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Casi la mitad de los casos de demencia podrían prevenirse: los expertos explican los 14 hábitos y factores que tener en cuenta

El envejecimiento de la población ha provocado un aumento constante de los casos en todo el mundo

Otros factores incluyen la depresión, los traumatismos craneales y la contaminación atmosférica

La demencia es uno de los mayores desafíos sanitarios del siglo XXI. El envejecimiento de la población ha provocado un aumento constante de los casos en todo el mundo, pero la investigación científica también ha aportado un mensaje esperanzador: una parte importante de ellos podría prevenirse. El informe de 2024 de The Lancet concluye que cerca del 45% de los casos de demencia están relacionados con factores de riesgo modificables, es decir, aspectos sobre los que es posible actuar mediante cambios en el estilo de vida, una mejor atención sanitaria y medidas preventivas adoptadas a lo largo de la vida.

Este hallazgo pone el foco en la importancia de la prevención desde edades tempranas y durante toda la vida adulta. Según The Lancet, los nuevos datos incorporan dos factores de riesgo adicionales: la pérdida de visión no tratada y el colesterol LDL elevado, conocidos como colesterol «malo». Junto a ellos, otros 12 factores ya identificados explican una parte significativa del riesgo de desarrollar demencia. Además, los expertos recuerdan que algunos elementos, como la edad o el sexo, no pueden modificarse, pero la mayoría dependen de hábitos cotidianos y del control adecuado de la salud cardiovascular, metabólica, sensorial y mental. En este sentido, adoptar medidas preventivas no garantiza evitar la enfermedad, pero sí puede reducir considerablemente las probabilidades de padecerla.

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de la demencia?

El informe de The Lancet identifica 14 factores modificables relacionados con la aparición de demencia. Los que tienen mayor impacto son la pérdida auditiva y el colesterol LDL elevado, ambos responsables del 7% de los casos potencialmente prevenibles. También destacan el aislamiento social y un bajo nivel educativo, con un 5% cada uno.

Otros factores incluyen la depresión, los traumatismos craneales y la contaminación atmosférica, asociados al 3% de los casos. Además, la inactividad física, la diabetes, el tabaquismo, la hipertensión y la pérdida de visión no tratada representan un 2% cada uno, mientras que la obesidad y el consumo excesivo de alcohol aportan un 1% adicional.

¿Cómo influye el estilo de vida en el riesgo de demencia?

Muchos de estos factores están estrechamente relacionados entre sí. Por ejemplo, la obesidad favorece la hipertensión, la diabetes y el colesterol elevado, tres problemas que afectan directamente a la salud de los vasos sanguíneos y del cerebro.

El Hospital Clínic Barcelona explica que mantener una presión arterial adecuada desde la mediana edad, controlar el colesterol LDL y prevenir la diabetes ayuda a reducir el daño vascular asociado al deterioro cognitivo.

«Del mismo modo, abandonar el tabaco y limitar el consumo de alcohol disminuyen la exposición a sustancias que favorecen la inflamación y el daño neuronal», aseguran los profesionales.

La actividad física también influye. «El ejercicio mejora la circulación cerebral, reduce la inflamación y favorece la salud cardiovascular, beneficios que repercuten directamente sobre el funcionamiento del cerebro», sugieren.

La importancia de cuidar los sentidos y la salud mental

La actualización de The Lancet destaca que la pérdida de audición y los problemas visuales no tratados pueden acelerar el deterioro cognitivo. Utilizar audífonos cuando sean necesarios, corregir problemas de visión con gafas o tratar enfermedades como las cataratas permite mantener una adecuada estimulación cerebral.

La depresión también merece una atención especial. Los especialistas consideran que su relación con la demencia es bidireccional: puede aumentar el riesgo de deterioro cognitivo y, al mismo tiempo, aparecer como una manifestación temprana de la enfermedad. Buscar ayuda profesional y tratar los problemas de salud mental resulta fundamental para preservar el bienestar general.

Asimismo, evitar los traumatismos craneales mediante el uso de protección en actividades deportivas o laborales contribuye a disminuir otro de los factores modificables identificados por la investigación.

¿Qué hábitos ayudan a prevenir la demencia?

La Fundación Pasqual Maragall recomienda incorporar hábitos saludables que actúan simultáneamente sobre varios factores de riesgo. Entre ellos destaca seguir una dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, legumbres, pescado, aceite de oliva y frutos secos, un patrón alimentario beneficioso para la salud cardiovascular y cerebral.

Los expertos también aconsejan mantenerse físicamente activo cada día. No es imprescindible practicar deporte de alta intensidad; caminar, realizar tareas domésticas o jugar con los nietos también suman minutos de actividad beneficiosa.

Otro aspecto clave consiste en mantener el cerebro activo mediante la lectura, el aprendizaje continuo, los juegos de estrategia o cualquier actividad que suponga un reto intelectual.

Del mismo modo, conservar una vida social activa fortalece la reserva cognitiva y ayuda a reducir el aislamiento, uno de los factores con mayor peso en el riesgo de demencia. Por último, la fundación insiste en la importancia de realizar revisiones médicas periódicas para controlar la presión arterial, el colesterol, la diabetes, la audición y la visión, además de prestar atención al estado de ánimo y evitar el estrés mantenido.