tabaquismo

Un estudio encuentra una alternativa al snus con un 90% menos de sustancias tóxicas para dejar de fumar

Suecia registra tasas de cáncer de pulmón entre las más bajas de la UE, y distintos estudios lo han asociado al uso extendido de snus frente al cigarrillo

Un estudio encuentra una alternativa al snus con un 90% menos de sustancias tóxicas para dejar de fumar
Una persona en un bar con un lata de snus.
Diego Buenosvinos

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En pleno debate sobre el futuro de las políticas antitabaco y la revisión de la normativa europea sobre productos del tabaco, un nuevo estudio vuelve a poner sobre la mesa una cuestión cada vez más relevante: ¿todas las formas de consumo de nicotina presentan el mismo riesgo?

Un trabajo publicado en BMC Chemistry por Hadley y colaboradores en 2026 ha comparado el perfil químico de las bolsas de nicotina oral con el del snus sueco y con los compuestos presentes en el humo de los cigarrillos convencionales. Los resultados apuntan a una menor presencia y concentración de sustancias tóxicas en las bolsas de nicotina, aunque los autores y otros especialistas advierten de que estos resultados no permiten convertirlas automáticamente en productos inocuos.

El estudio analizó 132 sustancias potencialmente tóxicas en 11 productos comerciales de bolsas de nicotina y en dos muestras de snus sueco. De todos los compuestos estudiados, 70 no alcanzaron niveles cuantificables en ninguna de las muestras.

La diferencia también aparece al comparar ambos productos orales. Los investigadores detectaron 58 analitos cuantificables en al menos una de las muestras de snus, frente a 47 en las bolsas de nicotina. Y allí donde ambos productos podían compararse, las concentraciones encontradas en las bolsas fueron, en la mayoría de los casos, más de un 90% inferiores a las del snus.

El dato resulta relevante porque permite observar una diferencia química entre productos que, aunque pertenecen al mismo universo de consumo de nicotina, no funcionan de la misma manera.

El gran factor diferencial: la combustión

La comparación con el cigarrillo convencional introduce una diferencia todavía mayor: la combustión.

Cuando se quema tabaco a temperaturas superiores a 800 grados, se genera una compleja mezcla de miles de sustancias químicas. Entre ellas se encuentran compuestos tóxicos y carcinógenos como el monóxido de carbono, determinados hidrocarburos aromáticos policíclicos y las nitrosaminas específicas del tabaco.

Por eso, desde el punto de vista de la exposición a sustancias tóxicas, el cigarrillo convencional continúa situándose en una categoría claramente diferente.

El snus sueco también evita la combustión. Es un producto de tabaco oral que no produce humo ni alquitrán y, por tanto, elimina buena parte de los compuestos generados por la combustión. Sin embargo, al contener hoja de tabaco puede presentar determinadas sustancias propias de esta materia prima, entre ellas nitrosaminas específicas del tabaco y algunos metales.

Las bolsas de nicotina constituyen una categoría diferente. No contienen hoja de tabaco y utilizan habitualmente fibras vegetales, nicotina, aromas y otros ingredientes. Al no existir combustión ni hoja de tabaco, desaparecen algunas de las fuentes de contaminantes características de los productos tradicionales. Pero esa diferencia química no significa que sean productos sin riesgo.

Menos tóxicos no significa inocuos

Este es probablemente el punto que más debería tenerse en cuenta al interpretar el estudio.

Las bolsas de nicotina son relativamente nuevas y existe todavía menos evidencia epidemiológica sobre sus efectos a largo plazo que en el caso del tabaco convencional o el snus. Además, contienen nicotina, una sustancia con capacidad adictiva.

El crecimiento de esta categoría también preocupa especialmente por su utilización entre jóvenes y por el riesgo de que personas que no fumaban previamente comiencen a consumir nicotina.

Por tanto, el debate científico no debería plantearse únicamente en términos de «producto seguro» frente a «producto peligroso», sino en términos de exposición y riesgo relativo.

La pregunta relevante para un fumador puede ser diferente de la que se plantea para una persona que nunca ha consumido nicotina. Para quien ya fuma cigarrillos, sustituir completamente la combustión por una alternativa con una exposición mucho menor a determinados tóxicos podría tener implicaciones distintas que iniciar el consumo de nicotina desde cero.

El debate llega a Europa

Los resultados aparecen además en un momento especialmente sensible para la política europea sobre nicotina y tabaco. La revisión de la normativa comunitaria tendrá que enfrentarse a una cuestión cada vez más difícil: cómo regular productos que no presentan el mismo perfil toxicológico sin transmitir a los consumidores la idea de que aquellos con menor exposición son completamente inocuos.

Es una distinción fundamental

Una regulación que trate exactamente igual al cigarrillo combustible y a productos sin combustión podría ignorar diferencias relevantes en la exposición a sustancias tóxicas. Pero una regulación excesivamente permisiva también podría favorecer el consumo de nicotina entre personas que nunca habían fumado, especialmente entre adolescentes y jóvenes.

La clave estará, por tanto, en encontrar un equilibrio entre reducción de daños, prevención del inicio del consumo y protección de los menores.

Una evidencia que añade una pieza al debate

El estudio de BMC Chemistry aporta una pieza más a esa discusión. Sus resultados muestran que, desde el punto de vista estrictamente químico, las bolsas de nicotina analizadas presentan una carga de sustancias tóxicas inferior a la del snus estudiado y muy alejada de la complejidad química asociada al humo del cigarrillo.

Pero el análisis químico tiene sus límites. No determina por sí solo cuáles serán los efectos sobre la salud después de décadas de consumo ni permite concluir que un producto sea seguro.

La conclusión más prudente es, precisamente, distinguir entre ambas cosas: menor exposición a determinados tóxicos no equivale a ausencia de riesgo.

Y esa diferencia será una de las claves del debate europeo sobre la próxima generación de productos de nicotina: no todos parecen tener el mismo perfil de riesgo, pero tampoco todos deberían presentarse como alternativas inocuas al tabaco.

Para un fumador que busca abandonar el cigarrillo, la reducción de la exposición a productos de combustión puede ser una cuestión relevante. Para un joven que nunca ha fumado, empezar a consumir nicotina es otra historia completamente distinta. La política sanitaria tendrá que ser capaz de manejar ambas realidades sin confundirlas.

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