Los verdaderos orígenes de la Feria de Abril de Sevilla: la Reina Isabel II, dos concejales y el negocio
La primera edición se celebró en 1847 en el Prado de San Sebastián y reunió a unos 25.000 visitantes
La Feria dejó atrás su origen mercantil, se trasladó en 1973 y hoy ocupa 1.200.000 metros cuadrados

La Feria de Abril de Sevilla nació en 1847 muy diferente a lo que hoy conocemos. Entonces, se trataba de un mercado de ganado impulsado por los concejales José María Ibarra y Narciso Bonaplata, que lograron la aprobación de la Reina Isabel II para poner en marcha una cita anual de tres días en el Prado de San Sebastián. Aquel estreno reunió a cerca de 25.000 visitantes y fue el origen de una celebración que con los años acabó convertida en uno de los grandes símbolos de la ciudad… y del país.
Los verdaderos orígenes de la Feria de Sevilla se remontan a 1846, cuando José María Ibarra y Narciso Bonaplata plantearon la creación de una feria anual con un marcado carácter mercantil. La idea consistía en organizar durante tres días, en el mes de abril, un espacio dedicado a la compra y venta de ganado, en una ciudad que por entonces veía en este tipo de encuentros una importante oportunidad económica y comercial.
La iniciativa salió adelante tras recibir la aprobación de la Reina Isabel II. De este modo, el 18 de abril de 1847 quedó inaugurada la primera Feria en el Prado de San Sebastián. Aquella edición inicial logró reunir a cerca de 25.000 visitantes, una cifra que ya daba muestra de la dimensión que podía alcanzar el evento en Sevilla.
Con el paso de los años, la Feria fue dejando atrás ese perfil estrictamente mercantil para convertirse en una gran fiesta social. La cita evolucionó hasta consolidarse como uno de los festejos más importantes de la capital andaluza, manteniéndose viva salvo durante dos años de interrupción en la Guerra Civil.
El crecimiento progresivo de la celebración hizo necesario un cambio de ubicación. En 1973, y ante el elevado número de asistentes, la Feria fue trasladada a su emplazamiento actual. En la actualidad, el recinto ocupa 1.200.000 metros cuadrados y se divide en tres grandes zonas: la Calle del Infierno, el Real de la Feria y los aparcamientos.
El Real está estructurado en quince calles, cada una de ellas con el nombre de una figura importante del toreo. En la parte posterior de los rótulos aparece una leyenda que resume la biografía del torero correspondiente. Por su parte, la Calle del Infierno se reserva como parque de atracciones y constituye uno de los focos de diversión del recinto.
Hoy, la Feria mantiene tradiciones muy arraigadas en Sevilla. El sevillano convierte la caseta en una extensión de su casa, un lugar en el que recibe a familiares y amigos y ejerce de anfitrión. En ese ambiente no faltan el fino de Jerez, la manzanilla de Sanlúcar de Barrameda, el jamón, las gambas, las sevillanas, las palmas, la guitarra o el tamboril rociero.
La celebración tiene lugar una o dos semanas después de Semana Santa y arranca el sábado a las doce de la noche con la prueba del alumbrado, cuando se enciende la portada junto a miles de bombillas y farolillos. Tras varios días de fiesta, caballos, carruajes y casetas, la Feria termina oficialmente el sábado siguiente a medianoche con fuegos artificiales a la orilla del río Guadalquivir.
Anécdotas y curiosidades
La primera Feria de Abril en Los Remedios se celebró, de forma llamativa, en mayo. Fue del 1 al 6 de mayo de 1973 por razones del calendario litúrgico, aunque para suavizar esa paradoja la inauguración oficial se adelantó a las 21.00 horas del 30 de abril. Aquel estreno en el nuevo recinto fue presidido por el alcalde Juan Fernández Rodríguez García del Busto. Además, las primeras sevillanas que sonaron en aquellos terrenos las cantó Naranjito de Triana, acompañado a la guitarra por José Cala El Poeta.
También en 1973, las dos primeras casetas instaladas a finales de marzo, en los números 39 y 41 de la calle Joselito el Gallo, sirvieron de escenario para que el alcalde y el concejal de Fiestas Mayores, José Jesús García Díaz, confirmaran oficialmente a los medios la celebración de la primera Feria en Los Remedios.
Uno de los episodios más trágicos se vivió en 1964, todavía en el Prado de San Sebastián. Aquel año ardieron 67 casetas, hubo más de 50 heridos de diversa gravedad y falleció un anciano a causa de las lesiones sufridas. Sin embargo, aquella edición dejó también una imagen de solidaridad, ya que la reconstrucción total o parcial de las casetas quemadas en muy pocas horas permitió que la Feria siguiera celebrándose con gran afluencia de público.
La política también ha marcado la historia del festejo. En 1931, cuando la Feria estaba a punto de inaugurarse, la proclamación de la República obligó a cambiar a toda prisa las banderas monárquicas por las republicanas. El Ayuntamiento recién constituido destinó 13.250 pesetas a ese cambio de enseñas, que pudo completarse en cuestión de horas.
La picaresca también tuvo su sitio. En 1893, el Ayuntamiento ordenó a los cocheros de punto que dejaran de pregonar «Al real», ya que muchos sevillanos entendían que se trataba del precio del trayecto, cuando en realidad aludían al Real de la Feria y al final les cobraban dos reales.
Otra curiosidad es que en la primera Feria de 1847 ya hubo una corrida de toros. Se lidiaron seis toros de Don Luis Taviel de Andrade por los diestros Juan Lucas Blanco, de Sevilla, y Manuel Díaz el Lavi, de Cádiz. Ya entonces hubo protestas por el cartel, al considerar muchos sevillanos que había dejado fuera a figuras como Curro Cúchares, Pepete o Francisco Montes Paquiro.
Más cerca en el tiempo, la edición de 1990 fue la primera en siglo y medio que se celebró sin caballos por culpa de la peste equina y de las disposiciones oficiales. Sevilla se quedó así sin una de las imágenes más características de su primavera. Pese a incendios, crisis, vaivenes políticos o suspensiones como las de 1937, 1938 y 1939, la Feria ha sobrevivido a todo y ha mantenido intacta su condición de gran símbolo de Sevilla.
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