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Secuestro en un zulo en Palma y brutal ajuste de cuentas: el episodio más violento del caso Benabad

El antiguo colaborador habría sido sometido a amenazas explícitas de muerte contra él como contra miembros de su familia

Secuestro zulo Palma
Julio Bastida

Uno de los episodios más graves y estremecedores de toda la investigación se centra en el presunto secuestro de un antiguo colaborador del entorno de los hermanos Benabad, un capítulo que, por la violencia descrita y el nivel de intimidación reflejado en la causa, se habría convertido en uno de los puntos más explosivos del procedimiento judicial.

Según el relato recogido en la investigación de la Guardia Civil y que se refleja en el escrito de la Fiscalía, la víctima habría sido trasladada contra su voluntad hasta un zulo improvisado en un trastero de Palma, un espacio oculto y de reducidas dimensiones en el que únicamente había una silla y una bombilla colgando del techo, permaneciendo retenida durante más de cuatro horas bajo un clima de terror constante.

Durante ese tiempo, siempre según la acusación, el antiguo colaborador habría sido sometido a amenazas explícitas de muerte dirigidas tanto contra él como contra miembros de su familia. El objetivo de esa retención habría sido forzar el pago inmediato de una supuesta deuda económica derivada de pérdidas vinculadas al funcionamiento interno de la organización. La investigación sostiene que la presión psicológica ejercida sobre la víctima fue extrema y que el episodio habría servido como mensaje interno de advertencia para cualquier persona del entorno que pretendiera desobedecer órdenes o romper la disciplina impuesta dentro del grupo.

La causa apunta a que este presunto ajuste de cuentas no terminó con la liberación de la víctima. Días después, según la reconstrucción de los hechos incorporada al procedimiento, el hombre habría sido localizado nuevamente por varios integrantes del entorno criminal en la zona de El Arenal, donde se produjo una agresión de extrema violencia. El relato describe golpes reiterados, uso de objetos contundentes y una actuación coordinada por parte de varios participantes, provocando lesiones de enorme gravedad y secuelas permanentes que marcaron físicamente a la víctima.

Los investigadores consideran que este episodio refleja uno de los ejemplos más claros del supuesto sistema de control interno atribuido a la organización, basado presuntamente en el miedo, las amenazas y la violencia física para garantizar obediencia y silencio dentro del entramado. Según la investigación, el uso de la intimidación no solo habría estado relacionado con las actividades de narcotráfico y blanqueo de capitales, sino también con la resolución de conflictos económicos internos y el castigo a antiguos colaboradores considerados problemáticos o desleales.

La brutalidad de este episodio convirtió el caso en una de las piezas más sensibles de toda la investigación judicial desarrollada en Mallorca, especialmente por la descripción detallada de los hechos y por las graves consecuencias físicas y psicológicas que, según la acusación, sufrió la víctima tras el presunto secuestro y la posterior agresión. El juicio arrancará en la Audiencia de Palma el próximo lunes y se prolongará durante toda la semana.

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