Incorpora a tu vida estos hábitos saludables para perder peso
¿Has venido con algún kilo de más de las vacaciones? ¿Te cuesta perder peso aunque estés a dieta? Puede ser un problema de hábitos. Incorporar ciertas costumbres saludables al día a día harán que tu cuerpo se mantenga en un peso óptimo sin recurrir a métodos de adelgazamiento extremos.
Dormir 7-8 horas cada día
Respetar las horas de sueño es fundamental. Muchos estudios han confirmado la relación entre la falta de calidad de sueño con el aumento de la obesidad. Además, algunas investigaciones apuntan a que si por el día cuidamos la alimentación y tenemos un sueño reparador por la noche, quemaremos más grasa.
Comer delante del ordenador o de la televisión, no gracias
Si optamos por comer en un parque, con la familia o simplemente en el salón de tu casa, perdiendo de vista el ordenador o la televisión, mejorará nuestro peso. ¿Por qué? Porque comer cerca de estos aparatos aumenta el apetito, debido por un lado a la publicidad excesiva de alimentos grasos y por otro lado, porque la pantalla aleja la mente de lo que está comiendo y se ingiere más cantidad.
Beber agua
A veces cuesta, pero beber un litro de agua al día como mínimo (unos 6 vasos) ayudará a tu cuerpo a deshincharse y eliminar toxinas de forma natural. Además, tu piel se verá visiblemente más hidratada y rejuvenecida.
En el encuentro de la Sociedad Americana de Química (ACS) se presentó un estudio que reveló que beber dos vasos de agua antes de dormir previene la obesidad y ayuda a perder peso.
Los alimentos saludables, siempre a la vista
Esconde aquella alimentos que tengan más calorías. De esta forma, ante un aumento del apetito a determinadas horas al día, comerás un tentempié saludable.
El desayuno no puede faltar
Está comprobado que saltarse el desayuno es uno de los factores que desencadenan un aumento de peso. El desayuno debe constituir la base de energía para toda la jornada, de no ser así, consumiremos más calorías en la siguiente comida.
Cambiar la forma de hablar de la comida
En lugar de decir «yo no puedo comer eso», cambiarlo por un «yo no como eso» es muy sustancial. El mensaje que le enviamos al cerebro diciendo «no puedo», constituye una «privación» de algo en vez de una «elección» de lo que comemos.
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