Ciencia
Ingeniería casera

Un agricultor chino de 60 años se pasa el juego: construye un submarino 100% funcional con baterías eléctricas

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Tal como en el capítulo de Los Simpsons en el que Homer se inspira en Thomas Edison para sus fallidas creaciones, las historias de inventores autodidactas siempre captan la atención. En China, un hombre sin educación técnica formal ha logrado materializar el sueño infantil de fabricar un submarino eléctrico en el patio de su propia casa, equipado con sistemas de inmersión.

Este peculiar reto mecánico comenzó casi como un juego de ingenio y se transformó paulatinamente en un enorme desafío de diseño estructural y de pura ingeniería empírica. El entusiasta protagonista de esta hazaña naval ignoró de lleno el persistente escepticismo de sus vecinos y demostró al mundo que la determinación personal puede vencer cualquier barrera técnica.

La historia del agricultor chino que construyó un submarino eléctrico 100% funcional

Zhang Shengwu es el responsable directo y único de este singular hito de la mecánica artesanal. Este campesino de sesenta años reside habitualmente en la montañosa provincia de Anhui, una región situada en la franja oriental de China. Su variada experiencia laboral previa abarca varios lustros completos de duro trabajo como carpintero en los activos astilleros fluviales de la zona.

La peculiar inspiración del inventor germinó inmediatamente tras observar un reportaje de televisión sobre los enormes sumergibles militares de propulsión nuclear.

El antiguo trabajador de la madera, a quien podemos ver feliz en la imagen destacada de este artículo, confesó ante las cámaras que había permanecido cerca del agua durante décadas, pero en todo ese tiempo nunca había logrado ver una nave sumergible con sus propios ojos. Esa curiosidad natural encendió la chispa de su atrevido proyecto.

«Pensé: si otros pueden hacerlo, yo también puedo», relató el humilde constructor aficionado a los medios de la prensa local asiática.

Su esposa intentó disuadirlo en múltiples ocasiones por considerar la estrambótica idea excesivamente arriesgada y costosa para la economía familiar, pero el entusiasta agricultor decidió ignorar cordialmente las lógicas advertencias y compró los materiales iniciales.

La inversión económica originaria rondó escasamente los 5.000 yuanes (unos 700 dólares estadounidenses al cambio). Este modesto capital permitió la rápida adquisición de varias planchas pesadas de acero, motores rudimentarios de segunda mano y diversos componentes de sellado hermético.

El primer prototipo del invento tocó el agua en el año 2016, pero sufrió fallas considerables de estanqueidad.

Le llaman el «Gran Pez Negro»: el submarino casero que conquistó el río

El primer contratiempo técnico no logró doblegar el fuerte espíritu constructivo de nuestro humilde emprendedor oriental.

Tras el hundimiento fallido de su rudimentario diseño original, el inventor inyectó pacientemente otros 40.000 yuanes (aproximadamente 6.000 dólares) de los limitados ahorros familiares para intentar rediseñar desde el cero absoluto el grueso armazón metálico de la estructura exterior.

El novedoso modelo, oficialmente bautizado con el peculiar nombre inglés Big Black Fish, solucionó con enorme éxito los graves fallos estructurales anteriores.

Zhang incorporó de forma manual dos robustos tanques laterales de lastre por aire y vertió dos toneladas exactas de hormigón macizo en el fondo cóncavo de la nave para equilibrar correctamente el inmenso peso total de la plataforma metálica de cinco toneladas.

¿Cómo fueron las exitosas pruebas de este submarino eléctrico?

Las diversas pruebas de navegación mecánica en un río cercano arrojaron datos francamente positivos e insospechados.

Y es que pareció ser que este submarino artesanal tiene la suficiente capacidad espacial interior para albergar con relativa holgura a dos tripulantes adultos.

Además, el resistente sistema metálico hermético le permite alcanzar sin mayores contratiempos la profundidad máxima operativa de ocho metros sin sufrir filtraciones acuáticas.

A nivel de prestaciones exactas de movilidad, el pesado aparato naval utiliza un bloque de voluminosas baterías interconectadas por cables que alimenta un motor eléctrico posterior.

Este modesto y silencioso diseño propulsor logra desarrollar una velocidad constante de cuatro nudos por hora en tramos rectos y permite además mantener inmersiones ininterrumpidas prolongadas de unos treinta minutos bajo la fría superficie fluvial.

La fiebre de los inventores locales en China

El caso puntual de la embarcación del antiguo carpintero de Anhui no supone bajo ningún concepto un evento aislado dentro de la vasta geografía rural del territorio nacional chino.

Durante el transcurso de la última década activa, surgieron misteriosamente diversos creadores que desarrollaron modelos realmente sorprendentes en polvorientos garajes y parcelas agrícolas muy alejadas de los centros tecnológicos estatales.

En el transcurso del año 2015, otro gran entusiasta rural residente de la norteña e industrializada región de Shaanxi asumió valientemente fuertes deudas por un valor de 30.000 dólares con el objetivo de poder financiar la construcción solitaria de un sumergible metálico de más de nueve metros de largo.

A su vez, un claro y documentado antecedente similar de ingenio ocurrió en el año 2009 en las mismas afueras residenciales de Pekín, cuando un trabajador de la hostelería logró sumergir con éxito una rudimentaria estructura soldada a partir del reciclaje de numerosos barriles oxidados de crudo de petróleo.

La historia de este agricultor tendrá para largo, ya que los nuevos planes a futuro del creador del Big Black Fish apuntan sin disimulo mucho más alto de lo conseguido hasta el momento actual.

Según medios chinos, Zhang ya adquirió recientemente unos complejos planos técnicos modernos y simplificados para intentar replicar un modelo a escala todavía mayor que incluirá módulos autónomos de purificación de oxígeno interno respirable y periscopios ópticos dotados con un alcance visual real de dos kilómetros exactos.