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Más de dos horas diarias de pantallas se asocia con probabilidad de posible TDAH en la infancia

Fundación Mapfre y la Universidad de Navarra presentan el estudio ‘Dieta, pantallas y síntomas de TDAH en la infancia

Un mayor consumo de ultraprocesados se relaciona con peores puntuaciones en hiperactividad

Los niños que pasan dos o más horas al día frente a pantallas presentan un riesgo relativo 2,16 veces mayor de cumplir los criterios de cribado de un posible trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) que aquellos que pasan menos de una hora diaria. Asimismo, un mayor consumo de productos ultraprocesados se asocia con peores puntuaciones en las dimensiones de hiperactividad, relación con iguales, conducta prosocial e inatención.

Estas son las principales conclusiones del informe Dieta, pantallas y síntomas de TDAH en la infancia. Resultados del Proyecto SENDO, elaborado por el grupo de investigación de la Universidad de Navarra, con el apoyo de Fundación Mapfre. El estudio se desarrolla en el marco del Proyecto SENDO, una cohorte pediátrica prospectiva (un grupo de niños y niñas que se monitoriza durante un periodo de tiempo) que estudia cómo diferentes factores del estilo de vida se relacionan con la salud infantil. En este análisis concreto, los investigadores se han centrado específicamente en la alimentación y el tiempo de exposición a pantallas y su relación con la salud psicoemocional y conductual, y los síntomas de TDAH, un trastorno que afecta ya entre el 5 y 7% de los niños en España.

El informe ha sido presentado esta mañana en un evento que ha contado con la participación de Eva Arranz, médico de Fundación Mapfre, y Nerea Martín Calvo, especialista en pediatría, doctora en investigación en Medicina Aplicada y profesora titular de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Navarra. Durante el acto, las expertas han abordado la importancia de estudiar de forma integral los factores que pueden estar relacionados con la salud psicoemocional infantil, así como los principales resultados del estudio y la necesidad de seguir investigando para comprender mejor la relación entre los hábitos de vida y los signos asociados al TDAH.

«El TDAH tiene un origen complejo en el que intervienen factores genéticos y neurobiológicos, pero también determinados hábitos que forman parte del entorno en el que se desarrolla la infancia. Con este estudio queremos analizar si factores potencialmente modificables, como la alimentación o el tiempo de exposición a pantallas, se relacionan con una mayor probabilidad de cumplir los criterios de cribado de un posible TDAH», ha destacado Nerea Martín Calvo, especialista en pediatría y doctora en investigación en Medicina Aplicada por la Universidad de Navarra.

Al tratarse de un estudio observacional, estos resultados no permiten establecer una relación causal; sin embargo, tal y como ha indicado la especialista, contar con estudios prospectivos como este es importante porque «nos permite avanzar en el conocimiento de una relación que todavía necesita más investigación y observar estos hábitos antes de evaluar posteriormente los síntomas».

«La relevancia de estos resultados reside en que, por ejemplo, la alimentación y la exposición a pantallas son aspectos sobre los que las familias pueden actuar. Promover hábitos saludables, como priorizar una alimentación basada en alimentos frescos y limitar el tiempo frente a dispositivos electrónicos, puede formar parte de un enfoque integral para favorecer la salud y el bienestar infantil», ha destacado Eva Arranz, médico de Fundación Mapfre.

Metodología prospectiva

El TDAH es uno de los trastornos del neurodesarrollo más frecuentes de la infancia, y sus síntomas incluyen desde dificultades de atención (inatención), hiperactividad o impulsividad, pudiendo repercutir en distintos ámbitos de los niños, como el aprendizaje, la convivencia y las relaciones sociales. Hasta ahora, una parte importante de la evidencia disponible procede de estudios transversales, en los que los hábitos y los síntomas se evalúan en a la vez. Esto dificulta conocer qué ocurre primero y, por tanto, estudiar la secuencia temporal entre los hábitos y los indicadores posteriores de salud psicoemocional.

