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La tendencia de andar como perros en las calles: lo que la salud mental revela sobre los ‘therians’

En ciudades como Buenos Aires, Córdoba y Mendoza –Argentina–, se han visto grupos de jóvenes caminando a cuatro patas

El origen de esta tendencia se relaciona con la subcultura therian, personas que sienten una identificación profunda con animales

En plazas, parques y calles de ciudades como Buenos Aires, Córdoba y Mendoza –Argentina–, se han visto grupos de jóvenes caminando a cuatro patas, con máscaras, colas y atuendos de animales. Lo que comenzó como videos aislados en TikTok se ha convertido en un fenómeno viral que genera debate: ¿es una forma de expresión personal o una conducta inquietante que desafía los límites del espacio público y la salud mental?

El origen de esta tendencia se relaciona con la subcultura therian, personas que sienten una identificación profunda con animales. No se trata de un disfraz pasajero, como los que usan los furries, sino de una expresión de identidad personal. Sus miembros afirman que esta forma de actuar refleja cómo se sienten por dentro, y que les ayuda a encontrar comunidad y pertenencia.

Las redes sociales han amplificado el fenómeno. Los videos en TikTok, Instagram y X acumulan millones de vistas, y los comentarios están divididos. Algunos usuarios celebran la libertad de expresión y la creatividad de los jóvenes, mientras que otros se muestran preocupados por la seguridad y el impacto en el espacio público. Algunos clips muestran incluso incidentes con perros reales o reacciones desconcertadas de transeúntes, lo que intensifica la polémica.

Sufrimiento y aislamiento

Especialistas en salud mental aclaran que identificarse como un animal no es un trastorno mental en sí mismo. La preocupación surge sólo si la conducta genera sufrimiento, aislamiento o riesgo para la persona o terceros. La psicóloga clínica María Torres explica: «La patología no está en sentirse identificado con un animal, sino en cuando esa identidad provoca angustia o deterioro en la vida cotidiana».

Más allá de la viralidad y el humor que generan los videos, este fenómeno abre un debate más profundo sobre identidad, libertad de expresión y tolerancia. Nos invita a reflexionar sobre cómo la sociedad percibe formas de expresión poco convencionales y hasta qué punto estamos dispuestos a aceptar la diversidad en los espacios públicos.

Por otro lado, algunos profesionales advierten que la línea entre expresión y riesgo puede ser difusa. Caminando a cuatro patas en la vía pública o interactuando con animales reales puede implicar accidentes o situaciones de vulnerabilidad, lo que requiere acompañamiento y educación sobre límites seguros. En este sentido, la comunidad y la familia juegan un rol clave para apoyar la identidad de la persona sin comprometer su bienestar físico o emocional.