Fútbol

REAL MADRID 2-3 BARCELONA

Desmadre a la americana

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Messi dispara ante la oposición de Varane y Modric. (Getty)
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Fue un desmadre a la americana. Igual que una de esas películas que Hollywood exportaba en los 80 en la que universitarios puestos hasta arriba de cervezas perseguían por el campus a tías con las tetas al aire. Fue un Clásico muy poco Clásico, con el Real Madrid y el Barcelona decididos a atacarse todo el rato y, al mismo tiempo, a no bajar nunca cuando perdían la pelota.

Fue un Clásico loco, desatado y entretenidísimo que jamás veremos en un partido oficial. Lo ganó el Barça, quién sabe si porque no había nada en juego, pero no lo mereció ninguno. O lo merecieron los dos. Messi y Rakitic pusieron el 0-2 en seis minutos, pero Kovacic y Asensio igualaron antes del descanso. De salida en la reanudación Piqué hizo el 2-3 final. Luego, ambos equipos malograron media docena de ocasiones cada uno.

“Un hombre en la cama siempre es un hombre en la cama”. La frase de Luis Ciges a Antonio Resines, padre e hijo en Amanece que no es poco, viene que ni pintada para hablar de un Clásico. Porque un Clásico siempre es un Clásico. Se juegue en Madrid, en Barcelona o en Venta de Baños. O en Miami, como era el caso. Ni amistoso ni gaitas. El blanco y el azulgrana se repelen tanto que de cualquier cruce saltan chispas como en una fundición.

Quizá por eso Zidane y Valverde lucían sus mejores galas como una italiana exhibe sus mejores bikinis en Formentera. En el Real Madrid sólo faltaba el tocado Kroos y el vacante Cristiano. Sus sitios los heredaban Kovacic y Asensio. En el Barça estaban todos menos Ter Stegen y Aytekin. Incluido el mismísimo Neymar, quien sabe si con las Louis Vouitton ya preparadas para emigrar con destino a la Torre Eiffel porque París bien vale una buena comisión para papá.

Vamos, lo que se dice un Clásico como Dios manda. Que empezó a puro vértigo. Al primer minuto Neymar se echó la mano al pie como si le doliera algo. Se salió del campo y, en su ausencia, Messi hizo el 0-1. La jugada fue un eslálom del argentino favorecido por el intento fallido de anticipación de Sergio Ramos, la pared involuntaria con Marcelo, el quiebro a la cintura de Modric en el área y el disparo que tocó en Varane y despistó a Keylor. Muy raro todo.

0-2 en un pispás

El Barça encontraba el gol antes que el fútbol y en ésas volvió Neymar al césped. Y con él el 0-2. El brasileño arrastró a Varane y Casemiro al pico del área, la puso al medio donde Marcelo no acertó a despejar ante Suárez y la pelota le llovió a Rakitic, que marcó con un tiro raso y cruzado. Pues eso: en seis minutos los de Valverde ya tenían el Clásico medio ganado. El Real Madrid, mientras tanto, estaba en Miami Beach.

Los diez primeros minutos fueron un repaso azulgrana y no cayeron cuatro porque Luis Suárez tenía el punto de mira desviado. Los de Zidane no sabían por donde le venían los golpes. Pero el Real Madrid nunca se rinde y en el 13, después de una acción individual de Kovacic asomado a la frontal, logró acortar distancias. El croata batió a Cillessen con un disparo cruzado. El Clásico no estaba muerto, estaba de parranda.

El tanto espabiló al Madrid, liderado por un efusivo Kovacic, que empezó a acosar al Barça. Era un Clásico sin defensas, al más puro estilo de un partido de la Major League Soccer. Benzema perdonó el 2-2 en una contra en la que, al contrario de lo que suele ser habitual en él, pecó de chupón en lugar de dársela a Asensio.

El Real Madrid empezó a presionar muy arriba y el Barça rozó un par de veces la charlotada. El Clásico era un sindiós táctico, con los dos equipos pendientes únicamente de atacar. Divertido y desordenado a partes iguales. Había autopistas por todos los lados. El duelo era como una escena de Resacón en Las Vegas y sólo faltaba un león corriendo por el césped del Hard Rock Stadium.

