Alberto Chicote habla sobre uno de sus restaurantes y lo que dice nadie lo vio venir: «Pocas sonrisas»
Alberto Chicote es uno de los cocineros más famosos de la pequeña pantalla
Chicote ha reconocido que su restaurante estrella le daba muchos problemas
"Nos daba mucho dinero y pocas sonrisas", ha explicado sobre Yakitoro
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Alberto Chicote es uno de los rostros más famosos de la televisión. Su carácter firme, su discurso directo y sus inconfundibles chaquetillas de colores lo han convertido en una figura popular más allá del ámbito gastronómico. Sin embargo, detrás del personaje televisivo hay un cocinero vocacional, formado durante años entre fogones, cuya verdadera ambición siempre ha estado ligada a sus restaurantes y a una manera muy personal de entender la cocina.
Nacido en Madrid el 23 de junio de 1969, Chicote cursó sus estudios en la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de la capital, donde comenzó a perfilar una carrera que, en sus primeros años, estuvo lejos de los focos. Tras finalizar su formación, trabajó en distintos restaurantes de terceros, una etapa decisiva en la que fue consolidando su estilo y especializándose en la cocina fusión, un terreno aún poco explorado en aquel momento en la escena madrileña. Ese recorrido profesional le permitió ganar prestigio en la capital y construir una reputación sólida dentro del sector.
El sueño de Alberto Chicote
Como ocurre con muchos cocineros, el deseo de tener un restaurante propio acabó imponiéndose. Ese anhelo se materializó en 2014 con la apertura de Yakitoro, un local situado en las inmediaciones de la Gran Vía madrileña que supuso un punto de inflexión en su trayectoria. El restaurante apostaba por una cocina fusión japonesa-española inspirada en las izakayas niponas y en el arte del yakitori, las tradicionales brochetas asadas al carbón, un concepto que Chicote había interiorizado durante su formación.
Yakitoro destacó desde sus inicios por una combinación que resultó especialmente atractiva para el público: platos originales, cocina vista, protagonismo del fuego y una relación calidad-precio ajustada. La propuesta caló rápidamente entre los comensales madrileños y el local se convirtió en uno de los espacios gastronómicos más concurridos del centro de la ciudad. El éxito fue tal que, poco después, se abrió un segundo establecimiento en el Paseo de la Castellana, consolidando la marca como uno de los lugares de referencia de la capital.
A pesar de esa imagen de triunfo sostenido, Chicote ha reconocido con el paso del tiempo que aquella etapa no estuvo exenta de tensiones. En una entrevista concedida recientemente a Javi Antoja, conductor del pódcast Se me antoja, el chef repasó sin rodeos su experiencia al frente de Yakitoro y explicó que el balance emocional no siempre fue positivo. «Siempre he dicho que nos daba mucho dinero y pocas sonrisas», afirmó al recordar aquellos años.
Esa reflexión acabó derivando en una decisión trascendental. En noviembre de 2021, Alberto Chicote se desvinculó de los dos restaurantes Yakitoro, que continúan funcionando en la actualidad sin su participación directa. El cierre de esa etapa no significó, sin embargo, un alejamiento de la restauración, sino más bien un replanteamiento profundo de sus prioridades profesionales y personales.
Adiós a Yakitoro
Tras abandonar Yakitoro, Chicote y su mujer, Inma, apostaron por un proyecto distinto, más reducido y con mayor control creativo. Así nació Omeraki, un restaurante que abrió sus puertas en julio de 2022 en la calle Duque de Sesto, en Madrid. El local, ubicado en un antiguo taller reconvertido en espacio gastronómico, refleja una propuesta más íntima y coherente con el momento vital del cocinero.
En esta nueva etapa, Chicote ha recuperado su pasión por la cocina fusión desde un enfoque más sereno. La carta de Omeraki se basa en platos contemporáneos con guiños orientales, siempre sustentados en producto nacional de temporada. La oferta se articula en torno a tres menús degustación: Síntesis, con un precio de 73 euros, Festival, por 86 euros y Homenaje, el más completo, por 110 euros.
En la entrevista, el chef reconocía con cierta ironía que Omeraki no genera, por ahora, los mismos ingresos que sus proyectos anteriores. «Ahora tenemos un negocio que nos da muchas sonrisas y poca pasta», comentaba entre risas. No obstante, lejos de mostrarse preocupado, Chicote se mostró confiado en la evolución futura del restaurante y en su capacidad para consolidarse económicamente. «Nos dará más», aseguró, dejando claro que, en esta ocasión, la rentabilidad no es el único baremo de éxito.
La trayectoria de Alberto Chicote demuestra así que, más allá de la notoriedad televisiva, su carrera ha estado marcada por decisiones complejas y por una búsqueda constante de equilibrio entre reconocimiento, viabilidad económica y satisfacción personal. Un camino que sigue escribiéndose, esta vez, desde la cocina de un restaurante que resume mejor que nunca su manera de entender el oficio.
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