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La actividad física en la adolescencia define el riesgo de cáncer de mama en el futuro

La actividad influye en el tejido mamario y en varios marcadores de riesgo

Las actividades físicas recreativas influyen en el tejido mamario y en los biomarcadores de estrés de las adolescentes, y eso tiene consecuencias en su salud futura, según una nueva investigación del Centro Herbert Irving de Oncología. Los datos de este nuevo estudio arrojan luz sobre cómo la actividad física durante la adolescencia, que es un periodo muy importante para el desarrollo de este tipo de tejido, puede influir en el perfil futuro de riesgo de padecer cáncer de mama.

En mujeres adultas, los niveles elevados de actividad física recreativa (RPA) se han asociado de forma consistente con menor riesgo de cáncer de mama. Diversos estudios muestran que la reducción del riesgo ronda el 20% en mujeres activas cuando se comparan con las que menos se mueven. No obstante, hasta ahora se sabía poco sobre los mecanismos que explican este fenómeno. El nuevo trabajo de investigación, que se ha publicado en la revista científica Breast Cancer Research, es la primera evidencia de que hay un vínculo entre la RPA, el tejido mamario y los biomarcadores de estrés en chicas adolescentes.

Para Rebecca Kehm, responsable del equipo que firma el trabajo, «la importancia y la urgencia de esta investigación vienen marcadas por la creciente incidencia de cáncer de mama entre mujeres jóvenes, además de los niveles alarmantemente bajos de actividad física recreativa que se vienen observando tanto en este estudio como en diversos sondeos llevados a cabo en el país». La influencia de la actividad física se apreciaba al margen de la grasa corporal.

Los detalles del estudio

Las jóvenes que declararon haber realizado al menos dos horas de ejercicio de tipo recreativo en la semana anterior al comienzo del estudio, comparadas con las que no habían hecho nada, tenían una menor proporción de agua en el tejido mamario. Esto indica menor densidad. Además también tenían niveles más bajos de biomarcadores relacionados con el estrés en las pruebas de orina.

Estos hallazgos vienen a confirmar estudios anteriores en los que se observaba que las mujeres adultas que realizan más actividad física tienen menor densidad mamaria, un factor que indica el riesgo de desarrollar cáncer de mama. Los investigadores analizaron datos de otro estudio, muy amplio, que recogía información sobre mujeres en diferentes regiones de Estados Unidos.

Las chicas que declararon haber realizado algún tipo de ejercicio recreacional (ya fuera organizado o no) acudieron a las consultas, y se sometieron a análisis de sangre, orina y evaluación del tejido mamario.

La edad media de las participantes en el estudio era de 16 años, y el 64 por ciento de ellas eran de procedencia hispana. Más de la mitad declaró no haber realizado ninguna actividad física en la semana anterior a la puesta en marcha del estudio.

Mary Beth Terry, profesora de epidemiología y autora principal del trabajo, ha declarado: «Nuestra investigación tiene varios puntos fuertes, incluido el empleo de múltiples biomarcadores medidos en muestras de orina, sangre y tejido mamario; medimos indicadores de estrés y de inflamación crónica que han sido ampliamente validados y se usan con frecuencia en la investigación epidemiológica, lo que refuerza la confianza en nuestros resultados».

Los científicos han aclarado que será necesario llevar a cabo nuevos estudios con poblaciones más amplias de voluntarias para determinar como esos biomarcadores detectados en la juventud pueden acabar definiendo el riesgo de cáncer de mama en etapas más avanzadas de la vida, e insisten en que los resultados ponen de relieve la importancia de promover la actividad física.