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La ciencia le da la razón a Heródoto 2.500 años después: los temibles escitas bebían leche de yegua

La visión clásica sobre los escitas suele presentarlos como un grupo homogéneo y con costumbres muy definidas. Sin embargo, una nueva investigación vuelve a cuestionar esa idea. Un equipo formado por especialistas de varios países ha estudiado restos procedentes de yacimientos ucranianos y, entre sus conclusiones, aparece un dato llamativo, ya que una de las muestras recogidas confirma el consumo de leche de yegua, justo lo que Heródoto describió hace más de dos milenios. Hasta ahora, esa práctica solo se conocía por los textos antiguos pero con este descubrimiento la ciencia ha podido demostrarlo.

El análisis no se ha hecho sobre cerámica o huesos animales, sino sobre el cálculo dental conservado en varios individuos. Este material, que se incrusta poco a poco en los dientes, puede retener partículas microscópicas relacionadas con la dieta. Al estudiar sus proteínas, los científicos han encontrado señales propias de productos lácteos de diferentes animales domésticos y, en un caso puntual, marcadores vinculados al caballo. El hallazgo no sólo confirma que la leche equina formó parte de la alimentación de los escitas en algún momento, sino que también apunta a que estas comunidades tenían prácticas dietéticas más diversas de lo que se asumía. Por otro lado, entre las muestras que se analizaron no todos presentaron los mismos indicios, de modo que se de alguna manera, se refuerza la idea de que no existía un único modelo alimentario dentro del mundo escita.

Los temibles escitas bebían leche de yegua

El equipo que ha llevado a cabo esta investigación, analizó restos de 28 personas procedentes de dos yacimientos del actual territorio ucraniano. En la mayoría de ellos se han detectado proteínas asociadas a la leche de vaca, oveja o cabra, lo que encaja con actividades de pastoreo ya documentadas. La sorpresa llegó al encontrar, en una sola muestra, péptidos propios de leche de caballo, un tipo de marcador difícil de conservar en el registro arqueológico y aún más complicado de identificar.

Los autores señalan que este tipo de análisis permite observar la dieta individual de modo más preciso que los métodos tradicionales. Mientras que los estudios de cerámica o fauna sirven a los científicos para indicar qué alimentos se procesaban o almacenaban en un asentamiento, las proteínas atrapadas en el cálculo dental han servido para indicar lo que una persona concreta llegó a consumir. Algo importante, porque esta precisión ha permitido confirmar hábitos que hasta ahora sólo eran hipótesis. La mención de Heródoto sobre el consumo de leche de yegua era conocida, pero faltaban pruebas directas que relacionaran esa práctica con grupos escitas tempranos. El estudio demuestra que, al menos en algunos casos, el caballo tuvo un papel alimentario además de servir como animal de transporte, de guerra o con funciones simbólicas.

Un consumo puntual o una práctica más extendida

El hecho de que la leche de yegua sólo aparezca en una de las 28 muestras analizadas ha llevado a los investigadores a valorar distintas explicaciones. Una posibilidad es técnica: las proteínas de la leche equina podrían degradarse con más rapidez y, por tanto, desaparecer con mayor frecuencia del registro. La otra se enmarca en el terreno cultural. Es probable que no todos los grupos escitas compartieran las mismas costumbres alimentarias o que ciertos productos estuvieran asociados a ritos, estatus social o también, a usos concretos dentro de la comunidad.

Los responsables del estudio insisten en que no puede extrapolarse la dieta completa de estas poblaciones a partir de esta única evidencia. La presencia de leche u otros lácteos no excluye además el consumo de carne, pescado o vegetales, alimentos cuyos marcadores proteicos pueden conservarse peor. Por ello, para reconstruir un panorama más amplio va a ser necesario analizar más individuos procedentes de otras zonas de la estepa euroasiática y para ello, es necesario evidentemente que se produzcan nuevos hallazgos como los que ahora se analizaron recientemente.

Un pueblo más diverso de lo que se pensaba

De todos modos la investigación ahora realizada es muy importante ya que se suma a una línea de otros trabajos recientes que han demostrado que el término escita no identifica a un único grupo uniforme, sino a una serie de comunidades distintas que compartían algunos rasgos culturales. Estudios genéticos, arqueológicos y ahora dietéticos señalan que estos pueblos combinaban pastoreo, agricultura y diferentes grados de sedentarismo según el territorio y el momento histórico.

El análisis del cálculo dental, aplicado de manera sistemática, puede contribuir a interpretar mejor cómo vivían estos grupos y qué diferencias había entre regiones. Frente a los métodos tradicionales, que ofrecen información más general, la identificación directa de proteínas en dientes permite conocer la dieta individual con un nivel de detalle antes inalcanzable.

Los investigadores prevén ampliar el número de muestras y zonas de estudio para seguir profundizando en la diversidad económica y cultural de las sociedades que habitaron la estepa durante la Edad del Hierro.