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La obsesión por la cámara del móvil empieza a perder sentido

  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

La cámara del móvil siempre ha sido el gran argumento de venta desde que estos comenzaron a evolucionar. Cada nuevo lanzamiento llega acompañado de más megapíxeles, sensores gigantes, zooms imposibles y promesas de fotos profesionales. Sin embargo, algo está cambiando. La sensación cada vez más extendida es que, para la mayoría de usuarios, la cámara del móvil ha dejado de ser un problema y también una prioridad real.

Es más que suficiente para el uso diario

Hoy, incluso un móvil de gama media ofrece resultados más que dignos. Fotos nítidas, buen rango dinámico, vídeos estables y un modo noche que funciona razonablemente bien. Para el uso real, WhatsApp, redes sociales, alguna foto familiar o un viaje, la cámara del móvil cumple de sobra desde hace varias generaciones. La mejora existe, sí, pero es cada vez menos perceptible para el usuario medio.

Aquí aparece el primer choque con la realidad. El marketing sigue hablando de saltos enormes, pero en el día a día las diferencias son mínimas. Cambiar de móvil ya no implica un “antes y después” en fotografía como ocurría hace años.

Más números, menos emoción

Megapíxeles, aperturas, pulgadas de sensor, nombres rimbombantes. El problema es que muchos usuarios ya no saben qué significan realmente esos datos. Y, lo que es más importante, tampoco los necesitan. La mayoría no imprime fotos, no edita en RAW ni compara píxel a píxel. Solo quiere que la foto salga bien y rápido.

Sí, esta foto la hice con un móvil – Nacho Grosso

La cámara del móvil se ha convertido en una carrera de cifras que interesa más al fabricante que al comprador. En muchos casos, se paga por capacidades que nunca se van a aprovechar.

La IA lo ha cambiado todo para bien y para mal

La inteligencia artificial ha democratizado la fotografía móvil. Hoy es el software el que decide gran parte del resultado final, corrige colores, elimina ruido, ajusta el cielo o mejora retratos. Esto tiene una parte muy positiva, porque permite que cualquiera haga buenas fotos sin saber de fotografía.

Pero también tiene un efecto colateral, las imágenes empiezan a parecerse demasiado entre sí. Fotos muy correctas, muy procesadas y con poca personalidad. La cámara del móvil ya no refleja tanto lo que ve el usuario, sino lo que el algoritmo cree que debería verse.

El usuario ha cambiado sus prioridades

Mientras los fabricantes siguen empujando la cámara como reclamo principal, muchos usuarios miran otras cosas. Batería, rendimiento, almacenamiento, pantalla o incluso precio pesan cada vez más en la decisión de compra. La cámara del móvil sigue siendo importante, pero ya no es el centro de todo.

De hecho, hay una cierta fatiga con el discurso fotográfico. No todo el mundo quiere aprender qué es un sensor de una pulgada o un zoom periscópico. Quiere un móvil equilibrado que funcione bien en el día a día.

Cuando la cámara deja de ser el factor decisivo

Esto no significa que la cámara del móvil no importe. Importa, y mucho, pero ha dejado de ser un elemento diferenciador real para la mayoría. Salvo casos muy concretos, creadores de contenido, aficionados a la fotografía o vídeo, la experiencia es suficientemente buena en casi cualquier rango de precio.

La obsesión por la cámara del móvil empieza a perder sentido porque el problema ya está resuelto. Y cuando algo deja de ser un problema, deja también de ser una prioridad.