Jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Ruber Internacional

Dr. Enrique Grande: «La sangre en la orina puede ser el primer aviso de un cáncer de vejiga»

"Cuando llegamos tarde, los tratamientos son más complejos y agresivos"

"El principal factor de riesgo es el tabaco y está detrás de la mitad de los casos"

cáncer de vejiga
Dr. Enrique Grande.

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El cáncer de vejiga es el quinto tumor más frecuente en España y el país con mayor incidencia de esta enfermedad en la Unión Europea. Uno de los principales problemas es que muchas personas restan importancia a la sangre en la orina cuando aparece sin dolor o desaparece después.

Así lo explica a OKSALUD en una entrevista el director del Programa One Oncology Madrid Quironsalud y jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Ruber Internacional, Dr. Enrique Grande, quien alerta de que otros síntomas como el aumento de la frecuencia urinaria, el escozor o la urgencia para orinar pueden confundirse con infecciones o problemas benignos.

PREGUNTA.- La sangre en la orina puede aparecer sin dolor y desaparecer después. ¿Por qué es tan importante no restarle importancia, aunque ocurra solo una vez?
RESPUESTA.-
Porque puede ser el primer aviso de un cáncer de vejiga y, en muchos casos, el único síntoma inicial. Muchas personas piensan que, como no duele o desaparece, no tiene importancia. Y precisamente ahí está el problema. La sangre en la orina nunca debe considerarse normal, aunque aparezca una sola vez. Detectar el tumor en fases iniciales cambia completamente el pronóstico. Cuando llegamos tarde, los tratamientos son más complejos y agresivos. Por eso insistimos tanto en un mensaje muy sencillo: si hay sangre en la orina, hay que consultar.

P.- España es el país de la Unión Europea con mayor incidencia de cáncer de vejiga. ¿A qué factores cree que se debe esta elevada prevalencia?
R.-
El principal factor es, sin duda, el tabaco, que sigue siendo la gran causa del cáncer de vejiga y está detrás de aproximadamente la mitad de los casos. Las sustancias tóxicas que inhalamos al fumar pasan a la sangre, se filtran en el riñón y finalmente se eliminan a través de la orina. Eso hace que, durante años, estos compuestos estén «bañando» de forma continua el interior de la vejiga y dañando su mucosa.

Además, sabemos que toda el área mediterránea presenta una de las incidencias más altas de cáncer de vejiga del mundo, aunque todavía no entendemos completamente por qué. Probablemente exista una combinación de factores: hábitos de tabaquismo históricos, exposiciones ambientales y laborales, factores genéticos e incluso elementos dietéticos o relacionados con el estilo de vida. Precisamente por eso, sigue siendo tan importante insistir en la prevención y en el diagnóstico precoz.

P.- Más allá de la hematuria, ¿qué otros síntomas pueden alertar de un posible cáncer de vejiga y suelen confundirse con problemas urinarios menos graves?
R.-
Muchos síntomas pueden confundirse con infecciones de orina o problemas benignos urinarios. Por ejemplo, es frecuente notar más ganas de orinar, escozor al hacerlo, aumento de la frecuencia urinaria o sensación de urgencia. El problema es que estos síntomas son muy comunes y muchas veces se banalizan. Cuando estas molestias persisten, reaparecen o no mejoran con tratamientos habituales, es importante estudiarlas bien, especialmente en fumadores o personas mayores de cierta edad. El cáncer de vejiga puede dar señales muy sutiles al principio, y ahí es donde la detección precoz marca la diferencia.

P.- El tabaco está relacionado con cerca del 50% de los casos. ¿Existe suficiente concienciación social sobre la relación entre fumar y el cáncer de vejiga?
R.-
Claramente no. La mayoría de la población conoce la relación entre tabaco y cáncer de pulmón, pero muy pocas personas saben que fumar multiplica de forma muy importante el riesgo de cáncer de vejiga. De hecho, desde el punto de vista epidemiológico, el tabaco es el principal factor de riesgo de este tumor. Necesitamos más educación sanitaria y más prevención. Dejar de fumar no solo reduce el riesgo cardiovascular o respiratorio, sino que también disminuye el riesgo de desarrollar muchos tumores, entre ellos el cáncer de vejiga.

P.-Uno de los grandes retos es el retraso diagnóstico. ¿Qué cambios serían necesarios para conseguir una detección más precoz y mejorar el pronóstico de los pacientes?
R.-
Lo primero es aumentar la concienciación tanto en la población como en la atención primaria. Tenemos que conseguir que síntomas como la sangre en la orina generen una evaluación rápida. En cáncer de vejiga, como en la mayoría de los tumores, el tiempo es clave y puede representar la diferencia entre la curación y el tener que pasar por un proceso largo y tedioso. También es importante agilizar el acceso a pruebas diagnósticas y mejorar los circuitos entre atención primaria, urología, radiología, oncología médica y anatomía patológica. El abordaje multidisciplinar es fundamental. Y, mirando al futuro, estamos avanzando mucho en biomarcadores y herramientas de biología molecular que probablemente nos ayudarán a detectar antes la enfermedad y a identificar qué pacientes tienen más riesgo de progresión.

P.- En los últimos años se han producido avances importantes en el tratamiento del cáncer de vejiga avanzado. ¿Cuáles son las líneas de investigación o terapias más prometedoras actualmente?
R.-
Estamos viviendo una auténtica revolución terapéutica. Durante décadas prácticamente solo tuvimos quimioterapia. En los últimos diez años han llegado la inmunoterapia, las terapias dirigidas y, más recientemente, los anticuerpos conjugados a fármacos, que son tratamientos mucho más precisos y eficaces.

Esto ha permitido que muchos pacientes vivan más tiempo y con mejor calidad de vida, algo especialmente importante en una enfermedad históricamente difícil de tratar. Además, estamos entrando en una etapa de medicina mucho más personalizada. Ya utilizamos biomarcadores como PD-L1 ó FGFR3 y esperamos incorporar pronto otros como ctDNA, HER2, HER3, Nectina-4 o TROP2 para seleccionar mejor los tratamientos. Y hay otro objetivo muy importante que es el de conseguir preservar cada vez más la vejiga y evitar cirugías muy agresivas y mutilantes como la cistectomía cuando sea posible. Ese probablemente será uno de los grandes cambios de los próximos años.

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