El embajador Bassols a sus 100 años revela el secreto de su longevidad: camina una hora todos los días
Es aficionado a la dieta mediterránea y ocasionalmente se toma su copa de vino
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El embajador Raimundo Bassols nació en Barcelona el 3 de abril de 1926 y a sus 100 años mantiene una admirable capacidad intelectual, con una memoria prodigiosa, digna más bien de un superdotado. El histórico diplomático recibió el pasado martes al doctor Manuel de la Peña con los brazos abiertos en su casa de Madrid, donde vive desde hace muchos años, en una entrevista clínica de más de dos horas.
Al doctor le reveló que su secreto es que camina una hora diaria, aunque le da una pereza horrible, y que no lo deja para no perder movilidad; gracias a ello se levanta del sofá sin ayuda de nadie. También escucha una hora de música por la mañana cuando se está arreglando y dos horas de música clásica por las tardes, varias horas de lectura de libros al día, escribiendo sus libros, jugando al ajedrez. Es aficionado a la dieta mediterránea y ocasionalmente se toma su copa de vino. Nunca ha fumado. Mantiene vivas sus conexiones sociales y se despierta cada mañana con propósito vital. «Vivo con ilusión», afirma.
Lo que más le impresionó al afamado doctor es su filosofía de vida basada en «el amor y el perdón», «fuerza de voluntad y tesón para superar todo tipo de adversidades», «nunca bajes la guardia», «con esfuerzo llegas a donde quieras», frases que le soltó el embajador con un tono fuerte de voz que refleja una personalidad arrolladora, un don de gentes y una vitalidad enorme. Todos estos puntos fuertes son los que le han llevado a lo más alto del mundo diplomático, ya que ocupó la Secretaría de Estado para la Unión Europea (1981-1982), fue embajador ante la UE (1976-1981) y Bruselas (1976-1981), en Marruecos (1983-1986) y llegó a tener una estrecha relación con el rey Hassan II y en Argentina (1986-1991).
El embajador acompañó al presidente Adolfo Suárez y a Marcelino Oreja Aguirre, ministro de Asuntos Exteriores, a visitar los ocho países de la UE para convencerles de la adhesión de España como estado miembro, un verdadero sueño en los momentos que corrían. Y el día más feliz de su vida fue el 12 de julio de 1985 en el Palacio Real, en el salón de las columnas, cuando se celebró la entrada de España en la UE. Bassols afirma: «el trabajo es lo que me ha hecho vivir».
Trabajó hasta los 93 años
Se jubiló a los 65 años, pero ha seguido trabajando hasta los 93 años como asesor en relaciones institucionales. Ha sido distinguido con la Gran Cruz de Isabel la Católica y como Doctor Honoris Causa por la Universidad San Pablo-CEU de Madrid.
De pequeño le gustaba ayudar en misa. Gracias a una infancia que recuerda como muy dura, logró una beca en el Instituto Balmes de Barcelona, donde estudió con matrículas de honor, se doctoró en Derecho en la Universidad de Bolonia e ingresó en la carrera diplomática, hablando varios idiomas.
Como sabe impostar la voz, a los 16 años, para ganarse la vida, se convirtió en locutor de radio y trabajó para informativos de Radio Nacional en Barcelona, a la vez que estudiaba. También participaba como actor en comedias y así sufragaba sus gastos.
Se quedó viudo hace un año; su mujer, María, falleció a los 93 años, algo que le tiene apenado y que su recuerdo le produce todavía mucho dolor. Confiesa que «no veía la luz», pero que lo está superando gracias a su gran familia, sus tres hijas, siete nietos y siete bisnietos, de los cuales habla con mucha satisfacción y orgullo. Su hija María Bassols ha seguido sus pasos y actualmente es la embajadora representante adjunta de España ante la ONU en Ginebra, para el desarme.
Disciplina férrea
Como es habitual en las entrevistas clínicas, el doctor De la Peña observó que el embajador Bassols tenía su colesterol LDL en 53, su colesterol total en 150 y aprendió a mantenerlos en rangos bajos. Cuando tenía 75 años, sufrió algún síncope por un bloqueo completo de rama izquierda en el corazón, motivo por el cual le implantaron un marcapasos. En el 2020 le cambiaron la batería. A los 93 le hicieron un doble bypass coronario, por obstrucción severa de sus arterias coronarias por LDL elevado. Sin embargo, a día de hoy, De la Peña le tranquilizó al decirle que ahora sí que está protegido contra eventos cardiovasculares, gracias a su disciplina férrea. Bassols desea que revelar sus datos clínicos sea de ayuda a la comunidad científica para demostrar que la edad no es un obstáculo para curarse ni operarse.
El doctor de la Peña le regaló un rosario bendecido en el Vaticano por el cardenal Angelo Acerbi, que también tiene 100 años. El embajador Bassols le preguntó al doctor si las personas que han pasado de los 100 y 110 años se lo habían propuesto como meta, a lo que el doctor le respondió que nunca nadie de todos ellos lo había planeado y le afirmó con total seguridad que, si él se lo propone, podría entrar en el club de los supercentenarios, gracias a su fuerza de voluntad, disciplina y costumbres sanas, al igual que la francesa Jeanne Calment, que a sus 122 años batió el récord de longevidad de la humanidad.
Por último, lo que es verdaderamente admirable es el liderazgo médico que ejerce entre la comunidad científica De la Peña, donde su poder de influencia está logrando cambiar la percepción de las personas longevas para que reciban la mejor asistencia sanitaria y no les falte nada de nada hasta el último día de su existencia. Y lo dice, ni más ni menos, un emblemático líder mundial de la longevidad, cuyo mayor mérito es que una asociación de pacientes con una historia relevante de 35 años, como es Apacor, le haya elegido por aclamación presidente, siendo el primer médico de la historia que lo eligen los pacientes.
El Instituto Europeo de Salud y Bienestar Social se ha convertido en un referente mundial en el estudio de la longevidad y la mejora de la calidad de vida. Con iniciativas que reúnen a premios Nobel, ministros y expertos internacionales, esta institución impulsa proyectos de investigación que integran ciencia, tecnología y humanismo.
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