Casi 2 de cada 5 familias en España tienen un hijo con miopía: el problema visual que no deja de crecer
Las lentes oftálmicas para el control de la miopía permiten a los niños ver con claridad mientras ayudan a controlar la progresión de la miopía

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El número de personas afectadas por miopía continúa aumentando a nivel global. De hecho, se estima que para 2050 casi la mitad de la población mundial será miope. En España, según datos de una encuesta nacional realizada por Ipsos para EssilorLuxottica, casi 2 de cada 5 familias tienen al menos un hijo con miopía. Sin embargo, estas cifras contrastan con el limitado conocimiento sobre cómo ralentizar una afección que pone en riesgo la visión a largo plazo de los más pequeños.
«La detección precoz de la miopía infantil es esencial porque, cuanto antes aparece, más probabilidades hay de que progrese rápidamente y alcance niveles elevados en la edad adulta», explica Susana Lobato, óptica-optometrista. Y es que, según la experta, «un diagnóstico tardío significa perder la oportunidad de intervenir a tiempo, ralentizar su avance y poder reducir así posibles riesgos futuros».
Según esta encuesta, realizada en España entre 1.000 padres de niños de entre 5 y 17 años, el 34% de los padres españoles no sabe qué es la miopía, mientras que solo el 17% conoce claramente cuáles son las soluciones disponibles para su control. Además, el 59% afirma no sentirse bien informado sobre la miopía y su manejo. Estas carencias contribuyen a retrasar su detección.
Este retraso se refleja en la edad media del primer examen visual, alrededor de los 6 años en niños con miopía, y en el inicio del uso de soluciones correctoras, a una edad media de 7,3 años. Sin embargo, antes de ese momento, los padres suelen identificar señales claras como dificultad para ver la pizarra (76%), sentarse demasiado cerca de las pantallas (63%) o dificultades para leer (51%)¹, aunque no siempre las relacionan con un problema visual.
Revisiones periódicas
«Las revisiones visuales periódicas son muy importantes, incluso cuando no existen síntomas evidentes. A partir de los cuatro años, los niños pueden comenzar con revisiones oftalmológicas que nos permitan actuar lo antes posible y conseguir mejores resultados. Hoy sabemos que no basta con corregir la visión; es fundamental ralentizar la progresión de la miopía desde edades tempranas», añade Lobato.
A nivel global, se estima que cerca de 1.000 millones de personas padecerán alta miopía en 2050. Aunque no existe un umbral seguro de miopía, los niveles más elevados aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades oculares graves como desprendimiento de retina, degeneración macular o glaucoma, que pueden provocar pérdida irreversible de visión.
«La miopía infantil ya no debe considerarse únicamente un problema de corrección visual, sino un desafío a largo plazo que requiere una mayor concienciación y un abordaje precoz con soluciones de control de la progresión», señala Alberto Valsecchi.
Controlar la miopía en la infancia
«Hoy contamos con soluciones innovadoras para el control de la miopía que nos permiten ofrecer soluciones respaldadas por años de investigación. Con estas podemos actuar no solo sobre la corrección visual, sino también sobre la progresión de la miopía en los más pequeños, un aspecto clave para reducir riesgos futuros», añade Valsecchi.
Según el estudio de Ipsos, el 77% de los encuestados cree erróneamente que la miopía debe estar prácticamente estabilizada antes de iniciar tratamientos que corrijan y ralenticen su progresión. «Cuanto antes se inicie el tratamiento, mejor, normalmente a partir de los seis años. Las lentes de control de miopía permiten al niño ver con claridad mientras actuamos sobre la progresión de la miopía, lo que puede marcar una diferencia significativa en su salud visual», concluye Susana Lobato.
Un enfoque integral en el manejo de la miopía también incluye cambios en el estilo de vida. Reducir actividades prolongadas de visión cercana, como el uso intensivo de pantallas o la lectura continuada, y pasar más tiempo libre en exteriores no solo complementa el uso de lentes de control, sino que tiene un impacto positivo en la evolución de la salud ocular durante la etapa de crecimiento.