La principal particularidad de este trabajo es precisamente su diseño prospectivo. En este análisis, los hábitos relacionados con la alimentación y las pantallas se registraron aproximadamente dos años antes de la evaluación final de los indicadores de conducta y síntomas de TDAH. De este modo, los investigadores pueden estudiar la secuencia temporal entre los hábitos y los indicadores posteriores de salud psicoemocional y valorar si determinadas exposiciones preceden en el tiempo a las diferencias observadas posteriormente. Sin embargo, al tratarse de un estudio observacional, no permite establecer que esos hábitos sean la causa de los síntomas ni del TDAH.

El estudio ha analizado a 568 niños y niñas, con edades entre los 4 y 5 años al inicio del estudio. La información sobre alimentación, actividad física, sedentarismo, sueño y otros aspectos relacionados con la salud se recogió mediante cuestionarios cumplimentados por los padres.

Para valorar estos resultados, los investigadores utilizaron dos herramientas complementarias. Por un lado, el Strengths and DifficultiesQuestionnaire (SDQ), un cuestionario de 25 preguntas diseñado para valorar cinco dimensiones del comportamiento y el bienestar emocional y social de los niños: síntomas emocionales, problemas de conducta, hiperactividad, relaciones con los compañeros y conducta prosocial (comportamientos positivos en la relación con otras personas, como ayudar, cooperar o mostrar consideración hacia los demás). Por otro lado, se utilizó la escala de TDAH de DuPaul, que consta de 18 ítems y se centra específicamente en dos grupos de síntomas relacionados con este trastorno: inatención e hiperactividad/impulsividad.

Ambas herramientas permiten cuantificar la presencia e intensidad de determinados síntomas y realizar un cribado, pero no sustituyen una valoración clínica ni permiten por sí mismas establecer un diagnóstico definitivo de TDAH.

Predisposición a un posible TDAH

Los resultados han puesto de manifiesto que un 10,9% de los participantes cumplieron los criterios de un «posible TDHA» según la escala Du Paul. «Esta clasificación no equivale a que esos niños tengan un diagnóstico de TDAH. Se trata de una herramienta de cribado que nos permite identificar a aquellos que presentan más síntomas y que, por tanto, podrían requerir una valoración clínica más completa», ha explicado la doctora de la Universidad de Navarra.

4 de cada 10 niños pasa al menos una hora diaria frente a pantallas

En el grupo analizado, el 61% de los niños dedica menos de una hora diaria a las pantallas, mientras que el 39% pasa una hora o más al día frente a ellas.

En relación con los diferentes niveles de exposición, los investigadores observaron que pasar entre una y dos horas al día se asocia con un riesgo relativo del 1,22 de cumplir los criterios de posible TDAH, mientras que en los niños que están dos horas o más el riesgo relativo alcanza un 2,16. Es decir, los niños que pasan dos horas o más diarias frente a pantallas duplican la probabilidad de cumplir los criterios para identificar un posible TDAH.

A mayor consumo de ultraprocesados, peores indicadores

El estudio también analiza la proporción de productos ultraprocesados dentro de la alimentación de los participantes. De media, estos alimentos representaron el 37% de la ingesta energética de los niños incluidos en el análisis.

Al comparar a los niños con un consumo alto de productos ultraprocesados con aquellos con ingesta menor, los resultados mostraron puntuaciones significativamente peores en el primer grupo: se observa 1,50 puntos más en la puntuación total del SDQ y 2,14 puntos más en la puntuación total de la escala de DuPaul, una vez realizado el ajuste por otros posibles factores. Concretamente, se encontraron diferencias estadísticamente significativas en relación a la hiperactividad, las relaciones con los compañeros, la conducta prosocial y la inatención.

De hecho, las puntuaciones medias aumentan a medida que se incrementa el consumo de productos ultraprocesados. La puntuación total del SDQ pasa de 6,26 puntos en el grupo de menor consumo a 7,76 en el de mayor consumo, mientras que la puntuación total de DuPaul lo hace de 9,73 a 12,3 puntos.

“Estos resultados muestran la importancia de incorporar la alimentación y los hábitos digitales a una valoración integral del bienestar infantil, sin culpabilizar a las familias», ha concluido la doctora Martín Calvo. «A partir de aquí, el objetivo es replicar estos resultados, mejorar la medición objetiva de los hábitos y estudiar si modificar estas exposiciones produce cambios en los síntomas».