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En qué consiste la rotura de menisco

La rotura de menisco es una de las lesiones de rodilla que se dan con mayor frecuencia. Es relativamente común en deportistas a la hora de realizar determinados movimientos, como el giro de rodilla. Cada rodilla tiene un total de dos meniscos, los cuales actúan a modo de amortiguadores entre el fémur y la tibia.

La rotura de menisco genera una gran sensación de dolor, así como rigidez e hinchazón en la zona. También es habitual sentir una especie de bloqueo al tratar de realizar cualquier tipo de movimiento con la rodilla.

Principales causas

Una rotura de menisco puede darse por una determinada actividad en la que la persona provoque un giro demasiado brusco, como por ejemplo pivotear de forma agresiva o frenar de manera brusca. Aunque no es lo habitual, hay quienes han sufrido una rotura de menisco por ponerse en cuclillas o levantar un producto muy pescado. En personas ancianas, hay algunos cambios degenerativos localizados en la rodilla que aumentan el riesgo de sufrir un traumatismo de este tipo.

Síntomas

Hay una serie de síntomas que alertan de una posible rotura de menisco. El más común es la sensación de que la rodilla a va estallar, que se presenta en forma de dolor agudo e intenso que se agudiza al realizar cualquier movimiento.

La rotura de menisco también causa rigidez e hinchazón en la zona, así como dificultad para extender por completo la rodilla. Al tratar de girarla o moverla, es habitual notar que la zona está bloqueada.

Tratamiento

Respecto al tratamiento de la rotura de menisco, en primer lugar el médico recomienda en primer lugar el reposo absoluto. Es importante evitar cualquier tipo de actividad que pueda agravar el dolor de la zona, especialmente las deportivas.

El hielo es un excelente remedio casero para reducir el dolor de la rodilla, así como la hinchazón de la zona. Lo ideal es utilizar una compresa de hielo y aplicarla en la rodilla durante 15 minutos, manteniendo esta zona elevada. Lo recomendable es repetir el proceso cada 4 o 6 horas. Los analgésicos son una excelente forma de calmar el dolor.

Si la rotura no se puede reparar, la zona afectada del menisco se puede recortar con cirugía. La técnica más habitual a día de hoy consiste en realizar una serie de incisiones con un artroscopio. Después de la intervención hay que realizar una serie de ejercicios para favorecer la movilidad y la fuerza de la rodilla.