El empaquetado genérico que estudia España, bajo debate: Australia supera el 50% de tabaco ilegal y sin control sanitario
Cuando los consumidores abandonan el mercado regulado y se desplazan hacia el comercio ilícito, el problema no desaparece: cambia de manos
La ministra de Sanidad, Mónica García, ha intentado incorporar desde 2024 el empaquetado genérico del tabaco a la futura ley antitabaco como una de las medidas para reducir el consumo. Sin embargo, la experiencia de algunos países que ya lo han implantado ha reabierto el debate sobre sus posibles efectos no deseados, especialmente el aumento del mercado ilícito. En Australia, pionera en esta medida, el tabaco ilegal ya supera el 50% del mercado, un fenómeno que preocupa tanto por el impacto económico como sanitario: los cigarrillos de contrabando o falsificados escapan a los controles de calidad y composición y, en algunos análisis realizados sobre productos incautados, se han detectado concentraciones de sustancias tóxicas muy superiores a las del tabaco comercial.
Hablar de políticas de control del tabaco exige partir de una realidad incontestable: fumar cigarrillos es la forma más perjudicial de consumir nicotina. La combustión del tabaco genera sustancias tóxicas asociadas a enfermedades cardiovasculares, respiratorias y distintos tipos de cáncer. Por ello, cualquier estrategia de salud pública debe tener como objetivo prioritario reducir el consumo de cigarrillos y favorecer su abandono. No obstante, los expertos advierten de que también conviene evaluar si determinadas medidas pueden favorecer el desplazamiento de parte de los consumidores hacia un mercado ilegal que escapa a los controles sanitarios y alimenta redes de contrabando.
Pero existe una segunda realidad de la que se habla mucho menos. Cuando los consumidores abandonan el mercado regulado y se desplazan hacia el comercio ilícito, el problema no desaparece: cambia de manos. Los cigarrillos de contrabando o falsificados escapan a los controles de calidad, trazabilidad y fiscalidad. Además, los elevados impuestos que soportan estos productos tienen una finalidad concreta: ayudar a compensar los enormes costes sanitarios asociados al tabaquismo. Cuando el consumo se traslada al mercado ilegal, esos recursos dejan de financiar servicios públicos como la sanidad y terminan alimentando redes criminales.
En este contexto conviene observar con atención algunos de los países que suelen presentarse como referencia. Australia es habitualmente citada como el gran ejemplo de éxito del empaquetado genérico porque fue el primer país del mundo en implantarlo. Sin embargo, más de una década después, las propias autoridades australianas reconocen la magnitud del problema del comercio ilícito. El Illicit Tobacco and E-cigarette Commissioner Report 2024-25, elaborado por el Gobierno australiano, estima que el mercado ilícito de tabaco ya representa alrededor del 55% del mercado total, con un valor aproximado de 5.600 millones de dólares australianos y unas pérdidas fiscales estimadas de entre 7.700 y 11.800 millones de dólares australianos en impuestos especiales no recaudados.
Incluso estimaciones experimentales posteriores elaboradas por el Australian Bureau of Statistics apuntan a que el peso del consumo procedente de fuentes ilícitas se ha disparado en los últimos años, reflejando el crecimiento de un mercado negro que preocupa a las propias autoridades del país.
Europa ofrece señales similares. Francia, uno de los países que implantó el empaquetado genérico en 2017 y que suele citarse como ejemplo regulatorio, se ha convertido, según el último estudio de KPMG, en el mayor mercado ilícito de cigarrillos de Europa. En 2025, el 41% de los cigarrillos consumidos en Francia procedían del mercado ilegal, lo que equivale a aproximadamente 20.500 millones de cigarrillos fuera de los canales regulados.
Comercio ilícito
La situación tampoco se limita a Francia. Países Bajos, donde el empaquetado genérico se aplica desde 2021, registra ya una cuota de consumo ilícito superior al 22% del mercado, niveles que no se observaban desde mediados de la década de los 2000.
Nadie puede afirmar seriamente que el empaquetado genérico sea el único responsable de estos resultados. Pero tampoco puede afirmarse que estos datos sean irrelevantes. Si algunos de los países que suelen utilizarse como modelo presentan hoy algunos de los mayores niveles de comercio ilícito del mundo desarrollado, resulta legítimo preguntarse si el debate regulatorio está teniendo en cuenta todos los efectos de estas políticas y no únicamente sus objetivos teóricos.
Lo que España necesita es una estrategia que reduzca realmente el consumo de cigarrillos, que sigue siendo la forma más perjudicial de consumir nicotina, pero que al mismo tiempo evite empujar a millones de consumidores hacia mercados clandestinos controlados por organizaciones criminales. La experiencia de Australia, Francia y Países Bajos demuestra que cualquier regulación debe evaluarse por sus resultados completos: salud pública, comercio ilícito, recaudación fiscal y capacidad real para reducir el consumo de cigarrillos.
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