Despierta el Madrid… y 2-2

El Barça buscaba con ahínco a Neymar, que tenía un latifundio a la espalda de Carvajal. El brasileño tuvo el tercero al filo de la media hora, pero se enredó en filigranas dentro del área y acabó tirando fuera. También falló Messi tras una buena pared con Iniesta y luego tras una pérdida absurda del Real Madrid. Los azulgranas llegaban muy fácil al área de Keylor, pero fallaron tres goles cantados en dos minutos.

Real Madrid vs Barcelona
Kovacic celebra su gol ante el Barcelona con Casemiro. (Realmadrid.com)

El Madrid volvía a ser un desastre atrás y en la salida del balón. Mención especial para Marcelo, que no daba una a izquierdas. Y en pleno correcalles de Clásico llegó el 2-2. Fue una contra fulgurante que lideró Asensio, galopando como un caballo percherón. El mallorquín se apoyó en Kovacic, que le devolvió la pared. Marco recibió en el área, fintó a Cillessen con la cintura y marcó por el palo corto.

Clásico nuevo, pues. Ambos equipos se tomaron un respiro de golpe en los minutos finales de la primera mitad. Firmaron un armisticio hasta el descanso, que sobrevino en Miami con el 2-2 con un último intento de Messi de engañar al árbitro para que le pitara un penalti. No picó porque esto no es la Liga española. Se llevó los consiguientes insultos de Luis Suárez, muy en su papel siempre.

Zidane metió cuatro cambios al descanso: Nacho y Vallejo en la defensa, Isco en el centro del campo y Lucas Vázquez arriba. Se fueron Ramos, Varane, Modric y Asensio. Valverde sólo ponía de refresco a Sergi Roberto por Iniesta. Presionaba el Real Madrid muy arriba y Umtiti demostraba que la pelota para él es un cuerpo extraño.

Arranca fuerte el Barça otra vez

Pero en la primera falta lateral que tuvo el Barça en la segunda mitad el Real Madrid volvió a evidenciar las lagunas defensivas en el juego aéreo que le costaron tan caras ante el City. Neymar la puso, Casemiro no acertó a despejar, Nacho se durmió en la marca de Piqué, Vallejo rompió el fuera de juego y el central-portavoz-presidente del Barça hizo el 2-3.

El Clásico siguió por la senda de la esquizofrenia. Bale y Neymar fallaron goles cantados mientras no había ni defensa, ni centro del campo en el partido. El Madrid volvía a salir medio dormido, pero como el partido estaba loco de atar, podía acabar perfectamente como un tie-break: 7-6.

Seguía el rosario de ocasiones. Keylor se la sacó a Luis Suarez, Nacho a Umtiti y Cillessen a Isco. El Clásico pasaba de un posible 2-4 a un hipotético 3-3. Seguía 2-3 para el Barça, no se me pierdan en la narrativa. Pasaban muchas cosas, como que los jugadores azulgrana le decían de todo al árbitro, que se hacía el sordo y a veces el ciego. Movía Valverde el banquillo y cambiaba a medio equipo. Salía hasta Paco Alcácer.

Cillessen evitó el gol de Bale, que le había ganado en carrera al tal Semedo que ha llegado al Barça este año. Volvía a resucitar el Real Madrid, de nuevo liderado por un ubicuo Kovacic. El Barça, con medio equipo nuevo, buscaba la contra o, en su defecto, echársela a Neymar para que inventara. Al filo del 75 tanto Zidane como Valverde aprovecharon para cambiar a todos los futbolistas que aún seguían sobre el campo de sus respectivos onces iniciales.

Perdona el Madrid

Vallejo, Theo y Ceballos, que debutaban en un Clásico, dejaban detallitos de calidad y Cillessen volvía a salvar al Barcelona en el 80 después de un jugadón de Isco marca de la casa. El holandés estaba siendo el mejor de su equipo en la segunda parte. Con un equipo plagado de sub-21 el Real Madrid dominaba el tramo final del Clásico.

Precisamente Ceballos tuvo el 3-3 en un disparo de primeras tras una gran maniobra de Lucas Vázquez. La rosquita del utrerano lamió por fuera el palo izquierdo de Cillessen. Con esa ocasión y alguna que otra escaramuza. se moría un Clásico loco, divertido, vistoso, desatado y  desordenado que no se repetirá jamás. Lo ganó el Barça pero no lo mereció ninguno. Lo ganó el Barça 2-3 y pudo acabar empate a 8. Lo ganó el Barça, quién sabe si porque era un Clásico de mentirijillas.

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