que nos van dando cada vez más y más detalles a través de una tecnología que va en aumento. Gracias a nuevos sistemas de estudio y de análisis del universo, podemos recorrer millones de años luz sin movernos de casa. Los nuevos telescopios nos dan la posibilidad de ver una manera distinta estos mundos con los que soñamos. Pero, también crean patrones o elementos que inquietan a los astrofísicos. El peligro no está lejos, sino quizás está más cerca de lo que pensábamos, el lugar más peligroso del sistema solar está sobre nuestras cabezas.
Más inquieta a los astrofísicos este descubrimiento
Este descubrimiento inquieto especialmente a los astrofísicos, que saben muy bien lo que puede pasar en breve. Estos expertos son los que analizan cada uno de los procesos que nos rodean y en cierta manera, nos pueden ir diciendo lo que vamos a esperar.
Con un solo clic nos trasladan lejos de un sistema solar que parece que aún no conocemos del todo. Si hace unos años, el debate estaba en un planeta de más o de menos, ahora nos hacen estar muy pendientes de un cielo que puede ser especialmente peligroso.
Como si estuviéramos viendo una película de ciencia ficción o quizás escribiendo el guion de la que será una nueva manera de ver el sistema solar hasta ahora. El punto del universo en el que estamos puede acabar siendo un pequeño avance que quizás nos hace replantearnos esta búsqueda más allá de nuestras fronteras.
Si lo que queremos es apostar claramente por un cambio de tendencia, tocará saber en todo momento qué es lo que puede pasar en unos días en los que cada pequeño gesto cuenta. Una novedad que quizás inquieta de forma inquietante a los astrofísicos puede cambiar nuestra visión del sistema solar por completo.
El lugar más peligroso del sistema solar no está lejos de nuestras cabezas
Lo que puede parecer imposible forma parte de un sistema solar que nos indica que hay algo que no nos asegura nada, sino todo lo contrario. La parte más cerca de este estudio debería ser la más conocida y estable, aunque, en realidad es la más peligrosa.
La revista especializada Método nos habla del peligroso síndrome de Kessler: «Hasta 1961 había en órbita alrededor de la Tierra exactamente cincuenta objetos manufacturados por el hombre. Se trataba de satéites artificiales, pero también de cohetes usados que, tras lanzar su satélite, quedaban atrapados en órbita. Ese año la estadística se vio sumamente alterada: una hora después de situar el satélite Transit 4A, el cohete estadounidense Ablestar explotaba y se desintegraba en 300 trozos. No fue la última explosión espacial ni tampoco la mayor: un cohete Pegasus, tras fallar por una parada inesperada del motor, estalló en 1996 y generó la mayor nube de escombros jamás creada por la explosión de un cohete: 300.000 piezas mayores de medio centímetro, que en su mayoría siguen en órbita. Actualmente lanzamos unos 75 satélites al año: dos tercios a órbitas de poca altitud o LEO (por las siglas en inglés de low Earth orbit), entre los 200 y 2.000 km de altura, y un 30 %, principalmente satélites meteorológicos o de telecomunicaciones, a la órbita geoestacionaria. Tras acabar su vida útil, la mayoría continúa inerte alrededor de la Tierra; solo el 6 % de los satélites artificiales son operacionales. Por ejemplo, el estadounidense Vanguard 1 lanzado en 1958, el cuarto satélite artificial de la historia, todavía sigue ahí arriba. Con tantos objetos orbitando, el terreno está abonado para las colisiones».
Esta basura espacial podía acabar causando estragos en un planeta Tierra que mira hacía el espacio, pero no ve el riesgo de estos objetos que salen de la Tierra, pero no vuelven o se mantienen peligrosamente en una órbita cuya vida útil puede cambiar por momentos.
Hemos enviado con seguridad elementos al espacio, pero no sabemos cómo devolverlos de la misma manera. Una caída descontrolada de estos objetos podría causar estragos en algunas zonas pobladas del planeta. Sería el peor de los escenarios posibles que no se descarta, sino que podría acabar siendo una realidad para la que quizás no estamos del todo preparados, sino todo lo contrario.
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