La ciencia lanza un serio aviso: la Tierra ha absorbido 335.000 toneladas de un químico contaminante e invisible desde el año 2000
La recuperación de la capa de ozono figura como uno de los mayores logros ambientales de la historia, pero esta victoria esconde un rastro tóxico inesperado.
Un estudio revela que los compuestos diseñados para sustituir a los gases que destruían el ozono han generado una acumulación masiva de ácido trifluoroacético (TFA), un contaminante invisible y persistente que ya impregna todo el planeta.
El planeta acumula miles de toneladas de un compuesto tóxico derivado de la recuperación de la capa de ozono
Investigadores de la Universidad de Lancaster, en el Reino Unido, han cuantificado la magnitud de este problema en un estudio publicado en la revista científica Geophysical Research Letters.
Los datos son contundentes: entre los años 2000 y 2022, los sustitutos de los clorofluorocarbonos (CFC) y ciertos gases anestésicos han depositado 335.500 toneladas de TFA sobre la superficie terrestre.
El TFA pertenece a la familia de las sustancias perfluoroalquiladas (PFAS), conocidas popularmente como «químicos eternos». Su principal peligro reside en su extraordinaria capacidad para resistir la degradación natural, lo que les permite permanecer en el medio ambiente durante siglos.
Aunque el Protocolo de Montreal de 1987 logró prohibir los CFC, los hidroclorofluorocarbonos (HCFC) e hidrofluorocarbonos (HFC) que ocuparon su lugar liberaron TFA como subproducto al descomponerse en la atmósfera.
¿Qué riesgos suponen estos ‘químicos eternos’ para la salud y el entorno?
La comunidad científica observa con inquietud este compuesto. La doctora Lucy Hart, autora principal de la investigación, señala que estos sustitutos viajan miles de kilómetros desde sus puntos de emisión hasta regiones remotas.
De hecho, los análisis en el Ártico demuestran que prácticamente todo el TFA detectado en el hielo proviene de la evaluación de estos gases industriales.
A nivel sanitario y ecológico, las alarmas ya han saltado en los organismos reguladores. La Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA) clasifica actualmente el TFA como un agente dañino para la vida acuática.
Por su parte, la Oficina Federal Alemana para Sustancias Químicas ha propuesto recientemente catalogarlo como una sustancia potencialmente tóxica para la reproducción humana.
Los investigadores ya han detectado la presencia de este químico en muestras de sangre y orina humana, lo que confirma que la exposición es generalizada.
El impacto de los nuevos refrigerantes y el aire acondicionado automotriz
La industria automotriz y los sistemas de refrigeración modernos juegan un papel crucial en esta situación. Aunque el uso de HFC está disminuyendo, la nueva generación de refrigerantes sintéticos, denominados hidrofluoroolefinas (HFO), está agravando la situación.
El profesor Ryan Hossaini, coautor del estudio, advierte que el creciente empleo de compuestos como el HFO-1234yf en los aires acondicionados de los coches europeos añade una enorme incertidumbre sobre los niveles futuros de TFA.
Desde 2017, la Unión Europea exige el uso de estos nuevos refrigerantes en vehículos nuevos por ser «climáticamente amigables», pero su procesamiento genera TFA de forma mucho más eficiente que sus predecesores.
Los científicos estiman que la producción anual de este contaminante alcanzará su pico máximo en algún momento entre 2026 y 2100. Dado que estos químicos permanecen en la atmósfera hasta 50 años antes de desaparecer, la Tierra seguirá recibiendo esta «lluvia invisible» durante décadas, incluso si las emisiones cesarán hoy mismo.
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