Dr. Alfonso Poza: «Los fármacos para adelgazar sólo son eficaces si se combinan con dieta y ejercicio»
El efecto rebote aparece cuando se interrumpe el tratamiento con análogos del GLP-1
En los últimos años, los medicamentos análogos del GLP-1 se han convertido en una de las grandes promesas para el tratamiento del sobrepeso y la obesidad. Inyecciones semanales capaces de reducir el apetito y facilitar una rápida pérdida de peso han disparado su popularidad, tanto en consultas médicas como en redes sociales. Sin embargo, cada vez más estudios y la experiencia clínica advierten que el peso perdido con estos fármacos no siempre se mantiene y el efecto rebote puede aparecer de forma rápida y con mayor intensidad.
El Dr. Alfredo Alonso Poza, jefe del Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo del Hospital Universitario del Sureste de Madrid y cirujano en el Hospital Ruber Juan Bravo, explica a OKSALUD que la comunidad científica ya empieza a ver un patrón preocupante. «Se han publicado recientemente diversos estudios de universidades de prestigio como la Universidad de Harvard, la Universidad de Oxford, la Universidad de Liverpool o la Universidad de Glasgow, en los que se aprecia que la utilización de los análogos del GLP-1 que inducen el adelgazamiento por pérdida de apetito, tiene un efecto perecedero y generan un efecto rebote al cabo de aproximadamente año y medio», concreta.
El problema: uso del fármaco
Una de las claves del efecto rebote está en la duración real de los tratamientos. En la práctica, muchos pacientes no mantienen estas terapias el tiempo suficiente para consolidar cambios metabólicos y de hábitos. Según explica Alonso Poza, «generalmente estos pacientes, debido a varios problemas, por el elevado precio de los fármacos, no mantienen el tratamiento más de un año».
Precisamente, es esa interrupción prematura la que deja al organismo en una situación de vulnerabilidad frente a la recuperación del peso.
Los análogos del GLP-1 actúan fundamentalmente reduciendo el hambre. Sin embargo, ese efecto no es neutro para el organismo, sino que «se acostumbra al organismo a generar esa misma sustancia que producimos de forma muy inferior», detalla Alonso Poza.
Es decir, mientras el paciente recibe GLP-1 de forma externa, su propio cuerpo reduce la producción interna. El problema llega cuando se suspende el tratamiento. «Al dejar nuestro organismo de producir GLP-1, se genera el efecto rebote», explica el experto en obesidad.
Una retirada brusca
Uno de los errores más frecuentes es interrumpir el tratamiento de forma abrupta. El Dr. Alonso Poza lo deja claro: «Cuando se interrumpen estos tratamientos y más cuando la interrupción del tratamiento con los análogos del GLP-1 se realiza de forma brusca, es decir, el descenso de la utilización de estos fármacos debe ser siempre paulatina».
La retirada repentina deja al organismo sin GLP-1, ni exógeno ni endógeno, provocando una respuesta intensa de hambre. «Nosotros nos la inyectamos y, por lo tanto, no se produce de forma endógena el GLP-1 y lo que aparecerá es ese efecto rebote en el que nosotros tenemos más sensación de hambre cuando interrumpimos la medicación y sobre todo si es de forma brusca», subraya a OKSALUD.
En la práctica, esto significa que muchos pacientes recuperan rápidamente el peso perdido, a veces incluso más del que tenían antes de empezar el tratamiento.
Para el Dr. Alonso Poza, otro de los grandes errores es considerar estos medicamentos como una solución aislada. «La utilización de estos fármacos debe ir acompañada siempre de ejercicio y de cambios en la vida, perdón, en la forma de alimentación», señala. Sin embargo, el experto en obesidad resalta que no vale cualquier dieta. «Tiene que ser una alimentación equilibrada y donde los hidratos de carbono no sean la base esencial de la ingesta, sino más bien las proteínas», hace hincapié.
Sin este acompañamiento, los fármacos actúan sólo como un parche temporal. Reducen el hambre mientras se utilizan, pero no modifican de forma duradera los mecanismos que regulan el peso ni los comportamientos alimentarios.
Quién sí y para quién no
Aunque estos medicamentos pueden ser útiles en determinados perfiles, el experto en obesidad concreta que cuando se trata de obesidad severa, los fármacos «son poco útiles». En estos casos, la complejidad metabólica y hormonal de la enfermedad hace que la respuesta a los análogos del GLP-1 sea limitada y difícil de sostener en el tiempo.
En cambio, sí son una opción «en sobrepesos moderados» y «siempre y cuando vayan acompañados de una dieta y un ejercicio, de una dieta saludable y ejercicio». Es decir, como una herramienta más dentro de un abordaje global, no como una solución mágica.
En definitiva, el auge de los fármacos adelgazantes ha generado expectativas muy altas, pero la experiencia clínica y los datos empiezan a dibujar una realidad más compleja. El peso perdido gracias al GLP-1 puede ser real, pero también frágil si no se acompaña de cambios profundos y de una estrategia médica bien planificada.
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