Astronomía

La investigación española celebra un descubrimiento sorprendente: científicos andaluces detectan un campo magnético en exoplaneta similar a Neptuno

Exoplaneta
Ilustración ficticia de GJ 436 b. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
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El protagonista de esta ocasión es un exoplaneta de tamaño similar a Neptuno que orbita muy cerca de su estrella anfitriona. El estudio lo lidera orgullosamente el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y se apoya en 16 años de observaciones espectroscópicas de alta resolución.

Esa cercanía entre planeta y estrella dejó en la segunda huellas magnéticas medibles. Los investigadores supieron leerlas y con ello obtuvieron algo que la ciencia nunca había logrado de forma concluyente: la intensidad del campo magnético de un planeta en otro sistema solar.

Científicos andaluces detectan el campo magnético de un exoplaneta por primera vez de forma concluyente

El exoplaneta en cuestión, conocido como GJ 436 b, orbita alrededor de la estrella GJ 436, una estrella de baja masa, en una trayectoria polar y excéntrica que lo mantiene muy próximo a ella. Los detalles del hallazgo fueron publicados en la prestigiosa revista Science.

Esa cercanía tiene consecuencias directas: el planeta interactúa magnéticamente con su estrella e inyecta energía en la cromosfera, una de las capas altas de la atmósfera estelar. El fenómeno es comparable al de las auroras terrestres, pero a escala estelar.

«En particular, hemos observado que GJ 436 b, un exoplaneta similar a Neptuno que orbita muy cerca de su estrella, provoca cambios regulares en el brillo y la energía que emite la estrella en ciertas longitudes de onda», explica Daniel Revilla, investigador del IAA-CSIC que lidera el trabajo en el marco de su tesis doctoral.

Al cruzar esas variaciones con modelos geométricos y teóricos, el equipo estimó la intensidad del campo magnético del planeta: entre 6 y 110 Gauss. Y desde luego, cabe destacar que es la primera vez que se logra esta medición de forma concluyente para un exoplaneta.

Un ciclo de ocho años que confirma el patrón magnético

Las señales de interacción no aparecen de forma continua. Solo se detectaron en tres campañas bien diferenciadas: 2008, 2016 y 2024, separadas por intervalos de ocho años.

Hay que señalar que ese intervalo no es casual, porque coincide con el ciclo de actividad magnética de GJ 436, cifrado en unos 7,75 años. La interacción se intensifica cuando la estrella atraviesa determinadas fases intermedias de su propio ciclo.

«Usando un modelo geométrico, reproducimos estos periodos si GJ 436 b tiene un campo magnético con entre 6 a 110 Gauss», señala Pedro J. Amado, coautor del estudio e investigador del IAA-CSIC.

Las observaciones se obtuvieron con los espectrógrafos CARMENES —instalado en el Observatorio de Calar Alto y coliderado por el IAA-CSIC— y HARPS, dos instrumentos de referencia en la caracterización de planetas fuera del sistema solar.

¿Por qué saber si un exoplaneta tiene campo magnético cambia el análisis de habitabilidad?

El campo magnético de un planeta es una cuestión astronómica a la que vale la pena prestarle atención. Recordemos que en la Tierra actúa como escudo frente al viento solar y ha sido decisivo para que la atmósfera se conservara durante miles de millones de años.

Aquí, Marte es el contrapunto: perdió su campo magnético global hace eones y, con él, gran parte de su atmósfera y del agua que albergaba. Sin ese escudo, la erosión estelar deja a un planeta sin lo que lo hace habitable.

«Hasta ahora, medir el campo magnético de un exoplaneta era extremadamente difícil. Esta propiedad es clave para saber si un planeta puede proteger su atmósfera y, en última instancia, si podría llegar a ser habitable», afirma Daniel Revilla.

El estudio también revierte un supuesto habitual: que la relación entre estrella y planeta es siempre unidireccional.

«Hasta hace poco se pensaba que era principalmente la estrella la que influía en el planeta, pero nuestros resultados aportan la evidencia más clara hasta la fecha de que también puede ocurrir lo contrario», apunta por su parte Rafael Luque, investigador del IAA-CSIC.

Una nueva técnica que convierte las estrellas en detectores de campos magnéticos de exoplanetas

Más allá de GJ 436 b, el hallazgo abre una vía metodológica de largo alcance. El equipo ha demostrado que las variaciones de actividad de una estrella pueden revelar propiedades magnéticas de los planetas que la orbitan, incluso cuando estos resultan inaccesibles por otras vías.

La técnica es indirecta, pero con precisión suficiente para estimar rangos de intensidad. Y requiere algo que pocas disciplinas se pueden permitir: paciencia. En este caso, 16 años de datos.

GJ 436 b ya era conocido por su órbita peculiar (polar y excéntrica). Ahora suma la primera medición robusta de campo magnético para un exoplaneta de su clase. El siguiente ciclo de observación óptima, según el patrón identificado, llegará en torno a 2032.

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